Cuento de terror

De mi consideración:

El día 18 de septiembre de 2014 la señora Roxana Carreras de 44 años, esposa y madre de tres niños de 6, 12 y 19 años, fue asaltada en su domicilio del barrio San Patricio, al sur de la ciudad de Mar del plata. Los malvivientes, aparentemente, buscaban drogas y un paquete, al no obtener resultado golpearon y violaron a la mujer. Posterior al hecho uno de los malvivientes daba cuentas a su cómplice de que se habían equivocado de casa y se fueron.

Roxana, luego de realizar la denuncia correspondiente en la comisaría de la mujer, fue amenazada por un sujeto el cual amedrentándola con una cuchilla advirtió que “parara con la investigación o la iban a limpiar”.

El día 11 de octubre recibió otra amenaza, esta vez con un arma de fuego con la misma consigna. Sin embargo a pesar de que el fiscal Fernando Castro colocó, muy a su pesar, un agente policial sólo por las noches, aduciendo que ni siquiera él tenía custodia; se sucedieron más ataques hacia la víctima en su propio domicilio. El día 12 y el día 17 de octubre, en donde le propinaron cortes con navajas, alambres de púas y ya el día 9 de noviembre la prendieron fuego frente a su familia.

Roxana murió este jueves en el Hospital interzonal. Esta historia la conozco de casualidad por haber estado en Buenos Aires de visita a unos amigos y haber visto a esta mujer en televisión. Volví a esta ciudad consternado abocándome a indagar en los medios locales de alguna efímera noticia de Roxana, no hallé respuesta. Esta ciudad está viciada de hipocresía, asco me dan sus dirigentes y funcionarios desde Pulti hasta el último agente municipal. La propia gente que me rodea me indigna, mis vecinos, mis compañeros de trabajo que viven ensimismados en estupideces engordados con la basura que el gobierno y los medios les hacen tragar.

Mar del Plata no es el ascenso de Unión o la cantidad de turistas que llegan, es la escuela 2, es Roxana, son los miles de crímenes que agobian esta tierra, es la corrupción que este payaso de intendente vuelca sobre esta ciudad enferma.

Que del hombre sin sus ojos que le permiten leer, mirar, enterarse y comparar para pensar y decidir, que desperdicios de vidas el no actuar aunque más no sea comentando, hablando, cuidando. Perdón Jacobo pero estoy indignado con esta sociedad.

 

Alejandro