
Seis hermanos, dos de ellos bebés, dieron positivo en el análisis de cocaína en sangre. Las consecuencias de banalizar el consumo de drogas.
Muchos de los problemas que atraviesa nuestro país surgen del experimento progre del peronismo más kuka que consiste en querer aplicar políticas inspiradas en lo que han hecho países del primer mundo, pero sin comprender que ni nuestra cultura, ni nuestros recursos, ni nuestras posibilidades, se pueden comparar con las de aquellas naciones que han pretendido tomar de ejemplo. Impulsar un discurso de mayor tolerancia al respecto del consumo de drogas, sin asegurarse de que el Estado pueda brindar la contención adecuada, es la receta de un desastre cuyas consecuencias son evidentes ya en todos los niveles de la sociedad. Lejos de asumir este problema, el gobierno de Kicillof continúa con campañas que ya pisan el terreno de la apología, insensibles a la epidemia de consumo de estupefacientes que afecta ya a todos los rincones de la provincia de Buenos Aires.
La denuncia
Esta historia comienza hace más o menos un mes, cuando una mujer se acercó a la Comisaría de la Mujer de Balcarce para denunciar que su pareja la drogaba, y que sospechaba que lo mismo le estaba haciendo a sus hijos. Se trata de seis menores, cuyas edades van desde los seis meses hasta los trece años. A partir de ello, se forma una causa penal, y se ordena que los niños sean revisados en el Hospital de Balcarce. Luego de que el análisis de sangre revelara la presencia de cocaína en el organismo de cuatro de los seis menores, se dispuso no sólo la detención del padre, sino además el allanamiento de su vivienda. Durante dicho procedimiento, las autoridades encontraron restos de cocaína en la mesada de la cocina.
Avanzando la investigación, se determina que los dos hermanos más grandes estaban en condiciones de declarar en Cámara Gesell. Allí, los menores aseguran que desconocían de qué manera pudo haber llegado esa droga a sus cuerpos. La investigación también determina que ambos progenitores eran consumidores de cocaína. Ante la falta de pruebas que permitieran sostener la acusación del delito de «suministro de estupefacientes», el padre es liberado. Sin embargo, luego de la intervención del servicio de los Derechos del Niño de Balcarce, se dispone que la guarda de los niños la asuman otros familiares.
En este momento, el Cuerpo Médico de la Policía Científica de Mar del Plata está buscando determinar, sobre la base de las pruebas recolectadas en la causa, cuál fue el mecanismo por el que la droga ingresó en el cuerpo de los seis niños, ya que la literatura médica reconoce que la cocaína puede ingresar al torrente sanguíneo de una persona a través de un mecanismo de absorción, si se exponen a esta sustancia ciertas superficies del cuerpo durante un contacto prolongado.
Sin embargo, la presencia de restos de cocaína en la mesada de la cocina es un fuerte indicador que apunta a una conducta negligente por parte de los padres.
Preocupante
Lo más triste es que este caso, por aberrante que parezca, es sólo uno más entre millones: se estima que, al menos en la provincia de Buenos Aires, dos de cada diez mujeres que dan a luz, son consumidoras de sustancias problemáticas. Este dato no emerge de las estadísticas oficiales, pero es un estimativo que surge al mirar los casos que se registran en los diferentes nosocomios provinciales. El principal problema es que la sociedad argentina ha desarrollado cierta tolerancia —errónea— ante el consumo de alcohol durante el embarazo, por lo que ésta actitud ha ido en aumento. Lo mismo sucede con otras drogas, tanto lícitas como ilícitas.
En el caso de la cocaína, su consumo durante el embarazo implica enormes problemas de desarrollo y aumenta el riesgo, tanto de abortar, como de que el niño nazca prematuro: por su profundo efecto en la hemodinamia del útero, se aumenta significativamente el riesgo de sufrir un desprendimiento de placenta, además de que el estrés fisiológico puede desencadenar el trabajo de parto antes de las 37 semanas de gestación. Al momento del nacimiento, los bebés expuestos a la cocaína en el útero suelen presentar características físicas e indicadores de salud específicos, como bajo peso al nacer, restricción del crecimiento y microcefalia. Todo esto sin contar los graves problemas en el desarrollo neurocognitivo de los niños, cuyas consecuencias aún son materia de estudio.
Por supuesto que la incidencia de estos indicadores aumenta de la mano de la pobreza, con millones de mujeres que están por fuera del sistema y no reciben, durante el embarazo, ni los controles médicos adecuados, ni el acompañamiento necesario para superar los consumos conflictivos.
Es como si, el tener los hospitales destruidos, los médicos mal pagados, y patinarse el presupuesto del área de salud en consoladores de madera y folletitos con consejos piola para pasarla mejor drogándose, tuviera algún tipo de consecuencia. Tanto Axel Kicillof como Nicolás Kreplak persisten en la actitud dolosa de banalizar la problemática del consumo de drogas, creando las condiciones para que, de diez niños que nacen en la provincia, uno o dos de ellos presenten problemas de salud completamente prevenibles, derivados del consumo inadecuado de sustancias por parte de sus madres.
