La presidenta de la ONG Vida Digna advirtió en la 99.9 sobre la falta de respuestas frente a las adicciones, cuestionó el proyecto de reforma de la Ley de Salud Mental y aseguró que el sistema de atención atraviesa un escenario de abandono. «Las familias están desbordadas y la sociedad perdió de vista que estas personas están enfermas», afirmó.

La presidenta de la ONG Vida Digna, Sandra Álvarez, manifestó su preocupación por la falta de políticas integrales para abordar los consumos problemáticos y alertó sobre las consecuencias que podría generar la reforma de la Ley de Salud Mental que actualmente se discute. En diálogo con la 99.9, sostuvo que la atención de las personas con adicciones atraviesa un momento crítico y reclamó una mirada territorial para enfrentar una problemática que crece de manera sostenida.
«Mucha gente ve chicos en la calle o personas tiradas, pero no tiene conocimiento ni atención sobre el problema de las personas que padecen la enfermedad de la adicción», señaló. En ese sentido, afirmó que «es terrible, es altísima la falta de atención».
Álvarez explicó que desde la organización vienen trabajando para modificar el proyecto de ley que actualmente se debate porque, a su entender, ninguna de las alternativas ofrece una solución adecuada. «Estamos tratando de cambiar una ley. Proponen una ley nueva, pero ninguna de las dos es buena para las personas que lo necesitan», indicó.
Según detalló, una de las normas «le permite al adicto, que ha perdido la conciencia entre el consumo y la vida real, elegir si quiere hacer tratamiento o no», mientras que la otra propuesta «es totalmente extrema, permitiendo que solamente un médico psiquiatra pueda internarlo de urgencia».
«Como todo en este país, nos estamos yendo siempre de un extremo al otro, en vez de juntar lo bueno que tiene cada uno con la experiencia», reflexionó. Por eso insistió en que «este es un trabajo de territorio, no de escritorio. Hay que recorrer cada zona y ver cuál es la necesidad que tienen para hacer una nueva ley».
Uno de los puntos que más preocupación le genera es la escasez de especialistas. «Si sale este tipo de ley se nos va a complicar mucho más, porque hay 5.000 psiquiatras en toda la Argentina y no van a dar abasto para cumplir con la parte de adicciones», aseguró.
Para la presidenta de Vida Digna, el abordaje debería ampliarse a otros profesionales de la salud. «Yo diría que hasta un médico clínico se puede dar cuenta de que un chico está en problemas. No es necesario ser psiquiatra. Vos pasás al lado de un chico que se está drogando y te das cuenta; yo también me doy cuenta», afirmó. Por eso consideró que «un médico clínico o un médico generalista puede detectar que esa persona está en problemas, aunque sea para iniciar un tratamiento y sacarlo del riesgo grave del momento. Así ampliaríamos muchísimo la atención».
Durante la entrevista también relacionó el crecimiento de enfermedades de transmisión sexual con el consumo problemático de drogas. «Nosotros ya lo detectamos, esto de la sífilis viene también de las unidades penitenciarias, donde tenemos un grave problema«, explicó.
Álvarez comentó que la ONG integra junto al Municipio una mesa de trabajo sobre VIH, sífilis, enfermedades infectocontagiosas y adicciones. «Los que menos se cuidan son los chicos que son adictos, porque no tienen la capacidad de poder hacerlo. Entonces hacen que estos brotes salgan en todos lados porque tienen relaciones momentáneas, no se cuidan y no les podemos pedir que se cuiden cuando ni siquiera están pudiendo cuidarse ellos mismos de la propia droga. Entonces esto avanza, y avanza muy rápido», advirtió.
La dirigente sostuvo además que el problema no puede reducirse únicamente a una cuestión de seguridad. «Necesitamos mucho más trabajo, mucho más compromiso. También hay que abordar a las familias, porque las familias están desbordadas, y a toda la sociedad en sí», afirmó.
En ese sentido, explicó que el deterioro social termina generando una ruptura entre quienes padecen las adicciones y el resto de la comunidad. «Es como que nos separaron. Esa brecha hace que yo no pueda comprender a la persona porque, obviamente, es la que me viene a robar, la que me raya el auto o la que me dice cosas en la calle. A nadie le agrada que pasen esas cosas, pero perdemos el enfoque de que esa persona no está bien».
Por eso fue contundente al rechazar las respuestas parciales frente al problema: «Con una patrulla municipal sola no alcanza, ni podemos empezar. Hay que hacer un trabajo mucho, mucho más grande, con profesionales y con gente que tenga ganas de hacer las cosas, porque hay mucha gente trabajando en esto que no tiene ganas de hacerlas».