
Si algo se ha temido, desde la asunción de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, son las consecuencias de su extraña obsesión con el criminal líder del zarato ruso, Vladimir Putin. Al respecto, corren las más variopintas versiones, ninguna con soporte en datos. Meras inferencias.
Ahora, sorpresivamente —o no tanto— en el «Día de la Dignidad» que se celebra en Estados Unidos, Trump anunció un plan de paz a espaldas de Ucrania que le obligaría a este país europeo a entregar el Donbas, aceptar que Crimea es rusa, y ceder el control del área de Zaporhrizya.
Volodomyr Zelensky se ha dirigido a su pueblo señalando que están en una hora crucial: las opciones son, o aceptar esta humillación, o perder al aliado más significativo con el que cuentan. Un autentico fusilamiento por la espalda.
Zelensky a dicho en su mensaje: «Espero hablar con el presidente Trump en los próximos días. Somos conscientes de que la fuerza y el apoyo de Estados Unidos pueden realmente acelerar la llegada de la paz, y no queremos perder esa posibilidad». Agregó: «También entendemos que Rusia no tiene una verdadera aspiración a la paz. De lo contrario, no habría iniciado esta guerra. Existen numerosas evaluaciones, y bastante acertadas, que indican que Rusia ha intentado hacer solo una cosa durante todo este año: posponer las sanciones y ganar tiempo para la guerra».
Los líderes europeos hablan con Zelensky, pero callan en público. En una visión crítica de esta jugada —una de las pocas—, el diario El País señala: «el menosprecio de Trump hacia Europa palidece al lado del desprecio con el que trata a Ucrania. Desde hace tres años —más de una década si nos remontamos a la anexión de Crimea— la población ucraniana está siendo sometida a un permanente castigo bélico que incluye violaciones de los derechos humanos. Todas las semanas mueren civiles en bombardeos indiscriminados y miles de menores permanecen secuestrados o apartados de sus familias, las tropas rusas han sido acusadas de crímenes de guerra desde prácticamente el comienzo de la guerra —la masacre de Bucha es un ejemplo— y el Kremlin ha puesto en peligro la seguridad del continente con acciones contra centrales nucleares como Chernóbil o Zaporiyia».
De concretarse este plan, el retroceso de Estados Unidos como una potencia global capaz de darle un paraguas protector a la democracia, será un hecho y se desatará el inevitable efecto dominó de la doctrina de la dominación de las naciones —vigente hasta la caída del muro de Berlín— que estará otra vez en juego sobre el tablero mundial.