La democracia

De mi mayor consideración:

Muchos creen que vivir en democracia garantiza la mejor forma de gobierno. La realidad es que a “democracia” hay que agregarle un “apellido”, que nos indicará lo que podemos esperar.

Creo que la democracia es comparable a tener hijos. En principio todos son inofensivos, pero luego crecen y entonces, un día, sabemos que clase de persona hemos criado.

Según dice el diccionario de la Real Academia Española, hay distintos tipos de democracia.

Hay democracia burguesa: En la terminología marxista, democracia liberal.

Hay democracia censitaria: democracia que restringe el derecho de voto al censo de contribuyentes de un cierto nivel patrimonial.

Hay democracia cristiana: Movimiento político que aúna los principios democráticos con algunos postulados de la doctrina y el pensamiento social cristianos.

Hay democracia directa: Democracia que se ejerce por el pueblo sin la mediación de representantes, a través de asambleas vecinales, referéndum o iniciativas ciudadanas.

Hay democracia liberal: Democracia que, basada en el reconocimiento de los derechos individuales, se ejerce a través de los representantes políticos de los ciudadanos.

Hay democracia orgánica: Denominación que se atribuía a sí mismo el régimen franquista, el cual suprimió las libertades políticas.

Hay democracia popular: Sistema de gobierno de los regímenes políticos de inspiración marxista.

Hay democracia representativa: Democracia que se ejerce a través de representantes surgidos de elecciones libres y periódicas.

Por tanto, votar es como engendrar un hijo, aunque muchísimo menos satisfactorio. Pero eso es solo el principio. Si un político se autodenomina demócrata, significa muy poco. Lo importante es saber qué tipo de democracia nos aplicará ese político, si lo dejamos gobernar.

Una democracia o una república son solo un principio. Ser republicano no identifica un color político, ni asegura un único tipo de democracia. Por tanto, quien solo se conforma con votar en una democracia, sin cerciorarse a qué tipo de demócrata vota, corre el riesgo de caer en brazos de un dictador o dictadora, que oculta sus intenciones tras el manto de la democracia.

Lógicamente los humanos no estamos libres de errores, pero a diferencia de los animales podemos pensar y analizar el pasado de los que serán nuestros jefes de manada.

Bien es cierto que hay electores a los que el pensar y analizar no se les da muy bien. Esos suelen ser los que creen que la forma de elegir líder de manada, es reemplazar urnas por violencia en las calles. En Argentina, por desgracia, se ve que tenemos unos cuantos ejemplares de este tipo.

Pero por suerte en la humanidad no todos los humanos pertenecen al grupo de cenutrios, escasos de materia gris. No obstante, si esos seres de reacciones primitivas llegan a puestos de poder, nos pueden llevar a lo único que saben hacer, que es recurrir a la violencia como medio de encontrar una solución para imponer sus ideas. Eso significará altercados, revolución o guerras. Por eso los pueblos deberíamos apartarnos de los políticos beligerantes, propensos a iniciar o promover revueltas callejeras, huelgas, atentados, etc.. Esos jamás serán capaces de gobernar en paz, ya que con sus actitud belicosa nos demuestran que para ellos su arma no es el diálogo o la negociación con el oponente, intentando llegar a un acuerdo pacífico. Para ellos sólo existen sus ideas y si hace falta hay que imponerlas por la fuerza, incluso sometiendo al pueblo, cerrando medio de información o matando opositores.

Está demostrado, por la historia de la humanidad, que el jefe de la manda humana, que logra que el adversario acate sus deseos obligado por la fuerza bruta, jamás utilizará el diálogo o la negociación cuando esté en la cumbre del poder. En realidad su gobierno estará sustentado por el uso de la represión, o incluso el asesinato, que se le aplicará a todo el que ose tener ideas diferentes a las del líder.

Por eso, un principio de los ciudadanos que deseen democracias pacíficas, debería ser: no votar a quien no es capaz de derrotar a su adversario con la palabra, con proyectos y con una trayectoria profesional, que nos muestre a un triunfador en su vida personal y laboral. Quien no fue capaz de triunfar decentemente en su vida personal, no lo va a lograr al frente de un país. Cuando un equipo de fútbol importante contrata a un entrenador, lo hace por su trayectoria de éxitos y no por sus promesas fantasiosas o largos discursos arengadores, rodeado de fanáticos y oportunistas que lo aplauden y vitorean.

Un saludo.

 

 

Carlos A. Ochoa Blanco