
El presente de nuestro país en el contexto de la crisis global impulsada por al guerra en contra del régimen brutal y criminal de los ayatola, con sus consecuencias en el valor del petróleo y del gas, encuentra la Argentina en una posición de sustentabilidad económica notable.
A diferencia de los shocks globales de las décadas de 1970, 1980, 1990 y 2000, hoy el país se encuentra con equilibrio fiscal, control estricto de la masa monetaria y con exportaciones fuertes que, en el presente año, estarían cerca de los USD 100.000 millones, una cifra récord en la historia de nuestra economía.
Informes indican que la estabilidad y tendencia bajista de los tipos de cambio (oficial, MEP y Blue) durante el primer trimestre del año se explican por varios factores estructurales y coyunturales, como el nuevo esquema de bandas cambiarias implementado por el Banco Central donde el techo se ajusta según la inflación pasada (un 2,5% en la etapa inicial), reemplazando el antiguo crawling peg del 1%, lo que ha redefinido las expectativas del mercado y reducido la volatilidad. Además, la política de emisión cero y el ajuste fiscal han generado una falta de liquidez en moneda local. Al no haber excedente de pesos, la demanda de dólares para cobertura ha disminuido drásticamente.
Además se debe considerar la monetización tanto de deuda como de créditos: el ingreso de divisas, ya sea por nuevas operaciones de endeudamiento externo o por colocaciones corporativas (como las de Banco Macro y otras empresas) ha presionado el precio a la baja al liquidarse esos dólares en el mercado local. Esto ha permitido la Intervención del BCRA, que ahora tiene la facultad de comprar hasta el 5% del volumen diario operado para acumular reservas, lo que permite mantener el tipo de cambio dentro de los márgenes deseados sin saltos bruscos.
También, una cosecha excepcional provoca un fuerte desempeño de las exportaciones de trigo y de cebada en el primer bimestre, lo aporta un flujo de divisas que le dio aire a las reservas antes del inicio de la cosecha gruesa. Por otro lado, el salto en las exportaciones de energía y minería son, luego del agro, el tercer gran motor que está permitiendo la estabilidad cambiaria este año. El 2026 marca un punto de inflexión en donde Argentina consolida su perfil como exportador neto de energía.
El sector energético proyecta exportaciones por USD 14.000 a 17.000 millones para este 2026, impulsado casi exclusivamente por el rendimiento de Vaca Muerta. Se espera un volumen de exportación de entre 320.000 y 450.000 barriles diarios de petróleo (shale oil) y, en el escenario más optimista, el ingreso sólo por crudo podría rondar los USD 8.900 millones. Por otro lado, si bien el grueso de la exportación de gas natural licuado (GNL) a gran escala está previsto para 2027/2028, este año se iniciaron contratos clave con Europa, en especial Alemania, y se estabilizó la exportación vía gasoductos a países vecinos como Chile y Brasil. Finalmente, se estima que el año cerrará con un superávit energético dado por un saldo positivo récord de USD 9.000 millones, ya que las importaciones de energía han caído drásticamente (un 18% menos respecto al ciclo anterior). Hay un cambio notable en la macro argentina que implica un valor neto de construcción de soberanía.