
Nicolás Maduro está en poder de Estados Unidos, luego de una acción histórica por parte de Donald Trump
La caída de Nicolás Maduro a manos de fuerzas especiales de Estados Unidos por orden del presidente Donald Trump está siendo celebrada y cuestionada tanto en el seno de la propia unión americana como en el mundo. La celebración de este día 3 de enero de 2026, trajo rápidamente a la memoria otro 3 de enero, el de 1990, cuando la potencia del norte intervino en Panamá y terminó con el régimen de Noriega.
El discurso de Trump trajo elogios y desasosiego, en particular a la diáspora venezolana que oyó del presidente norteamericano señalar que Maria Corina Machado es una buena persona, pero no cuenta con los atributos para ejercer la presidencia y que —en palabras de Trump— no cuenta con el apoyo del pueblo.
El líder norteamericano desempolvó en público la doctrina Monroe, llamada así en referencia al ex presidente estadounidense James Monroe: «América para los americanos», una frase que toma relevancia en el contexto de la actitud de gobiernos los europeos como Inglaterra y Francia, con pretensiones de poder en las Américas. Inicialmente vista como un apoyo a la independencia, pronto fue reinterpretada para justificar la expansión política y económica de EE. UU en América Latina, bajo la idea del «Destino Manifiesto». Sirvió también para la política del ex presidente Theodore Roosevelt del «big stick» o «gran garrote», que marcó buena parte de la actitud de Estados Unidos para la región, en particular en Centro América y el Caribe.
La caida de Maduro es sólo una parte de lo que cuenta. El anuncio de Trump, de que Estados Unidos va a gobernar Venezuela hasta entregar el gobierno de manera confiable a los venezolanos, ya desató una marea de debates al respecto de esta actitud en ciernes. Los propios dichos de Trump abren muchos interrogantes: sin cortapisas, le dijo al presidente de Colombia, Gustavo Petro, que se cuide el culo, acusándolo nuevamente de estar involucrado con el narcotráfico. La teoría del domino hace su lugar en el escenario cuando queda en claro que ni Cuba ni Nicaragua recibirán ya petróleo de Venezuela, teniendo ya de por si situaciones sociales muy complejas en sus economías devastadas por las practicas socialistas y la corrupción de sus elites.
La decisión de detener a Maduro es políticamente audaz y se da luego de un largo proceso en el cual se le dieron al dictador chavista numerosas oportunidades para una retirada negociada. Detentador ilegitimo de la presidencia, vinculado cada día más a Cuba, Irán, Rusia, y China, su suerte parecía echada. Quizás el único que no creía que así sería, era el propio Nicolás Maduro. Un brutal error de cálculo.