
Profesional, activa y muy entusiasta en el ejercicio de esta —cada día más difícil— profesión. Que haya caído del acantilado —ya sea por una imagen, una mala pisada, o como haya sido— es terrible y cruel.
No es la primera persona o vehículo que cae en ese sector de la costa. Lo insólito, es que ante estos siniestros —ya no se puede hablar de «accidentes»— no haya una respuesta seria, que no sea un intento por parte de las autoridades de todo orden de quedar lo más afuera de la escena posible.
La expectativa de los funcionarios, cada vez que sucede algo así, es que el tema se apague mediáticamente y que, tarde o temprano, la sociedad marplatense pase la página. Lo que quedará para siempre, es el dolor de la familia. Los demás, a seguir con la suya.
Lo que surge claramente de las distintas publicaciones es que hay un vacío en el área, de la cual no se hacen cargo ni la provincia, ni el municipio. Decir «no sabemos por qué no hay concesionario» es el colmo de la grosería y de la indiferencia. Los carteles, claramente, no son medida suficiente. Quizás, cubran la responsabilidad de los funcionarios, pero no más que eso.
La zona está a su suerte y a nadie parece interesarle hacerse cargo. Es un sector que —como buena parte de la costa en el partido de General Pueyrredon— necesita inversión, ya sean escolleras en formato T, o al estilo de las realizadas con el modelo australiano. Sea cual sea la solución, nada parece estar en carpeta.
Esta realidad, que tiene que ver con la naturaleza y con su poder destructivo, se da de patadas con las pretensiones de quienes se presentan a la sociedad como «ambientalistas», que repudian toda participación del sector privado, cuando éste es el único que ha logrado articular mejoras de infraestructura en el sector de la costa, un tema que debe dejar de ser una cuestión ideológica bajo la cual se cocinan negocios espurios.
La zona sur del partido de General Pueyrredon está de moda, pero se trata de una moda que puede ser frágil sin la falta de inversiones en infraestructura en los sectores públicos se sigue cobrando vidas. Por caso, el siniestro vial en la intersección del punto conocido como «Las Macetas» y la ruta 11, un sector en donde cambió toda la dinámica de circulación y donde ya debería estar construida o por construirse ya sea una rotonda o una semaforización, y no hay nada de nada.
Si bien es obvio que, en muchos casos —demasiados— el desprecio por el valor de la propia vida juega una parte, y hay mucha indiferencia por la suerte propia, lo urgente es tomar nota de que en esa área hay que hacer algo urgente: la escalera desde la que cayó la colega periodista fue construida en la década del 1950 y jamás recibió mantenimiento. Hoy por hoy, está destruida. Por otro lado, en el área más próxima de desarrollo, gracias al trabajo de OSSE, se logró que los empresarios aporten millones de pesos para obras imprescindibles de saneamiento.
Los años por venir suponen una ratio de crecimiento para nuestro país. Hay que estar muy atentos, y exigir el nivel y volumen de obras que se requiere para acompañarlo.
