
Nunca en su historia pudo el peronismo gobernar Mar del Plata, ni aún con Perón ganando por escándalo las elecciones a nivel nacional. Hasta ahora.
Por décadas, el socialismo democrático en la ciudad dio uno tras otro intendentes que dejaron una huella, hasta que Luis Nuncio Fabricio y quienes lo rodeaban creyeron que era una buena idea hacerse cargo de la gestión municipal en el último tramo de la última dictadura, luego de la Guerra de Malvinas. Fue la ola alfonsinista en 1983, con el regreso de la democracia, la que depositó a Angel Roig en la intendencia por ocho años. Lo más cerca que estuvieron los peronistas de gobernar la ciudad fue en 1995 cuando Eduardo Julio Pettigiani quedó a sólo 16 mil votos de Blas Aurelio Primo Aprile. Esta sequía podría cortarse en 2027, en un año extraño, y aún teniendo el presidente Javier Milei todas las cartas en su poder para impulsar un candidato propio.
Y esto se debe a que, la actual deriva del gobierno comunal, ya es espantosa. No sólo como gestión, en todo orden y criterio, sino también por el ruido constante que hay en cafés, quinchos y reuniones sociales en donde continuamente se habla de acuerdos espurios o, lisa y llanamente, de corrupción.
Y a esa ola se ha subido quien, por más de 40 años, ha sangrado a la política de la ciudad creyéndose un primus inteprares y apoderándose continuamente de actos y oportunidades de manera impropia. Los habitués de las jornadas nocturnas den el Hermitage han escuchado, una y otra vez, al galaico emprendedor hablar de a quienes él se refiere como «esta gente» que, según sus palabras, se han mentido en los bolsillos una suma brutal —en dólares— de manera impropia. Seguramente en esos momentos se le haga presente es su cabeza aquel momento cuando su amigo Tino Fernández, entre lágrimas, le pidió perdón por dejarlo afuera del negocio del estacionamiento medido y le entregó los originales de los mutuos con los que se habían perfeccionado aquellas famosas coimas de la década del 1990. Con esa astucia que le caracteriza, que le ha servido en el lugar de la inteligencia a lo largo de toda su vida, repite una y otra vez una cifra en dólares: 26 millones que, según él, nadie sabe de dónde salieron.
Quizás dicha fortuna esté vinculada a la información que maneja un empresario que me abordó, hace ya algunos meses, para aseverar que hay un trasiego de dinero —habló de $1.200.000 USD— que actores del poder local se están embolsando indebidamente. Fue una charla, cuando menos, extraña, porque esta persona sabe bien lo que es pagar por favores a la política: lo hizo cada mes durante las décadas del 1980 y 1990.
A como sea, esto ya está en el boca a boca de los marplatenses. Para cuando escribo estas líneas, ya lo conversé con referentes locales que —entiendo— no son parte del juego, pero que optan o por el silencio, o por la incredulidad.
Y esto es parte del problema de cara al 2027: no escuchan. Obtuve información y publiqué al respecto de los pies de barro de la firma Minella Stadium SA. Se lo señalé claramente al secretario Martinelli antes de publicar y le apostillé, claro y preciso: «Fijate lo que firmás». Cuando consultó, bardearon mis advertencias y le dijeron: «Quedate tranquilo, que hay protección judicial».
Esta semana vamos a ver si esa protección llega hasta el juez Luis Armella.
