“Funcionarios, ¡funcionen!”

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Cuando todos reclaman mayor presencia policial en la prevención del delito, la comuna entretuvo a un grupo de uniformados en borrar una pintada de los vecinos de la zona de la Canchita de los Bomberos. Un disparate en medio de una ciudad insegura, que ellos creen “blindada”. ¿Son los pibes de los mandados?

999440_285469841605120_155369750_nSucedió el pasado 11 de febrero, en horas de la mañana. Parece increíble. Parece una broma para una cámara oculta de televisión. Simplemente porque pasó en el mismo mes en que la ciudad entera, presa de delitos violentos, reclamaba mayor presencia policial en los barrios periféricos de la ciudad. Allí nadie parece verificar la asistencia del Estado en cuestiones de seguridad.
Y sucedió en la ciudad que se dice feliz, en la que el intendente Gustavo Pulti proclama que el amplísimo operativo de seguridad -que alguien ha llamado Sol- otorgaría tranquilidad a turistas y marplatenses, en una proclama política que simplemente mueve a risa. En este marco, el mandatario local hizo que un grupo de policías se ocupara de borrar una pintada que los vecinos habían plantado en la Canchita de los Bomberos. Se trataba de un cartel aéreo que rezaba lo siguiente: “Funcionarios, funcionen. Hagan la plaza pública aquí. Protejamos el espacio púbico urbano. Predio mantenido por el barrio”.
El comunicado de los vecinos, escrito oportunamente y como respuesta a semejante falta de cordura, decía lo siguiente: “Es notable la eficiencia alemana que demuestra la gestión Pulti & Cía para silenciar los reclamos ciudadanos. Lo expresado podría aplicarse a numerosos conflictos irresueltos por la impericia del intendente y sus colaboradores, pero la referencia en este caso es sobre la “Canchita de los Bomberos”. Tienen razón: al intendente le preocupaba seriamente que el registro popular fuera captado por alguna cámara de fotos del periodismo de proyección nacional.
Como se recordará, el conflicto se inició cuando el Estado decidió ocupar el predio de recreación y esparcimiento denominado popularmente Canchita de los Bomberos, en el barrio Parque Luro, y construir allí un barrio de edificios, para lo cual no se realizó ninguno de los trámites previos: es decir no se hizo la correspondiente evaluación del impacto ambiental consecuente, que debía ser previa a cualquier planificación urbana para la zona.
La protección del predio como espacio verde urbano viene siendo sostenida por los habitantes del barrio, vecinos de otros sectores de la ciudad y cuatro decisiones judiciales, cuyos jueces no se dejaron amedrentar por la presión política y la manipulación mediática. Y además, aunque mantuvieron el reclamo totalmente fuera de la articulación partidaria, diferentes bloques se han solidarizado con la causa.

Los pintores

La zona se convirtió en una vidriera debido a la notoria afluencia de público que hubo en el barrio durante este verano, como consecuencia de la inauguración del Museo de Arte Contemporáneo, y la realización de permanentes shows gratuitos en el predio lindero. En la placita de la manzana siguiente, los vecinos realizaron una pintada de tamaño importante en un cartel independiente, que no afectaba ninguna propiedad privada, ya que estaba emplazado en el predio que ellos mismos mantienen. El intendente, el que se ocupa de esta ciudad insegura, mandó a la policía con patrullero y todo, a tapar con pintura el reclamo popular, contrario a sus intereses.
¿La policía no debería estar ocupada en otras cuestiones un 11 de febrero?, ¿o hay personal de sobra? ¿Puede el intendente utilizar una patrulla completa para que le haga los mandados? ¿Para eso una capacitación costosa y tremendos esfuerzos en mejorar la logística y el armamento que se supone hacen falta para conseguir la eficiencia necesaria en la prevención del delito? Se trata de una gran ciudad que atraviesa uno de los picos máximos en demografía, gracias a la enorme afluencia turística. ¿Eso es lo que hacen los policías para el intendente? ¿También le comprarán las facturas con sirena policial? ¿Le cebarán mate? ¿Qué más hacen? ¡Con razón no alcanzan!
Con razón, dice la gente. Con razón se les escapan los presos todos los días sin que ellos los vean. Con razón se les escapó en el camino a La Plata el asesino de Fabián La Bella, que con sólo 17 años pudo burlar toda la custodia policial y darse a la fuga. Con razón. Los policías estaban pintando.
En esta ciudad la policía nunca alcanza, y cuando la gente reclama que las fuerzas policiales no acuden a los llamados, la respuesta es que no dan abasto, que están afectados a las playas, que el Operativo Sol y quién sabe cuántas excusas más. Hace pocos días, este semanario se explayó en el caso de una familia que realizó llamados sucesivos al 911 -desde las 21 hasta las 4 de la mañana- sin que la policía acudiera, cuando tenían los ladrones en la puerta. La única respuesta que obtuvieron era que ”estaban en un operativo” ¿Sería un operativo de pintura para el intendente u otro mandado?
Y es evidente que no alcanzan porque jamás se llega a marcar una presencia del Estado de índole preventiva en ninguno de los estamentos previstos. No alcanzan los funcionarios que se deben ocupar de la prevención de las drogas, porque la única institución de internación de la ciudad, La posada del Inti, no cobra nunca, y por lo tanto no puede sostener sus servicios más allá de la buena voluntad. Es una institución de gestión privada a quien el Estado le promete pagar en tiempo y forma, pero no lo cumple.
No alcanzan los funcionarios del Estado que desarrollan sus tareas en los CPA (Centro de Prevención de las Adicciones), porque son pocos, no tienen capacitación específica, y en general no pueden lograr cupo inmediato para nadie. De aquí que el consumo de drogas, elemento fundamental en el incremento del delito por parte de los menores, se encuentre a la deriva en toda la ciudad sin que nadie haga nada.

Tierra de nadie

Pero es evidente que la policía está ocupada en otras cosas. Por eso no puede marcar presencia en zonas de la ciudad que son prácticamente territorio liberado. Liberadas a la buena de Dios, y al riesgo que corren quienes deben concurrir a ellas. Tal es el caso de la zona suroeste de  Mar del Plata, donde se encuentran emplazadas la mayoría de las villas deportivas de clubes y demás instituciones sociales –como Urquiza, Talleres, Peñarol y demás-, a las que cada vez es más difícil acceder.
A propósito de eso, el concejal Mario Rodríguez, de la UCR, solicitaba mayor presencia policial, y comentaba ante la emisora 99.9 que la situación se agrava al haber comenzado el torneo infantil: los chicos llegan a ese sector de la ciudad en diversos colectivos que ni siquiera ingresan a los barrios, y los dejan sobre las avenidas laterales, como Polonia, Vértiz o Tetamanti. Allí son permanentemente asaltados, sin que la policía pueda hacerse presente cumpliendo una función preventiva. Ni con ellos, ni con los padres que deciden llevarlos en auto, y también son víctimas de robos a mano armada. ¿Por qué no van? Estarán haciendo de pintores para el intendente.
Parque Palermo, por ejemplo, sobrevive a su aire, cuando se sabe que ni siquiera el personal municipal acepta realizar reparaciones en la sala barrial sin custodia armada. La municipalidad allí nunca está. La policía no ve los numerosos aguantaderos. Nadie limpia los basurales a cielo abierto. Nadie del Gobierno llega a estos lugares, que están a escasos quince minutos de la ciudad y parecen haberse caído del mapa. Pulti, mientras tanto, sigue su pulseada por los terrenos aledaños al museo. Sigue su capricho personal contra los jueces que se han expedido. De Parque Palermo no sabe ni el nombre.
Y quizá sea cierto que Mar del Plata está blindada. Blindada a las críticas, blindada al sentido común que debería regir las acciones de la municipalidad y sus responsabilidades sobre la seguridad de los habitantes. Porque lo más importante sería llegar al final del verano, pero vivos.
Porque si uno llega muerto, quizá le suceda algo aun peor. Porque el municipio ni siquiera tiene pensado mantener el servicio de sepultura gratuita para los pobres. Es decir que si muere un indigente, quedará en la vereda. Y durante la ola de calor del pasado enero, más de un empleado del cementerio comentó que se interrumpió el servicio de refrigeración de cadáveres, con lo cual era imposible acercarse a la zona. La única preocupación del Ejecutivo fue, según comentaron, que no se supiera.
Porque su gestión consiste en borrar. Borrar las expresiones populares, como hizo borrar un cartel sin ningún derecho, porque no afectaba ninguna propiedad privada. Como hace borrar los rastros de la inoperancia del Estado. Como deben borrarse los rastros de los que mueren en la calle, porque la policía no asiste y el 911 es un número muerto. Para él, debe borrarse la imagen pública de los barrios periféricos sumergidos en el ninguneo y la basura, con cunetas cargadas de fango, y calles desprotegidas. De la misma manera que deben borrarse las cuadras aledañas al Hospital Interzonal de Pobres Personas, donde a nadie parece importarle que haya un promedio de tres ataques por día, que incluyen al personal que concurre a trabajar allí en colectivo, y a tempranas horas de la mañana. Todo esto debe borrarse.
Porque si no se borra, se ve. Entonces se va a enterar todo el mundo de que no hay funcionarios que funcionen. Y los policías también son funcionarios. Funcionarios policiales, que deben funcionar porque fueron formados para varias cosas que no son la brocha de pintura.