Diego Domingorena: “Mar del Plata crece sin planificación y eso genera conflictos ambientales y urbanos”

El presidente del Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires Distrito 9 cuestionó el proyecto de un nuevo barrio privado detrás del Bosque Peralta Ramos, advirtió inconsistencias en el informe de impacto ambiental y volvió a reclamar un plan maestro para el crecimiento de la ciudad.

El presidente del Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires Distrito 9, Diego Domingorena, expuso una serie de objeciones técnicas y normativas al proyecto de un nuevo barrio privado que se impulsa en la zona sur de Mar del Plata, detrás del Bosque Peralta Ramos, en el área conocida como Bosque y Mar. En diálogo con la 99.9, remarcó que el municipio abrió una consulta pública por el informe de impacto ambiental, pero alertó que el emprendimiento arrastra “omisiones graves” desde su aprobación.

Domingorena explicó que se trata de un cambio de uso del suelo que debía contar con la convalidación de organismos provinciales, algo que, según afirmó, “no ocurrió”. “Estamos frente a una ordenanza que ya fue aprobada, pero se omitió ese paso clave”, señaló. Además, indicó que el propio informe ambiental reconoce que aún están en trámite cuestiones centrales como la provisión de agua, cloacas, gestión hídrica y accesos.

Uno de los puntos más cuestionados es el acceso al barrio. “La desarrolladora promociona que el ingreso sería por una calle interna del Bosque Peralta Ramos, Mangoré, que es una calle menor, sin asfalto. Eso va totalmente en contra de la normativa”, sostuvo, y advirtió que un barrio privado debe contar con salida a una vía principal por razones de seguridad, emergencias y logística de obra. “Es imposible que por una calle interna del bosque circulen grúas, camiones de hormigón y todo lo que implica una construcción de este tipo”, remarcó.

El titular del Colegio de Arquitectos también señaló incumplimientos vinculados al arroyo Corriente. Explicó que no se respeta el camino de sirga exigido por ley y que el informe ambiental fija una distancia de 15 metros, cuando debería ser de entre 30 y 50 metros al tratarse de un arroyo no entubado. “No hay una definición clara de cómo va a evacuar pluvialmente el barrio, y el propio informe reconoce que eso no está resuelto”, afirmó.

En ese sentido, advirtió que cada nuevo desarrollo resuelve su drenaje sin considerar el impacto acumulado en el entorno. “Cada barrio se ocupa de su propia evacuación, pero no piensa en el vecino lindero. Así se genera una secuencia de inconsistencias que nadie aborda de manera integral”, explicó.

Otro aspecto sensible es el arqueológico y paleontológico. Domingorena señaló una contradicción directa en el informe: “Se afirma que no hay riesgo arqueológico ni paleontológico, cuando el área del arroyo Corriente es reconocida como protegida y ha tenido hallazgos importantes. No significa que no se pueda construir, pero sí que deben extremarse los cuidados, y eso no está contemplado”.

Más allá del caso puntual, Domingorena puso el foco en un problema estructural: la falta de planificación urbana. “Mar del Plata no tiene un plan maestro de desarrollo y crecimiento. Esto es una mancha más del tigre”, afirmó. En contraste, destacó la experiencia de General Alvarado, donde se lanzó un concurso de masterplan para la expansión urbana: “Eso es planificar, hacerlo de manera transparente y participativa”.

El arquitecto subrayó que el crecimiento de la ciudad no puede quedar librado exclusivamente a la iniciativa privada. “Celebramos que los desarrolladores quieran invertir, pero pensar cómo impactan esas inversiones en la ciudad no es responsabilidad de ellos, es del Ejecutivo”, sostuvo. Y fue contundente: “Los desarrolladores están para hacer negocios, y está bien. El Estado es el que tiene que cuidar y planificar la ciudad”.

Finalmente, Domingorena recordó los problemas históricos de la zona sur, especialmente en materia de efluentes cloacales y contaminación del arroyo Corriente, y señaló que existen reclamos judiciales de vecinos por vuelcos sin tratamiento. “Nuestro rol es opinar técnicamente cuando se nos consulta. Después, cómo sigue el trámite y qué decisiones se toman ya no depende de nosotros”, concluyó, aunque advirtió que la preocupación vecinal crece frente a un modelo de expansión urbana sin definiciones claras.