Jorge Faienza, vecino marplatense y creador de la histórica Calesita Cultural del Parque de los Deportes, denunció que desde hace años espera una relocalización prometida mientras reclama elementos faltantes de la estructura retirada por el Municipio. “No tuvieron empatía ni delicadeza”, afirmó en la 99.9.

La historia de Jorge Faienza y la denominada “Calesita Cultural” parece resumir años de burocracia, promesas incumplidas y una profunda sensación de abandono. El vecino marplatense, que durante décadas sostuvo un espacio recreativo y cultural en el Parque de los Deportes, denunció en la 99.9 que desde 2018 espera una relocalización prometida mientras continúa reclamando pertenencias y respuestas que nunca llegan.
“Hace ya mucho tiempo que vengo con esto”, resumió. Según explicó, junto a la institución salesiana Nuestra Señora de Luján habían solicitado el traslado al Parque Primavesi y hasta lograron una ordenanza favorable. Sin embargo, cuando fueron a instalarse apareció un obstáculo inesperado: “Estaban haciendo una obra de Camuzzi, cosa que no figuraba en los planos de cruce de calle porque teníamos que pasar cables. Pedimos audiencia para replantear el lugar y sólo nos dijeron que teníamos 150 metros cuadrados, pero nada del lugar que habíamos pedido”.
Desde entonces comenzó una espera interminable. “Quedamos esperando, esperando y fue pasando el tiempo”, relató. Luego le indicaron que debía iniciar un nuevo expediente porque la institución había desistido del trámite para evitar conflictos legales. Mientras tanto, el deterioro de la situación en el Parque de los Deportes se agravaba: “Nos empezaron a robar el equipo de sonido de la calesita, tiraban piedras, puchos en las camas elásticas, entraban a robar, rompían luces”.
La situación llegó a un punto límite cuando comenzó el retiro definitivo de las instalaciones. “Una vecina me llamó y me dijo: ‘Jorge, de la Municipalidad te están llevando la calesita’. Me presenté y había tres policías y todo el equipo municipal cortando con una moladora partes que no eran necesarias”, recordó con indignación.
Faienza remarcó que ya estaban retirándose por sus propios medios: “Nosotros habíamos retirado siete bancos de plaza, tres camas elásticas, el castillo inflable, la boletería estaba desarmada, habíamos sacado la heladera, el motor, la jabalina. Estábamos en retirada”.
Lo que más lamenta es la falta de humanidad durante todo el proceso: “¿No tuvieron por lo menos empatía o delicadeza para preguntar qué nos pasaba o qué necesitábamos? Nada de eso”.
La historia de la Calesita Cultural había comenzado mucho antes. “Compramos la calesita en el 94 porque me estaban por jubilar del casino y estaba atravesando una enfermedad y un tratamiento largo”, contó. Con el tiempo el espacio se transformó en una propuesta que excedía el entretenimiento infantil. “La pusimos en funcionamiento a beneficio de los Exploradores Don Bosco y teníamos un taller de lectura declarado de interés cultural”.
Su labor incluía actividades educativas y comunitarias. “Les contábamos cuentos a los chicos, iba al jardín Tambor de Tacuarí a leerles”, recordó. Pero la inseguridad terminó afectando también esa tarea: “Tuve que dejar porque me rompían el alambrado, no se podía seguir así”.
El conflicto tomó una nueva dimensión tras el cambio de concesión del predio a un grupo privado. “Perdimos el contacto. Mandé correos electrónicos y nunca respondieron”, aseguró. Actualmente reclama elementos que, según denuncia, nunca le devolvieron: “Estoy reclamando la lona, caballitos, figuras. Me mandan de un lado a otro”.
Incluso identificó a funcionarios con los que realizó gestiones: “En Inspección General está Beltrán y después siguió Candela Martínez. Me mandaron al COM, al EMSUR, pero me tienen dando vueltas”. La sensación que le dejó todo el proceso es demoledora: “Parece que lo han tomado como un botín de guerra”.
La situación lo afecta emocionalmente. “Le dije a la abogada que me siento muy mal, de noche no puedo descansar, siento que estoy cayendo en una depresión”, confesó.
A pesar del dolor, mantiene una esperanza: recuperar un proyecto que para él representaba mucho más que una calesita. Cuando finalmente pudo recuperar algunas pertenencias en Santa Paula encontró un viejo fichero con material educativo que utilizaban en el lugar. “Había folletos sobre estímulo a la lectura infantil, cuándo empezar a leerles a los niños, los beneficios de la lectura”.
Y concluyó con una frase que resume el sentido profundo de su reclamo: “Eso es cultura, eso es formación y están jugando con el patrimonio de la cultura, el patrimonio de la ciudad”.