El psiquiatra y neurólogo Enrique De Rosa analizó en la 99.9 cómo impacta el invierno en el cuerpo y la mente. Explicó que la reducción de horas de luz modifica los ritmos biológicos, advirtió sobre la tendencia a confundir emociones normales con patologías y señaló que existen casos específicos de depresión estacional.

El invierno trae consigo cambios que muchas personas perciben en su estado de ánimo, sus niveles de energía y su rutina cotidiana. Para el psiquiatra y neurólogo Enrique De Rosa, estas modificaciones no son una simple percepción subjetiva sino la consecuencia de procesos biológicos profundamente vinculados a los ritmos naturales.
En diálogo con la 99.9, explicó que “los ritmos externos dictan nuestros ritmos internos” y que la disminución de las horas de luz solar tiene efectos concretos sobre el funcionamiento del organismo. “Sabemos desde hace unos cuantos años que implican cambios neurobiológicos. Evidentemente nuestro funcionamiento es diferente. No es mayor ni menor, pero sí es diferente”, señaló.
De Rosa indicó que, aunque los seres humanos no hibernan en sentido estricto, existe un comportamiento comparable: “En algún punto nuestro organismo sí funciona así, y a veces eso se expresa por cuadros sintomáticos. La clave es entender que nuestro organismo no funciona exactamente igual todo el tiempo”.
El especialista remarcó que la sociedad moderna suele ignorar cuestiones elementales relacionadas con la naturaleza. “Hay que empezar a darnos cuenta de que existen cuestiones absolutamente elementales sobre las cuales hemos pasado por alto. Las leyes de la naturaleza, por más que nos dotemos de fármacos o de tecnología, ejercen una función sobre nosotros porque somos parte de ese sistema”, afirmó.
En ese sentido, cuestionó la idea de que el ser humano está separado de su entorno: “Nos sentimos separados del resto del cosmos, del universo o de la naturaleza, y vivimos como si eso fuera así. Cuando uno menciona estas cosas parece una doctrina New Age, pero es simplemente una obviedad”.
Para De Rosa, comprender y respetar esos ritmos permite mejorar el rendimiento y el bienestar. “Cuando uno puede adecuar los ritmos de funcionamiento a los ritmos externos y hace pequeños cambios, las posibilidades de rendimiento son totalmente diferentes y superiores”, sostuvo.
El médico también puso el foco en las exigencias sociales contemporáneas. “Somos sociedades en las cuales el rendimiento se ha endiosado, pero sin saber exactamente qué es ese rendimiento. Se ha puesto por delante una estructura rígida de funcionamiento en lugar de preguntarnos qué es realmente lo que se puede hacer”, explicó.
Por eso, recomendó que cada persona aprenda a reconocer sus propios ritmos biológicos. “Lo importante es darse cuenta cuál es la forma de jugar con esos ritmos sin sentir que se está luchando contra ellos. Eso es algo totalmente diferente”, indicó.
Consultado sobre la relación entre invierno y depresión, De Rosa realizó una distinción importante entre emociones normales y enfermedades. “Hay un problema en nuestra cultura: hemos medicalizado las emociones”, afirmó. Y agregó: “La tristeza no es una enfermedad. Las emociones, en principio, no son enfermedades”.
Según explicó, muchas veces las personas interpretan estados emocionales normales como síntomas patológicos. “Hay gente que en invierno tiene menos energía por la cantidad de luz solar o por su cronotipo. Aparece una sensación de tristeza, de cansancio o de menor vitalidad. Si inmediatamente eso se confunde con una pérdida de rendimiento o con una enfermedad, es probable que la persona se sienta aún peor”, señaló.
No obstante, aclaró que existen cuadros clínicos específicos vinculados a la estación. “La depresión estacional existe como cuadro clínico y se conoce desde hace muchísimos años”, indicó. Recordó incluso su experiencia profesional en Europa, donde conoció las salas de luminoterapia utilizadas para tratar este tipo de trastornos. “Se aplican con mucho éxito en personas con cuadros de depresión estacional”, destacó.
Sin embargo, precisó que la mayoría de los casos no corresponden a una enfermedad psiquiátrica. “Lo que básicamente hay es cierta tristeza, cierta involución, cierto agotamiento que hace que la gente se sienta con menos energía”, explicó.
Finalmente, advirtió que los factores climáticos suelen mezclarse con otras preocupaciones de la vida cotidiana. “El tiempo incide. La menor luz solar y el frío son factores importantes, pero también está esa conexión inconsciente que hacemos con otras cuestiones, como la situación económica o social”, señaló.
Y concluyó que el principal desafío es evitar interpretaciones erróneas de esos cambios emocionales: “La fluctuación es normal. Hay épocas en las que vamos a tener más energía y otras en las que debemos adecuar esa energía a nuestras actividades. El problema aparece cuando intentamos forzar esa posibilidad”.