La Dra. Sandra J. Inwentarz alertó en la 99.9 sobre un aumento del 80% en los últimos cinco años, con fuerte impacto en jóvenes y vinculó el fenómeno a la crisis social, la falta de acceso a la salud y la desarticulación de políticas públicas.

La tuberculosis vuelve a encender señales de alarma en Argentina. Según explicó la Dra. Sandra J. Inwentarz, neumonóloga y coordinadora de la sección Tuberculosis de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria, “hay un aumento persistente a lo largo de estos últimos años” que alcanza cifras preocupantes: “en los últimos cinco años los casos aumentaron un 80%”.
Lejos de tratarse de un dato aislado, la especialista remarcó que lo más inquietante es el perfil etario de los pacientes: “el 60% de los casos los están padeciendo personas entre los 14 y 35 o 40 años, es decir adolescentes y adultos jóvenes”. En ese sentido, subrayó que se trata de una enfermedad históricamente asociada a contextos de vulnerabilidad: “la tuberculosis siempre estuvo relacionada con la pobreza, el hacinamiento y la vulnerabilidad”.
Para Inwentarz, el crecimiento actual responde a múltiples factores que se retroalimentan. “Estamos sumergidos en una crisis social y económica muy profunda. La pérdida de trabajo, la caída de ingresos, la imposibilidad de alquilar y el hacinamiento favorecen la diseminación”, explicó. A eso se suma la mala alimentación, el estrés y la depresión, configurando “un círculo vicioso que lleva a todo esto”.
La pandemia también dejó secuelas importantes. “Hubo un retraso muy grande en las consultas. Mucha gente no iba al médico por miedo al Covid, y cuando llegaban tenían Covid y tuberculosis al mismo tiempo, con cuadros agravados”, detalló. Esa falta de controles oportunos impactó directamente en la detección y tratamiento de la enfermedad.
Otro punto crítico es el descreimiento en el sistema sanitario. “Hay mucha gente que no se vacuna o que desconfía. Hay mala información sobre las vacunas y eso lleva al desconocimiento. Por eso reaparecen enfermedades como el sarampión y crecen los casos de tuberculosis”, indicó.
Sin embargo, la especialista también apuntó a problemas estructurales en el sistema de salud. “A fines de 2023 y principios de 2024 se desarticuló el Ministerio y los programas específicos, como el de tuberculosis, VIH o vacunas. Se unificó todo y ahí empezaron los problemas”, señaló. Entre las consecuencias mencionó “dificultades en la distribución de medicación, falta de compras y problemas en el acceso a tecnología clave”.
En ese sentido, destacó la importancia de herramientas diagnósticas modernas: “hay estudios moleculares que en dos horas permiten saber si una persona tiene tuberculosis y si es resistente a los medicamentos. Sin eso, volvemos a métodos que tardan entre 30 y 60 días”.
Finalmente, Inwentarz describió la precariedad del trabajo que realizan desde el Comité Asesor del Programa Nacional de Tuberculosis: “existimos y no existimos. Somos un grupo de profesionales que trabajamos hace más de 20 años, respondemos consultas de todo el país, pero es ad honorem y no formamos parte activa del ministerio”.
Con preocupación, concluyó: “no puede ser que hoy veamos chicos de 4 o 5 años con pulmones destruidos por tuberculosis. Es una enfermedad que debería estar controlada, pero claramente estamos lejos de eso”.