La abogada de Agostina Páez, Carla Junqueira, explicó el rol clave de Cancillería, cuestionó la dureza de la acusación en Brasil y advirtió que apelarán si el fallo no respeta parámetros razonables.

La abogada de Agostina Páez, Carla Junqueira, brindó precisiones sobre el proceso judicial que enfrentó su defendida en Brasil, el rol determinante de la Cancillería argentina y las irregularidades que, según indicó, marcaron el caso desde su inicio. En diálogo con la 99.9, sostuvo que “la fiscalía se fue de mambo” al momento de solicitar compensaciones económicas y remarcó que la viralización del episodio condicionó el accionar judicial.
En primer lugar, Junqueira destacó que la intervención diplomática fue central para encauzar el caso: “En un primer momento Agostina no sabía cómo manejar esta parte diplomática internacional, entonces buscaba en el consulado esa ayuda. Pero el consulado tiene competencias limitadas, no puede intervenir en procesos”. En ese sentido, explicó que la estrategia cambió cuando tomó la defensa: “Yo sabía que esta era una cuestión de embajada y de Cancillería, no de asistencia consular”.
A partir de allí, relató cómo se activaron los canales institucionales: “Llamé a Martín Menem pidiendo ayuda en esta articulación directamente con Cancillería y le expliqué que para poder demostrar en juicio los tratados bilaterales íbamos a necesitar Cancillería. Lo entendió inmediatamente”. Luego, agregó, se contactó con áreas específicas: “Me puse en contacto con Pablo Quirno y con la Dirección de Asistencia Jurídica Internacional. Pedimos una nota importante para el juez, aclarando que Argentina tiene las herramientas para que cualquier acusado pueda responder el proceso acá”.
Sobre el desarrollo del caso, la letrada consideró que la exposición mediática fue determinante: “La viralización del video perjudicó mucho porque tomó una dimensión nacional, tanto acá como allá. Y la opinión pública, que no debería influenciar ninguna decisión jurídica, termina influenciando”. Incluso señaló que en la revisión del caso esto quedó explicitado: “El propio juez camarista dijo que acá había una satisfacción a la opinión pública, cuando el derecho no tiene que preocuparse con clamores públicos”.
En esa línea, explicó que el contexto regional también potenció el impacto: “Hay una proximidad muy grande entre Brasil y Argentina, redes sociales conectadas, medios que replican rápidamente. Todo eso hace que el caso tome una dimensión logarítmica y la reacción del poder judicial también se potencializa”.
Uno de los puntos más cuestionados por Junqueira fue el pedido económico de la fiscalía brasileña: “Claramente se fue de mambo. La racionalidad de reparación de daños morales no puede ser 10 años de sueldo para cada uno. Es una desproporcionalidad”. Y comparó con antecedentes: “La jurisprudencia en Brasil ya está consolidada en montos de 5 o 10 mil dólares, no 50 mil”.
En cuanto al dinero depositado por la defensa, aclaró que no se trata de una sanción definitiva: “Lo que fue depositado es una garantía, una caución para una eventual reparación de daños que tiene que ser definida en el fallo”. Y advirtió: “Si no estamos conformes con la razonabilidad de la reparación, vamos a apelar”.
Respecto a la situación judicial futura, indicó que existen mecanismos para que Páez cumpla eventuales medidas desde Argentina: “Puede ser a través de la Fiscalía Federal o incluso del consulado de Brasil. Hay herramientas para reportar el cumplimiento a la justicia brasileña”.
Finalmente, Junqueira describió el estado anímico de su defendida tras regresar al país: “Fue teniendo un alivio progresivo. Cuando pisó Buenos Aires ya estaba mucho más tranquila y feliz”. Y dejó abierta la posibilidad de futuras acciones judiciales: “Puede ser que haya una acción contra la Policía Civil por el video, pero en este momento estamos enfocados en el proceso y el fallo”.
De este modo, la defensa de Agostina Páez se prepara para la etapa final del proceso, con la expectativa de que la resolución respete criterios de proporcionalidad y se aleje de las presiones externas que, según sostienen, marcaron el caso desde el comienzo.