
La imagen de los hechos de violencia ocurridos en Irlanda del Norte, en la que se ve a manifestantes católicos y protestantes unidos en una misma causa, debería llamar a una rápida reflexión.
El 8 de junio, cerca de las 22:30 hs, Stephen Ogilvie, un hombre discapacitado de 44 años, fue atacado a cuchillazos en Kinnaird Avenue, en el norte de Belfast. El acusado es un hombre sudanés de 30 años que había solicitado asilo en el Reino Unido y fue imputado por intento de homicidio, amenazas de muerte y portación de un arma blanca. Llegó al Reino Unido en 2023 vía París y Dublín, y el Ministerio del Interior británico confirmó que es un refugiado sudanés con permiso de residencia legal vigente hasta 2028. La víctima quedó en coma y perdió un ojo. Esos son los hechos objetivos.
A partir de allí, se desató una situación de estallido social virulento que medios de distinta orientación política y social calificaron de «pogromo» o «cacería planificada». El 9 de junio se vieron en Belfast imágenes de casas, comercios y vehículos incendiados; hubo personas que quedaron sin hogar después de que los amotinados fueran puerta por puerta intentando identificar viviendas ocupadas por inmigrantes. Veintisiete personas perdieron su casa, y al 12 de junio había diecinueve detenidos, varios por incendio intencional. El gobierno informó que doce policías resultaron heridos en lo que el secretario para Irlanda del Norte, Hilary Benn, calificó de «matonaje racista». El diario The Times habló de un «pogromo de los tiempos modernos» y el Irish Times, de «un pogromo de base racial». Por lo general, estos medios representan posturas encontradas en la mayoría de lo que determinan sus líneas editoriales y su historia desde el siglo XIX.
Irlanda del Norte vivió más de una semana de disturbios en junio de 2025 tras la imputación de dos adolescentes rumanos por el intento de violación de una niña en Ballymena. Los datos oficiales de registran 2.367 incidentes con motivación racial en los doce meses hasta marzo de 2026, un alza de 561 respecto del año anterior, con lo que los disturbios de esta semana son parte de una trayectoria ascendente, no un estallido aislado. Irlanda del Norte tiene su propia memoria reciente, desde los disturbios de Dublín en 2023, a la tensión frente al hotel Citywest en 2025.
Obvio es que esta situación no es excluyente de dicho país y cubre todo el escenario europeo. Una clave: en todos los casos de atacantes de origen extranjero, en todos los países de la Unión Europea, siempre hay de por medio un diagnóstico de serios problemas de salud mental. Como ejemplo, en el caso de Aschaffenburg, Baviera, el 22 de enero de 2025, un solicitante de asilo afgano de 28 años, Enamullah Omarzai, mató a dos personas e hirió a tres en un parque con un cuchillo de cocina. Una de las víctimas fatales fue un nene de dos años de origen marroquí; la otra, un transeúnte de 41 años que murió tratando de proteger a los chicos. Omarzai debía haber abandonado el país desde diciembre de 2024; había sido diagnosticado con esquizofrenia y en octubre de 2025 el tribunal ordenó su internación psiquiátrica indefinida tras declararlo no responsable penalmente.
En todos los casos es así: las autoridades ceban el escenario y el final de esta historia tiene todo para ser un lamentable y triste baño de sangre.