El ex guardavidas y actual encargado de balnearios Diego Sánchez Cabezudo analizó el fuerte impacto de la sudestada sobre la costa sur marplatense y apuntó contra décadas de falta de obras de defensa costera. “Lo que antes era una zona de médanos hoy ya no existe y el mar se lleva todo lo que encuentra”, advirtió.

El ex guardavidas y hoy encargado de balnearios Diego Sánchez Cabezudo aseguró que la violenta sudestada que golpeó a Mar del Plata expuso nuevamente “tantos años de inoperancia” y de ausencia de políticas de defensa costera, particularmente en la zona sur del partido de General Pueyrredon.
En diálogo con la 99.9, explicó que fenómenos meteorológicos de esta magnitud “son inevitables” y sostuvo que el problema central es la vulnerabilidad creciente de la costa marplatense: “El por qué destroza de esta manera nuestra costa, fundamentalmente la costa sur de Mar del Plata, tiene que ver también con una posición geográfica. Esa costa está mirando prácticamente de frente al sudoeste”.
Según indicó, el deterioro acumulado durante décadas agravó notablemente el impacto del temporal. “Tantos años de no estar presente el Estado defendiendo la costa marplatense multiplica todo por mil. Cada vez hay menos arena. Lo que antes era una zona de médanos y los médanos mismos contenían la fuerza del mar, hoy ya no hay médanos. Entonces el mar entra como por una autopista y pega contra el acantilado y se lleva todo lo que encuentra”, describió.
Sánchez Cabezudo remarcó que “la fuerza del mar es incontrolable” y que solamente puede “atenuarse con defensa costera, sea espigones, espigones en T, rompeolas o cualquier tipo de defensa que haga que la inercia de la ola se rompa”. Sin embargo, lamentó: “La realidad es que no lo tenemos”.
El dirigente recordó que los reclamos por obras vienen desde hace más de dos décadas. “Esto lo vengo viendo desde que empecé a trabajar de guardavida allá por 1985. En Acantilados había médanos y la gente bajaba naturalmente a la playa. De a poco empezó la erosión a hacer su efecto”.
También vinculó la situación con la ampliación del espigón de Quequén realizada entre 2007 y 2008: “Esa obra hacía falta para el funcionamiento portuario, pero la segunda etapa, que era permanente y consistía en un bypass de arena con dragado constante entre Necochea y Quequén, nunca se hizo”.
A partir de allí, explicó, “las playas de Quequén desaparecieron y hoy el mar ya pega sobre las casas”, mientras que “el impacto también lo tenemos nosotros acá en el sur de Mar del Plata”.
Sánchez Cabezudo destacó que los rompeolas construidos en la zona de Acantilados “sirvieron” y permitieron sostener parte de la playa pública: “Hoy hay playa, la gente baja normalmente y encuentra arena. Pero el resto sufre las consecuencias. Nosotros desaparecimos ayer y anteayer, esa es la realidad”.
Además, cuestionó la paralización de nuevas obras por amparos ambientales. “El ecosistema lo hemos alterado con la acción del hombre completamente. Así que hay que corregir eso con otras obras”, sostuvo durante la entrevista.
El ex representante gremial de los guardavidas también planteó dudas sobre el impacto de la extracción de arena en el puerto: “Entiendo que hace falta para la construcción y otras actividades, pero no sé si está controlada, no sé si el Estado tiene un control sobre la cantidad que se saca o hacia dónde va”.
En ese sentido, explicó que “donde está el pozo va el agua y va la arena”, por lo que la actividad de dragado “genera un pozo permanente que termina modificando naturalmente toda la deriva de arena”.
Sánchez Cabezudo recordó además las obras de defensa costera impulsadas hace más de una década y denunció irregularidades en su ejecución: “Aquella obra tenía ocho rompeolas de entrada y terminaron haciéndose cuatro. Empezó en 42 millones y terminó en casi mil millones. Los otros cuatro rompeolas desaparecieron por arte de magia”.
“Se hacía obra, sí, pero se afanaban más de la mitad”, disparó, y agregó que durante aquellos años debieron realizar “cortes de ruta” y múltiples gestiones para lograr que avanzaran los trabajos.
Desde su actual rol vinculado a balnearios privados, aseguró que los concesionarios realizan inversiones propias para intentar sostener la costa: “Estamos haciendo una inversión muy grande todos los años para defender lo poco que hay. Ponemos piedras, defensas y espigones paralelos para tratar de sobrevivir”.
Sin embargo, afirmó que hoy existen más trabas burocráticas que soluciones: “Antes el municipio nos firmaba permisos para hacer obras menores. Hoy no nos pueden firmar nada porque interviene el ADA, hay que pedir permisos en provincia, aparecen denuncias penales y grupos ambientalistas”.
Finalmente, cuestionó tanto al municipio como a la provincia por la falta de respuestas concretas: “Hace seis años que no hacen nada. Y encima hay una pelea política permanente entre municipio y provincia que termina perjudicando al vecino”. Y concluyó con dureza: “Piensan que cuanto peor le vaya al otro, mejor les va a ellos”.