Arroyo en su hora

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Fue la reunión más reservada y la más citada intramuros de la política local la que mantuvo el intendente Carlos Fernando Arroyo con la gobernadora María Eugenia Vidal el pasado jueves, acompañado de su hijo, el concejal Guillermo Arroyo, y de su yerno, Mauricio Loria. La misma transcurrió por canales amables y definiciones políticas concretas.

Lejos de la interpretación que se intentó volcar de “reunión crucial y última oportunidad”, durante el encuentro la Gobernadora dio definiciones puntuales, tal como señalar que el intendente está bien considerado a nivel personal, pero que la imagen de la gestión es mala. De tan obvio no da para mucha aclaración; sin embargo, lo que hace diferente este esquema es la definición de colocar a Joaquín de la Torre, ministro de la Producción, como el articulador entre la provincia y la ciudad.

Hay consenso, además, para ir a una paritaria que fije un techo de unos treinta y cuatro puntos de aumento a los muicipales para este año. No obstante, los liderados por Antonio Gilardi y Daniel Zacarías pretenden forzar un paro, exigiendo diez puntos más. Vidal está dispuesta a soportar un paro, y además, tiene claro que los dirigentes gremiales actúan como el brazo operativo del desgaste político apalancados en Gustavo Arnaldo Pulti.

En la reunión hubo un paso adelante para la ciudad al quedar expuesta de manera directa la actitud del ministro de Economía de la provincia Hernán Lacunza, quien destrata mes a mes a Mar del Plata. Este exgerente del Banco Central de la República Argentina tiene la peor para con la ciudad: paró por cinco días hábiles la partida del Ministerio de Interior (55 millones de pesos) que debe integrar los fondos que permiten pagar en tiempo y forma el salario de los municipales.

El pasado jueves la situación era tan compleja ante la falta de respuestas del Ministerio de Economía, que el habitualmente tranquilo y modosito Gustavo Schroeder se carajeó con Lacunza, quien pretende calzarse las jinetas al grito de “a mí vos no me vas a poner los tiempos”. El único tiempo que Lacunza debería merituar es el que él debe aplicar para la mejor respuesta a los ciudadanos, que son quienes, en definitiva, le pagan su salario.

Si hubiese lógica política sensata, los legisladores de Cambiemos ya deberían haber hecho escuchar su voz en este tema. Que un funcionario designado, alguien que no está en los resortes del poder por el voto popular, actúe como amo de la comarca, es inadmisible. No le falta el respeto al Intendente, o a su secretario de Hacienda, nos falta el respeto a todos los ciudadanos, vecinos, pagadores de tributos, que vemos vulnerada nuestra paz pública. La situación se resolvió finalmente, pero no es la forma, y estos métodos deberían ser repudiados políticamente. Seré muy preciso: la reunión con la Gobernadora no fue en ningún sentido un “ukase” final. No habrá renuncia en marzo, no habrá elecciones anticipadas. Lo que sí habrá es juicio oral y público a Gustavo Arnaldo Pulti, el hombre al que el presidente del Concejo Deliberante Guillermo Sáez Saralegui aprecia como “un hombre honesto que no se llevó plata a su casa”. Admirador de Mohamed Alí Seineldin, Saralegui gusta de los liderazgos autoritarios: el comportamiento conciliador y democrático del actual intendente le incomoda demasiado.