Ernesto Calvo: «Argentina necesita dominar la tecnología del litio, no sólo extraer el recurso»

El reconocido investigador del CONICET repasó su trayectoria en la vinculación entre ciencia e industria y explicó cómo nació LitiAR®, la primera empresa argentina dedicada a la extracción directa de litio mediante procesos electroquímicos. Además, planteó la necesidad de transformar el modelo de transferencia tecnológica para acercar la investigación científica al sector productivo.

El investigador del CONICET Ernesto Calvo considera que la Argentina enfrenta una oportunidad histórica con el litio, pero advierte que el verdadero desafío no pasa únicamente por explotar el recurso natural, sino por desarrollar la tecnología que permita agregar valor desde el conocimiento científico. Esa convicción fue la que lo llevó, junto a un equipo de investigadores y una empresa nacional, a crear LitiAR® Sustainable e-DLE SA, una startup especializada en extracción directa de litio mediante procesos electroquímicos.

Con una extensa trayectoria en investigación, Calvo recordó que su acercamiento a la vinculación tecnológica comenzó durante sus años de formación en el INTI, cuando la idea de una «ciencia para el pueblo» impulsaba proyectos orientados a resolver problemas concretos de la industria nacional. «Mi contacto con el INTI me puso en relación con empresas pymes para desarrollar tecnologías que reemplazaran productos importados y también con grandes empresas para resolver problemas industriales. Más tarde, cuando fui a Estados Unidos, comprobé que allí existía una fuerte articulación entre universidades, empresas y Estado para impulsar desarrollos tecnológicos», explicó.

El interés por el litio surgió en 2011, durante una visita a los salares jujeños. «Cuando vimos la magnitud de la producción entendimos que nuestro trabajo podía orientarse hacia algo verdaderamente estratégico para la Argentina», señaló. A partir de esa experiencia comenzaron a desarrollar un método alternativo al tradicional sistema de evaporación solar.

«El proceso actual tarda entre 12 y 18 meses, consume enormes cantidades de agua y utiliza una gran cantidad de reactivos químicos. Nosotros buscamos una tecnología que redujera los tiempos, no consumiera tanta agua, no generara residuos y no utilizara reactivos químicos», explicó. La solución fue aplicar el mismo principio de funcionamiento de las baterías de ion-litio para extraer selectivamente el mineral presente en las salmueras.

Tras superar las primeras etapas de investigación y validar el funcionamiento del sistema, el equipo comprendió que necesitaba un nuevo esquema para continuar creciendo. «La Universidad y el CONICET ya no eran suficientes para dialogar con las grandes compañías del sector. Entonces nos asociamos con Laring, una empresa química argentina con más de 50 años de trayectoria, y creamos LitiAR®, una startup que hoy es la primera y única empresa del país dedicada a la extracción directa de litio por medios electroquímicos», indicó.

Actualmente, la firma busca atraer capitales de riesgo que permitan avanzar hacia una planta piloto y competir en un mercado donde ya participan empresas vinculadas al MIT estadounidense o a la Universidad Monash de Australia. «Nuestro objetivo es conseguir inversión privada para escalar el desarrollo», resumió.

Sin embargo, Calvo considera que el principal obstáculo sigue siendo la forma en que se concibe la transferencia tecnológica en Argentina. «Los sistemas tradicionales funcionan como una especie de catálogo de capacidades, donde se busca qué empresa necesita determinada tecnología. Pero la realidad es otra: las empresas necesitan investigadores capaces de resolver problemas nuevos, aunque no coincidan exactamente con el tema sobre el que publican sus trabajos científicos», afirmó.

Por ello propone la creación de estructuras público-privadas que permitan canalizar inversiones hacia proyectos científicos con aplicación concreta. «Una empresa como LitiAR® puede contratar desarrollos en institutos del CONICET, universidades públicas, la Comisión Nacional de Energía Atómica o el INTI. No se trata de reemplazar la inversión pública, sino de sumar recursos privados para investigaciones específicas», sostuvo.

Para el investigador, ese modelo ya funciona con éxito en países como Alemania, Inglaterra o Estados Unidos y permitiría que los desafíos de la industria argentina se transformen en nuevas líneas de investigación científica. «En lugar de seguir temas que se ponen de moda porque surgieron en laboratorios del exterior, podríamos originar investigaciones a partir de los problemas reales que tiene nuestra propia industria», explicó.

Finalmente, Calvo reflexionó sobre el vínculo entre ciencia y producción. «La curiosidad es el motor de la investigación, como decía César Milstein. Un científico quiere descubrir algo nuevo porque nadie lo hizo antes. Pero alguien tiene que financiar ese proceso. Ahí aparece la relación entre ciencia, tecnología y el mundo productivo. Si logramos fortalecer ese vínculo, la ciencia argentina podrá convertirse en un verdadero motor de desarrollo para el país», concluyó.