No es lo mismo restaurar que reformar

De mi consideración:

Estos días recibí desde Argentina un escrito del compatriota y amigo Héctor F. Rebasti. En su nota me comentaba las obras que están realizando en la Casa Museo de Carlos Gardel.

Por las fotos que he visto, lo que están haciendo NO es una restauración. Eso es una reforma, pues eliminan y agregan elementos que desvirtúan la casa de Gardel. En realidad yo diría que es una estafa para turistas, pues Gardel jamás vio lo que ellos verán. La verdad es que desde los inicios, cuando decidieron recuperar la casa de Gardel para convertirla en museo, han cometido un montón de errores, posiblemente por desconocer como se debe hacer una restauración.

Por lo que me han comentado y por lo que he podido leer y ver en fotos, la casa del Zorzal estaba totalmente abandonada. Eso ya nos indica la desidia y falta de intelecto de las autoridades que tenían el encargo, pagado por el pueblo, de rescatar y conservar el patrimonio histórico de Argentina. Nuestro problema es que, por lo general, para los puestos claves en el gobierno del país no se exige un titulo que acredite la profesionalidad en el cargo a desempeñar. Por tanto podemos tener un ministro de sanidad, que no diferencie una jeringuilla de un termómetro.

La casa de Gardel debía haber sido declara patrimonio cultural e histórico, al día siguiente de su muerte. Pero seguro que el encargado del tema era de los de la jeringuilla y el termómetro.

En fin, eso no es raro en nuestro país. Volviendo a la casa de Gardel. Un restaurador de verdad hubiese dejado los suelos, paredes, puertas y ventanas tal como fueron encontrados. Solo se hubiese limitado a limpiarlos y reemplazar lo que faltaba, poniendo elementos similares a los encontrados. La cocina tenia que estar como la dejó doña Berta. Incluso el baño, si el lavabo, bañera, espejo, etc. estaban estropeados, así deberían haber quedado. Eso es restaurar y conservar lo que pertenece a la historia del país. El problema es que las autoridades de ramo, que tenían que cuidar el patrimonio cultural de la ciudad, no supieron hacerlo, quizás por desempeñar un cargo que les quedaba demasiado grande, por falta de conocimientos en la materia. Se ve que estos también eran de la jeringuilla y el termómetro.

Pero lo peor es que todos los que vinieron después, no solo no han conservado la casa con su forma original, sino que además la fueron estropeando con reformas que han desvirtuado lo que rodeó a Gardel cuando estaba en su casa. La rehabilitación, por lo que se ve en las fotos, fue una chapuza. Se quitaron cosas que no deberían haberse movido de su sitio. Se cambiaron suelos, con lo cual Gardel no camino sobre esas baldosas. Y ahora resulta que se hacen obras pensando en los turistas y no en el recuerdo de las cosas que vio y toco Carlos Gardel en su casa.

Por desgracia, en la conservación y restauración de elementos históricos del país, estamos desde hace siglos en manos de inútiles. Prueba de ello es la desaparición de la Recova, el Fuerte, el Cabildo de Bs. As., edificios de la época colonial. Y en la actualidad, la desatendida tumba de Gardel o la desacertada idea de quitar un monumento del siglo pasado, como el de Colón.

Si no me creen, en internet hay varias fotos donde se pueden contemplar los sacrilegios arquitectónicos, perpetrados en el Cabildo de Buenos Aires y ver así las herejías cometidas por inútiles personajes, que han tenido el poder en sus manos y la ignorancia en sus cerebros. El Cabildo que hoy tenemos es un 30% de lo que fue. Y lo que se salvó fue porque sucedió algo tan extraordinario como un eclipse, es decir que en la administración pública argentina, hubo una persona con poder, que además era inteligente. Eso evitó la total demolición del Cabildo. Pero esa conjunción extraordinaria no se dio en los encargados de conservar la casa de Gardel.

Según dicen, en la casa de Gardel, la obra fue para hacer un baño para discapacitados. Si hace falta baño para discapacitados o para cualquier visitante, lo que tienen que hacer las autoridades es comprar una casa al lado o enfrente e instalar allí todo lo que sea necesario para atender a los visitantes. Lo que no se puede es destruir un lugar histórico, para que los visitantes se sientan como en su casa. Se imaginan las pirámides de Egipto, con baños, aire acondicionado, oficina para los directivos, un bar y grandes ventanales para que los turistas claustrofóbicos no lo pasen mal. Pues si las pirámides estuviesen en Buenos Aires, ahora tendrían eso y quizás mucho mas.

Ser gobernante no es solo asomarse a la Rosada y largar encendidos discursos. Ser gobernante es ser patriota y cuidar nuestro patrimonio histórico con la mayor fidelidad posible, para que las futuras generaciones puedan conocer como vivieron los que engrandecieron la patria que han heredado. A nuestra clase dirigente le sobra demagogia y le falta profesionalidad. Prueba de esa falta de profesionalidad se ve en la nefasta labor en la conservación y restauración de los lugares mencionados y otros que no mencioné, por falta de espacio.

Un saludo.

 

Carlos A. Ochoa Blanco