El paco mata

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Un estudio realizado por el Sedronar en la Ciudad de Buenos Aires revela que el paco se consume 120 veces más en las villas que en la población en general. Aunque es la más barata de las drogas, su efecto es muy breve, por lo tanto debe consumirse en mayor cantidad. Los usuarios son, en su altísima mayoría, hombres jóvenes.

Paco en las villasPor primera vez se hizo un estudio sociológico serio sobre consumo de paco en cinco villas miseria de la Ciudad de Buenos Aires. El estudio fue realizado por la Sedronar (Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico) durante 2012 y finalizado en el mes de junio, aunque todavía no se dio a publicidad. Miradas al Sur tuvo acceso a este extenso estudio realizado por un equipo interdisciplinario de ese organismo y que estuvo destinado a conocer los patrones de comercialización y consumo de paco en las villas 1-11-14 (Bajo Flores), 15 (Ciudad Oculta), 31 y 31 bis (Retiro), 21-24 (Zavaleta) y 20 (Piletones y Soldati). Si bien el total de personas que viven en estos cinco barrios representan una población cercana a los 200.000 habitantes, los datos del estudio representan a unas 50.000 personas. “El objetivo del estudio es estimar la magnitud del consumo y abuso de sustancias psicoactivas en la población de 12 a 35 años.”
Lejos de cualquier intento discriminador, lejos de cualquier intento de eludir que las adicciones atraviesan a sectores sociales de medios y altos ingresos, este estudio da algunos datos más que alarmantes. El paco se consume 120 veces más en las villas que en la población en general (6% de habitantes de las villas versus el 0,05% del conjunto social). La explicación hay que buscarla en que el paco es muy barato comparado con cualquier otra droga. Es elaborada con residuos de cocaína y procesada de modo muy rudimentario. Una dosis pesa entre 0,01 y 0,03 gramos y produce una euforia que no se prolonga más de 15 minutos tras la cual, quien la consume, tiene deseos de ingerir una nueva dosis. Los usuarios de paco son, en su altísima mayoría, hombres jóvenes: “Las diferencias según género muestran claramente un mayor consumo de todas las sustancias en los varones, incluso de tranquilizantes sin prescripción médica, que seguramente está asociado al uso combinado con otras drogas. En relación al consumo de paco, los varones consumen cinco veces más que las mujeres”. En cuanto a la edad, el mayor consumo es entre los 18 y los 24 años, “luego de un fuerte incremento respecto de los jóvenes de 12 a 17 años”.
Temas. El estudio aborda temas complejos cuya información podría ser utilizada por algunos de los programas de televisión que tratan de estigmatizar el mundo villero como el que desde hace años hace Facundo Pastor en América 24, intoxicado de fuentes inconfesables. El trabajo indaga, con mirada sociológica, cuáles son “los lugares de venta: caracterización, tamaño, sistemas de vigilancia” así como “los horarios, quién vende, códigos, intermediarios”. Tipos de drogas, “precios y formatos”. Comercialización: “cómo llega (la droga) y desde dónde”. Percepción de los “transas” (vendedores) así como “las fuerzas de seguridad, rol y funciones, impacto de su ingreso”.
Por hacer una cita concreta de un trabajo de 300 páginas, respecto de la Villa 21-24 de Barracas (donde la mayoría de los habitantes no tienen agua ni cloacas pese a ser trabajadores formales e informales y donde hay presencia de Gendarmería, Policía Federal y Metropolitana) dice: “Los lugares de venta son mayoristas y minoristas. Los minoristas son casas o kioscos. Venden paco, marihuana, cocaína, pastillas (anfetaminas, tranquilizantes) y nevado (marihuana mezclada con paco). La droga se vende sin camuflarse en otra mercancía y se utilizan bolsitas. Los lugares de venta definidos como mayoristas se identifican con almacenes de mayor tamaño o supermercados”.
Según las conclusiones del estudio, “la 21-24 operaría como un centro de venta mayorista hacia otros barrios“. Y en esta transacción se entrelaza a los pibes consumidores que viven en la villa en tareas de acompañamiento del comprador foráneo. También son utilizados para organizar un sistema de seguridad frente a peligros externos e internos. En estos casos, los pibes no pueden estar fisurados (consumidores adictos).
El testimonio de una madre es tan impresionante como gráfico: “Yo conozco gente que viene de Guernica, te lo digo porque yo tengo un hijo adicto. Por ejemplo, viene el primo de la provincia y le dice fulano quiere comprar para llevar a vender. Mi hijo, con tal de que le den una dosis… lo acompaña. De hecho, cuando se perdía, yo lo tenía que buscar… me conozco todo, todo, los que venden, los aguantaderos, sabemos todo, todo sabemos”. Más adelante dice: “En la villa nos pasamos información las mamás. Tengo un sobrino de 15 años que está pasándola bastante feo. Lo internaron, todo. La madre no quiere que el hijo esté ahí y lo sacó. Un mes, el chico estuvo tranquilo y ahora está viviendo en un lugar que vos (refiriéndose al entrevistador) no podés entrar. Es un lugar jodido. Es la Curva (un lugar dentro de la villa Zavaleta)”.
Transas. Lo que sigue son citas textuales de algunos de los testimonios recogidos en las entrevistas. A criterio de este cronista no pueden ser tomados como datos concretos para una investigación policial sino como expresión de las verdades en voz baja respecto de la deserción del Estado de las poblaciones más vulneradas. Tanto de las autoridades de la Ciudad como de la Nación. Vale exceptuar el gran esfuerzo de los docentes de las escuelas de Barracas, comprometidos con la educación del barrio, así como de los médicos y trabajadores de salud de los hospitales y centros de salud de la zona. Tanto maestros como médicos –no sólo en Zavaleta sino en todas las villas y asentamientos– piden a gritos que haya más recursos y más oportunidades para estos vecinos.
“Por (la avenida) Iriarte hay millones de transas. En (la calle) Albarden está lleno de transas, más de 20 puestos. En Santo Domingo y Osvaldo Cruz está la manzana 16. La iglesia está en Osvaldo Cruz y Montesquieu. La cocina está en Osvaldo Cruz, hay como asentamientos, le dicen Loma. Van cambiando de lugar. Ahí no entra ni la policía, metían coches como si estuvieran comprando caramelos y los desmantelaban. La policía está sobre Osvaldo Cruz y no hace nada”.
“Entra de Paraguay, así dicen. Nosotros vemos que a veces vienen las 4 x 4 y bajan valijas. De hecho incautaron como 50 valijas de viaje y era todo droga. Según lo que nos enteramos, fueron como seis meses de investigación. Y los agarraron justo.”
“Me enteré de una mujer que lleva droga a España dentro del cuerpo. Me lo dijeron, y por lo que vi debe ser cierto. Porque si no trabajás, ¿cómo vas a tener todo lo que tenés? Me llamó la atención porque la vi bajando plasmas, heladera, tiene cuatro hijos, no trabaja, la hija anda detrás de los chicos que consumen y que roban. Viven en un lugar (dentro de la villa) que sale 1.200 pesos el alquiler. Pero ahora se mudaron a una más cara.”
Precios. “Paco, de cinco pesos para arriba pero no más de diez pesos. Dicen que es más barato, la mitad, en provincia y que por eso la villa se convierte en lugar de compra. Cocaína: cincuenta pesos, o más”. Por fuera de este estudio, este cronista preguntó a fuentes confiables cuánto cuesta un kilo de cocaína refinada, de alta calidad, y empaquetada para exportación. En Bolivia cuesta 3.000 dólares. En Francia o España cuesta 80.000 dólares. En el medio, hay mucha intermediación y muchas voluntades compradas. La Argentina es una vía para Europa.
Peleas. “Sí, se enfrentaron varias veces. A ver quién es más fuerte que el otro. Generalmente trabajan en conjunto. Por ahí uno se quedó con más cantidad o no le devolvió la plata. Por ahí, ponele, a este vecino mío se le acabó la droga y entonces le pide prestado a otro. Y le da. Pero por ahí el otro no le dio la plata y ahí viene la pelea. De hecho, ese muchacho vecino de enfrente… era uno de los más poderosos, mataba a cualquiera, no le importaba nada”.
“Te muestran un arma y te quedás en el molde porque tenés hijos. De hecho, a mi hijo le rompieron la cabeza, uno le gatilló en la cabeza y no le pegó, no le dio el tiro, pero le rompió la cabeza a culatazos. Y fue al hospital. Yo quería denunciarlo y (el hijo) me dice ¡estás loca! Pero me enfrenté a ese hombre y me dijo ‘me equivoqué’. Y le dije ‘yo también puedo equivocarme, vos tenés señora, tenés hija, vos quisiste matar a mi hijo’. Pero de verdad se equivocó, porque era otro chico al que quería matar, porque le había robado a la señora. Y le trajeron al chico y le rompieron toda la cabeza. Los transas. Si uno tiene problemas se comunica con los transas y vienen en manada”.
Vigilancia. A fines de 2010, la llegada de Nilda Garré al Ministerio de Seguridad llevó cambios importantes. El operativo Cinturón Sur fue una manera de sacar los negocios de algunos miembros de la Policía Federal y poner presencia de Gendarmería y Prefectura. Un vecino de la 1-11-14 no dio vueltas: “La policía sabe todo. Hay una connivencia de la puta madre. Si no, no puede pasar esto”. Al ser consultado sobre el rol de la Gendarmería, el vecino dice: “No tienen el mismo rol pero para nosotros es lo mismo. Están todos mezclados, es lo mismo, lo mismo”.
En Villa Oculta está la Policía Federal. El estudio consigna que la percepción de los vecinos es “que la policía tiene acuerdos con los transas. Los alertan ante un posible allanamiento y los habilitan para la venta. La experiencia con la (Guardia de) Infantería no fue buena. Existen acusaciones de extrema violencia para con los pibes y la gente en general. Provocó más miedo que seguridad”.
Instituciones y conclusiones. El estudio tiene un anexo de las diferentes instituciones (con sus respectivas direcciones y teléfonos) presentes en los cinco barrios donde se hizo este trabajo. Incluye las iglesias –católicas y evangélicas–, los jardines maternales, las escuelas primarias y secundarias, centros de alfabetización, centros de salud de la ciudad, centros de jubilados, clubes, medios de comunicación (como La Garganta Poderosa), asociaciones civiles o fundaciones. La gran mayoría de las instituciones son comedores populares, algunos de ellos con espacios de contención. Se trata de un relevamiento imprescindible. Habrá que ver cuántas de esas iniciativas cuentan con suficiente apoyo financiero y cuántas pueden servir para contener el abuso de drogas.
Entre las conclusiones del estudio debe resaltarse que, la percepción de los vecinos respecto de las drogas es grave. “El 80% piensa que el problema de las drogas, especialmente paco, marihuana y cocaína, es importante. Para el 60% el problema se incrementó en los últimos cinco años”.
En contraste, la percepción sobre la importancia que le dan las autoridades a esta problemática es muy baja. Sólo el 10,3% cree que el tema es de mucha preocupación para el Gobierno de la Ciudad y sólo el 12,7% cree que es de mucha preocupación para el Gobierno Nacional. El 65% de los entrevistados tiene esperanzas en las soluciones; sin embargo, muy pocos logran identificar cuáles son los actores sociales que están trabajando o pueden ayudar a buscarlas. Solo el 16,4% menciona alguna institución y principalmente mencionan iglesias, en segundo lugar mencionan hospitales y en tercer lugar comedores barriales.