El director ejecutivo de la Organización Global de Prevención ante el Bullying, Víctor Smoly, aseguró que la problemática “está fuera de control” y reclamó cambios legales, mayor responsabilidad de las escuelas y un abordaje integral que incluya a docentes y familias.

El crecimiento de los episodios de violencia escolar en Argentina y en el mundo volvió a encender las alarmas, y para el director ejecutivo de la Organización Global de Prevención ante el Bullying, Víctor Smoly, la situación requiere medidas urgentes y profundas. “El gobierno nacional debe ponerse los pantalones bien puestos en este tema, porque no es algo que se soluciona simplemente con entrevistas o notas. Acá hay que modificar leyes, crear leyes y sancionar a las escuelas, sancionar a los padres que permitan que sus hijos agredan a otros”, afirmó en diálogo con la 99.9.
Smoly fue tajante al señalar que “mientras no se le toque el bolsillo a los colegios, no van a comenzar a trabajar”, y advirtió sobre la falta de acción institucional: “Tenemos sistemas educativos completamente corruptos y cómplices de las situaciones que viven en las escuelas y no actúan”. En ese sentido, indicó que muchas veces “los casos de bullying quedan ahí, no pasa nada, la víctima tiene que salir huyendo de la escuela”.
El especialista remarcó que existe una confusión frecuente en torno al origen del problema: “La gente dice que el bullying comienza en la casa. No. El bullying es acoso escolar y comienza en la escuela. Lo que comienza en la casa es la falta de educación o de valores”. Bajo esa premisa, subrayó que la responsabilidad de intervenir recae directamente en las instituciones educativas.
Con más de 15 años de trabajo en la temática, Smoly aseguró que la prevención es posible: “Todos los casos de bullying se pueden prevenir. Pero necesitamos docentes capacitados para identificar los casos y actuar”. Sin embargo, advirtió que hoy “las cosas están saliendo de control” y que la problemática no es exclusiva del país: “Hubo una oleada mundial de violencia escolar con armas blancas y de fuego en países como Colombia, México, Panamá, Perú y Estados Unidos”.
En relación a los hechos más graves, explicó que suelen responder a procesos prolongados: “Los casos de bullying sistemático, donde la víctima sufre durante uno o dos años, terminan en situaciones extremas. Los chicos se cansan y cuando se cansan o se quitan la vida o ocurren hechos de violencia”.
Además, aportó un dato preocupante surgido de las denuncias recibidas por la organización: “El 32% de los casos identifican al docente como agresor. Hay docentes que humillan, ofenden o maltratan. Eso no es bullying, eso es un delito”. Esta situación, dijo, refleja un sistema que también está fallando en la contención de los propios educadores.
En esa línea, advirtió sobre la salud mental del sector docente: “Tenemos una gran cantidad de docentes con problemas emocionales y de salud mental, incluso desde antes de la pandemia. Y los sistemas educativos no están pensando en eso, no hay contención”.
Finalmente, Smoly insistió en la necesidad de un trabajo conjunto: “Todos somos responsables. Padres y docentes tienen que trabajar en equipo, pero hoy están enfrentados. Si así está la relación entre adultos, ¿qué podemos esperar de los chicos?”. Y concluyó con una advertencia: “Esto no va a ser el último caso. Si no se toman medidas, vamos a seguir viendo situaciones cada vez más graves”.