La ley, las miserias y la mugre

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Lo que somos y lo que pretendemos. Se habla de la Corte, se habla del SIDA y se camina entre ratas y cucarachas. ¿Es demasiado arriesgar que en el fondo estamos hablando de la Argentina real?. Triste pero cierto…

La muerte de los jueces Carmen María Argibay y Enrique Santiago Petracchi desencadenó una situación que se profundizó luego de que Euguenio Zaffaroni confirmó que en enero del año que viene dejará su cargo en la Corte Suprema, ya que, con su alejamiento, el número de integrantes del tribunal estará por debajo de lo que estipula la ley para su funcionamiento.
Todos intuyen, y con razón, que ahora se viene para el kirchnerismo “la madre de todas las batallas”: quedarse por fin con el manejo del Poder Judicial.
Si bien el titular del cuerpo Ricardo Lorenzetti se apresuró en anunciar que igualmente el cuerpo podrá trabajar con normalidad, son muchas las versiones que corren en el mundo político y judicial acerca de lo que puede ocurrir.
Quienes están cerca del más controvertido de los jueces de la Corte sostienen sin embargo que cualquier intento sería vano. Sostienen que el heterodoxo penalista esta ciertamente cansado, evalúa la posibilidad de ingresar en el mundo de la política o sencillamente recorrer el mundo dedicado de lleno a la actividad que más lo entusiasma y que es la de docente y conferencista.
Pero por estas horas se descuenta que la presión desde Presidencia va a ser muy intensa y recuerdan algo que muy pocas veces ha salido a la luz: el terror que Eugenio Zaffaroni siente ante la sola posibilidad de hacer algo que moleste a Cristina, a quien cree capaz de cualquier cosa si siente la inclinación a tomar venganza de alguien que no respondió como ella pretendía.
¿Qué debería hacer Cristina?…muy sencillo: buscar una figura de consenso que evite una larga y desgastante lucha en un año en el que el raído prestigio de su gobierno va a estar en juego.
Esto sería lo más lógico y lo más inteligente; tal vez por eso aparece como lo más difícil de suceder.

Debates miserables
El debate acerca del destino de los medicamentos necesarios para los enfermos de HIV o el que enfrasca a Scioli y Macri con respecto a la continuidad o no de la Asignación Universal por Hijo, no hace otra cosa que poner en evidencia que todos han resuelto tomar a los más débiles, pobre o enfermos, de rehenes de sus propios temores o carencias.
La falta de ideas, la inexistencia del patriotismo y la angurria de poder que caracteriza a nuestros políticos les han hecho perder de vista los mínimos parámetros morales a la hora de recolectar votos.
Y digo bien, recolectar; ganarse el voto con propuestas y verdaderos compromisos es algo que los candidatos desconocen y/o burlan desde hace mucho tiempo.
La falta de compromiso de la gente con el país, el individualismo del eterno “sálvese quien pueda” y ese cada vez mayor porcentaje de la población con las necesidades mínimas insatisfechas, sin trabajo y sin educación, con viviendas precarias y cargando la humillación de una dádiva insuficiente que sin embargo la obliga a votar, marchar, aplaudir y arrodillarse frente al “dueño” de su destino, componen un cóctel social tan explosivo como decadente que bien aprovechan los trepadores disfrazados de “populares” para llevar agua a su molino.
Estamos mal, y la oferta electoral argentina nos hace suponer…que podemos estar aún mucho peor.

La ciudad de la mugre
Mar del Plata sufre desde hace bastante tiempo una verdadera invasión de moscas y mosquitos de todos los tamaños imaginables, y las propias autoridades han reconocido que la multiplicación de roedores se ha convertido en un verdadero problema.
Como en tantas otras cosas las justificaciones están al orden del día y se dice por ejemplo que esta última plaga se origina en la gran cantidad de obras en construcción o que los primeros han desarrollado una especie de inmunidad frente a los productos con que se fumiga.
Nada de esto es cierto y los ciudadanos bien lo sabemos.
La falta de higiene urbana, la proliferación de basurales a cielo abierto en decenas de lugares de la ciudad y el cada vez más escaso trabajo de fumigación, unidos a ese verdadero “invernadero de plagas” que es el basural instalado a pocos kilómetros del centro son en realidad el origen de esta cuestión que más allá de lo estético supone un riesgo cierto para la salud de los marplatenses.
Crear grandes centros de atención de la salud, como el CEMA por ejemplo, pierde importancia si paralelamente se convierte a la ciudad en incubadora de enfermedades y contagios que provienen de la falta de limpieza o la invasión de insectos y animales que transmiten diferentes enfermedades.
Sea por lo que fuese, el actual estado de cosas no puede continuar. Por nosotros los vecinos, expuestos cada día a estas lacras, y por nuestros visitantes que repiten hasta la uniformidad aquello de “¡¡ que sucia está Mar del Plata!!.
Menos discurso, menos justificaciones y más acción.
¿O es que seriamente pretenden nuestros gobernantes que creamos estar en presencia de súper moscas, súper mosquitos y súper ratas?.
Y de ser así…¿no será tiempo de probar con la kryptonita?. Aunque esta sea verde y lo que esté de moda sea el naranja.

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