¿¡Que, no puedo pensar diferente?!

De mi consideración: Hago cualquier comentario sobre algo que me dicen y lo primero que escucho es: ¿¡qué no puedo pensar diferente!?

Me tienen harta con la cantinela, porque en realidad no es que refuto lo que me dicen sino que simplemente «aporto» lo propio.
Ante semejante respuesta es como si expresando mi opinión estuviera invalidando o poniendo en tela de juicio la opinión del otro.
Y la verdad es que no es así. Decir, opinar, hablar se ha transformado en una contienda en sí misma.
Recuerdo un dicho del doctor Fritz Pearls: «la palabra surgió como un instrumento de revelación y se ha ido convirtiendo en un instrumento de ocultamiento».
En la instancia actual, ¿ocultamiento de qué? me pregunto. Escuché que ahora la información es ocultar información, entonces, la verdad nunca será dicha.
¿Será esto tal vez lo que lleve a este versito repetido de ¡¿qué, no puedo pensar diferente?!, que estimo lo que intenta es ocultar la propia duda sino, para qué necesitar reafirmarlo una y otra vez, no?.
Esta pregunta/afirmación (¡¿qué, no puedo pensar diferente!?) lo que impide es el diálogo, un diálogo donde las diferencias ayudarían a nutrir en vez de impedir.
No me parece mal dudar, la duda es un reto que aguza la inteligencia, claro que esto es si me permito dudar, porque si no me lo permito lo que aparece es a lo que me refiero antes: ¿¡qué! no puedo pensar diferente?!.
La duda es lo que me permite descubrir la verdad. Va eliminando de manera casi quirúrgica todo lo que no es verdadero, se trata por supuesto de un largo y arduo proceso. Y reconozco que últimamente todo lo que lleve un tiempo es descartado como si fuera una pérdida de «tiempo», valga la redundancia.

Maia Zuretti