Sanae Takaichi arrasa en las urnas, consolidando un nuevo rumbo político para Japón

La coalición encabezada por el Partido Liberal Democrático habría logrado más de 316 de los 465 escaños en juego en la Cámara Baja.

Hace apenas cuatro meses, Sanae Takaichi, una veterana política conservadora de 64 años, llegó al poder en Japón envuelta en polémica y escepticismo. El mundo se fijó en ella porque era la primera mujer en gobernar una de las grandes potencias asiáticas, rompiendo con el tradicional y sobrio liderazgo masculino. Su estilo político, más personalista, ideológico y menos tecnocrático que el de sus antecesores, enganchó con rapidez a muchos japoneses, hasta el punto de desatar un fenómeno casi fan entre los más jóvenes. Faltaba, sin embargo, medir esa ola de popularidad en las urnas. El domingo, la coalición que lidera Takaichi arrasó en unas elecciones generales que ella misma adelantó para fortalecer su liderazgo.

A la líder nipona le ha salido bien su arriesgada apuesta. La coalición encabezada por el Partido Liberal Democrático (PLD) se encamina a obtener más de 316 de los 465 escaños en juego en la Cámara Baja, recuperando así una super mayoría estable que había perdido tras años de escándalos de financiación irregular y la sucesión de líderes grises cuya popularidad se desplomaba en las encuestas.

Este resultado -ha sido una victoria histórica para el PLD, que contaba con 198 escaños antes de las elecciones- permitiría al bloque gobernante controlar la presidencia de las comisiones de la cámara más poderosa del parlamento bicameral del país, con total dominio para dirigir los proyectos de ley y presupuestos. Este enorme salto permitirá a Takaichi avanzar en sus planes de reactivación económica y en una agenda más radical que busca aumentar las capacidades militares de Japón. «Construiremos una economía fuerte y resiliente», dijo la líder en sus primeras declaraciones tras las elecciones.

El PLD, que ha gobernado casi sin interrupciones desde la posguerra, ha encontrado un nuevo socio de coalición en el Partido de la Innovación de Japón después de que su aliado tradicional, el budista Komeito, rompiera el bloque para acercarse al principal partido de la oposición tras la victoria de Takaichi en las primarias. En ese contexto también irrumpió con fuerza el Sanseito, formación de extrema derecha que, bajo el eslogan «Japón primero», captó a parte del electorado más conservador.

Apoyo joven
El desgaste acumulado por décadas de estancamiento económico y escándalos políticos había alimentado la percepción de que el sistema político japonés estaba agotado. Pero, paradójicamente, Takaichi supo beneficiarse de ese clima. Su imagen conectó con sectores del electorado que buscaban precisamente una ruptura con el estilo burocrático y distante que durante años caracterizó al PLD. Entre los votantes jóvenes algunas encuestas apuntan a que el apoyo entre los menores de 30 años se disparó hasta niveles inusuales.

«Para mi generación, Japón siempre ha estado en una especie de pausa, como si el país no supiera hacia dónde va. Takaichi, al menos, ofrece una narrativa clara, una visión. Eso tiene mucho peso», afirma Rina, 22 años, estudiante de derecho que asistió el sábado al último mitin de campaña de la líder en un parque en la periferia de Tokio. «Me gusta que insista en la seguridad y en el orden. Mucha gente joven vive con contratos precarios y siente que el sistema no protege a nadie», añade Mitu, otra universitaria.

En ese último acto electoral, Takaichi prometió hacer de Japón «un país más próspero y seguro», citando controles migratorios más estrictos. La primera ministra se apoya con frecuencia en una retórica radical contra la inmigración, que presenta como una amenaza potencial para la cohesión social y la identidad nacional.

«No estoy en contra de los extranjeros, pero creo que el gobierno debería tener más control sobre quién entra», dice Kohei, de 44 años, empleado del sector financiero. «La política siempre me pareció aburrida. Pero Takaichi habla con más claridad que otros políticos. Quizá no estamos de acuerdo con todo lo que dice, pero transmite energía y la idea de que Japón todavía puede ser fuerte», opina Mika, diseñadora de 27 años.

La probable contundente victoria de Takaichi no oculta las tensiones profundas que atraviesa el país. Japón sigue enfrentando una combinación de desafíos estructurales que ningún gobierno ha logrado resolver: crecimiento anémico, una deuda pública gigantesca y una crisis demográfica que amenaza con redefinir la sociedad en las próximas décadas.

Economía
El programa económico de la primera ministra refleja esa urgencia. Takaichi ha defendido una política fiscal expansiva para reactivar la economía y estimular el consumo interno, así como canalizar la inversión hacia industrias estratégicas —semiconductores, maquinaria de precisión o equipos para la fabricación de chips— con el objetivo de preservar la ventaja tecnológica japonesa.

Sin embargo, su promesa electoral de suspender el impuesto del 8% a las ventas de alimentos para aliviar el aumento de precios, ha sacudido la confianza de los inversores en una economía que soporta la mayor carga de deuda del mundo desarrollado. En las últimas semanas, la presión sobre los bonos del Estado y la volatilidad del yen han reflejado la inquietud sobre cómo Tokio asumiría el impacto estimado de cinco billones de yenes en sus ingresos anuales.

La economía fue el principal eje de la campaña, pero no el único. Takaichi ha prometido reforzar las capacidades militares y seguir aumentando el gasto en defensa ante la presión de Corea del Norte y la creciente rivalidad con China. Su intención de revisar la Constitución pacifista de posguerra es aplaudida por el electorado más conservador, que también respalda el endurecimiento de su discurso frente a Pekín y el fortalecimiento de la alianza con Estados Unidos.

En marzo, Takaichi viajará a Washington para una cumbre con el presidente Donald Trump, quien la ha apoyado públicamente durante la campaña. La dirigente japonesa, cercana al discurso nacionalista del republicano, se ganó su favor tras prometer inversiones japonesas millonarias en EEUU como parte de un acuerdo comercial destinado a reducir aranceles sobre productos nipones.

En el frente interno, Takaichi mantiene posiciones polémicas: se opone a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, rechaza modificar la legislación que obliga a las parejas casadas a compartir apellido y defiende la continuidad de la línea de sucesión imperial exclusivamente masculina.

A pesar de su popularidad, estas posturas la han convertido en una figura muy criticada entre los sectores urbanos más liberales y parte del electorado femenino. La llegada al poder de una mujer fue celebrada como un hito histórico, pero esa expectativa se vio atenuada cuando su gabinete incluyó solo a dos ministras. Aun así, la líder ha introducido en la agenda temas durante décadas ausentes del debate político japonés, como la menopausia o la salud femenina.

El mayor desafío que enfrenta Japón sigue siendo demográfico: casi un tercio de la población supera los 65 años y el número de nacimientos ha caído a mínimos históricos. El Gobierno ha creado una estructura centralizada para coordinar políticas de natalidad, apoyo a las familias y revitalización regional, con el objetivo de estabilizar la población a largo plazo.

Durante la jornada electoral, una nevada intermitente cubrió barrios de Tokio desde primeras horas de la mañana. Las imágenes de filas silenciosas sobre aceras blanqueadas se convirtieron en una metáfora involuntaria del momento político: un país acostumbrado a la calma, pero atravesado por un frío cambio de ciclo.