Silvina Pedrouzo: “Si dejan de sentirse humanos, muerden o se aíslan, es una señal de alarma y hay que consultar”

La pediatra y especialista en Desarrollo Infantil Silvina Pedrouzo analizó en la 99.9 el fenómeno de los “Therian”, advirtió sobre los casos que pueden requerir intervención profesional y remarcó que “es un tema de diálogo y de entender qué les está pasando a los chicos”.

El fenómeno de los denominados “Therian”, jóvenes que se identifican con animales y comparten esa práctica en redes sociales y espacios públicos, genera preocupación en numerosas familias. En diálogo con la 99.9, la pediatra y especialista en Desarrollo Infantil Silvina Pedrouzo aportó una mirada profesional y pidió distinguir entre conductas propias de la adolescencia y situaciones que pueden convertirse en señales de alarma.

“Lo más importante es que en este momento este tema está siendo una preocupación muy importante para las familias y está muy fogoneado en los medios y en las redes, por lo cual genera mucha preocupación y te diría hasta bronca”, señaló. En ese sentido, explicó que su intervención en redes sociales tuvo repercusiones diversas: “Tuve un montón de reconocimiento y gente que me dijo gracias por informar, y gente que contesta barbaridades”.

Pedrouzo enmarcó el fenómeno dentro de las dificultades propias de la adolescencia: “Para los chicos en este momento es muy difícil pertenecer, despegarse de la familia y empezar a tener una autonomía o un lugar junto con los pares, y ellos buscan sí o sí pertenecer a cualquier precio, la validación del otro”. En esa búsqueda, explicó, algunos “se caracterizan o se identifican con ser animales, que pueden ser lobo, perros, gatos, lo que fuese, se ponen máscaras y comparten esos intereses con otros”.

Hasta ese punto, indicó, puede tratarse de algo similar a otras expresiones juveniles: “Parece una tribu urbana y tiene que ver con juntarse con pares y compartir intereses”. Sin embargo, subrayó una diferencia clave: “Ellos tienen conciencia de que son humanos, no es que piensan que es un perro atrapado en el cuerpo de un humano. Saben que son humanos, pero se identifican con el perro o lo que fuese”.

La especialista advirtió que el problema surge cuando aparecen conductas que exceden lo lúdico o simbólico. “Estamos viendo chicos que presentan actitudes o comportamientos que tienen que ver con morder, lastimar, olfatear, sentir que tienen una metamorfosis, que tienen garras, que tienen alucinaciones visuales o táctiles con respecto a sentirse un animal y que dejan de pensar que son humanos”, describió.

En esos casos, remarcó, “son casos para las mamás estar atentos”. Entre las señales de alarma enumeró que “dejan de cumplir con sus actividades de la escuela, se empiezan a juntar solo con personas que tienen estos intereses y van para el aislamiento social”. Frente a ese cuadro, fue categórica: “Si nos preocupa y además tiene estas señales de alarma, debemos ir a consultar con un profesional de la salud mental”.

No obstante, aclaró que no todas las situaciones deben ser patologizadas: “Si esto es un simple interés, compartir en una plaza y tener ese momento, pero conserva sus actividades, se sigue juntando con sus amigos y está todo dentro de los límites que uno puede esperar, yo creo que son cosas para hablar”. En ese sentido, insistió en que “es un tema de diálogo, de pensar qué les está pasando, por qué les pasa y ver si está angustiado”.

Pedrouzo también señaló posibles causas subyacentes: “Hay veces que un chico puede disfrazarse de lobo porque está sufriendo bullying en la escuela o porque es maltratado y quiere sentirse fuerte de alguna manera”. O bien, agregó, “simplemente quiere juntarse con otros que tienen intereses semejantes y encaja en esa, porque es muy difícil hoy en día encajar y ser validado”.

La médica vinculó el fenómeno con la presión social amplificada por las redes: “Ahora hay una presión social que si no sos, no te mostrás, no tenés reconocimiento, no hay like, nadie te mira”. Esto, afirmó, “daña muchísimo la autoestima, porque el que no aparece o no tiene repercusiones, no es nadie”.

Desde el punto de vista neurobiológico, explicó que la adolescencia combina vulnerabilidad y búsqueda de recompensas: “Tienen el escaso freno inhibitorio a nivel cerebral, que está muy fogoneado por la dopamina. La dopamina es un neurotransmisor ligado a las recompensas, y en el caso de las redes sociales se obtiene fácilmente”. Según detalló, esa dinámica genera que “quieran cada vez más protagonismo y reconocimiento y esa dopamina que los mantiene bien, pero que cada vez necesitan más para generar la misma sensación placentera”.

Asimismo, vinculó el contexto actual con un retroceso en indicadores cognitivos. “Hay una reversión del efecto Flynn, los chicos están teniendo un coeficiente menor al de sus padres”, explicó, y lo relacionó con “el uso del celular en forma continua, la falta de lectura y pocas oportunidades”. También mencionó los resultados de evaluaciones educativas: “Si vos te pones a pensar en lo que está pasando con las pruebas Aprender y las pruebas PISA, hay retroceso en operaciones numéricas, comprensión lectora y un montón de cosas básicas”.

Finalmente, advirtió que la adolescencia es “una etapa de vulnerabilidad” y que estos fenómenos pueden ser aprovechados por intereses comerciales: “Hay un adulto que está monetizando el dato o monetizando las acciones de los chicos en las redes”. Por eso, llamó a reflexionar sin estigmatizar: “Está bueno que lo tomemos y que se escuche un poco, porque también hay mucho odio para este tipo de chicos”.

En definitiva, la especialista insistió en la necesidad de acompañamiento y criterio: distinguir entre una forma de expresión juvenil y una situación que requiera intervención profesional, siempre desde el diálogo y la observación atenta de las conductas y el bienestar integral de los chicos.