Las primeras borracheras, a los 13 años

Señor Director: Se ha dado a conocer un vino sin alcohol o “refresco de vino desalcoholizado” en las versiones de blanco y espumoso, rosado y tinto. Para conseguir un vino sin alcohol, éste debe pasar por una evolución de deconstrucción molecular. El primer paso es la desaromatización en la que se aíslan los combinados y a continuación se desalcoholiza. En el último paso se restituyen los efluvios al vino sin alcohol.
Por otra parte, se ha llevado a cabo una investigación sobre los peligros del exceso en la ingesta de bebidas alcohólicas. La cultura de consumir con desenfreno, el “binge drinking” o el hartazgo de alcohol, es una práctica que no entiende de culturas ni de países y que se planea con deliberación e imprudencia.
El Libro Blanco de Consumo Responsable de Alcohol avisa de la permuta del patrón tradicional mediterráneo, asentado en una ingesta diaria y templada, hacia un modelo anglosajón, con un consumo excesivo y que tiene lugar los fines de semana.
Según el estudio “Jóvenes y Alcohol”, un 38% de los adolescentes entre 16 a 18 años emplea el patrón anglosajón. Las medidas que marcan la panzada etílica son muy bravuconas: cinco vasos para los chicos y cuatro para las chicas, en dos horas. La edad media para principiar a beber es de 13,7 años, según La Encuesta Escolar sobre Alcohol y Drogas.
El consumo de las bebidas alcohólicas forman parte del entretenimiento de los adolescentes: el 58,8% de los chavales, entre 14 y 18 años, aseveran haberse embriagado alguna vez. Son los corolarios de las indagaciones del II Libro Blanco de Consumo Responsable de Alcohol sobre la relación entre adolescencia y alcohol, elaborado con chavales escolarizados entre 12 y 18 años por la Fundación Alcohol y Sociedad.
El director de la citada Fundación asevera que el derroche de bebidas etílicas se ha propagado debido a la descomunal exhibición mediática, de modo especial, a la complacencia social que crea. Y resulta muy curioso porque, mientras el alcoholismo es rechazado por el contexto social, la embriaguez juvenil, se acepta como algo normal.
Las datos lo confirman; las empresas fabricantes de bebidas alcohólicas, en la Unión Europea, alcanzaron unas ventas de 1.800 millones de euros el pasado año, según el resumen DBK sobre bebidas espirituosas. Por último, se asevera que las campañas publicitarias de exploración y prevención son mucho más seguras que cualquier reglamentación administrativa.
La lucha contra las bebidas etílicas debe iniciarse desde el principio con una educación adecuada, un mayor respeto a la persona y el ofrecimiento, a los jóvenes, de una perspectiva vital atractiva.

Clemente Ferrer
Presidente del Instituto
Europeo de Marketing
Madrid
clementeferrer3@gmail.com