El médico especializado en clínica médica, medicina funcional y antiaging explicó por qué cada vez más personas se sienten cansadas pese a dormir varias horas. Alertó sobre el impacto de la cena tardía, el uso de pantallas, el estrés permanente y los malos hábitos sobre la calidad del sueño y la salud.

«Vivimos cansados aunque durmamos», una sensación cada vez más frecuente, tiene explicaciones que van mucho más allá de la cantidad de horas que una persona permanece en la cama. Así lo explicó el médico Adolfo Cordonnier en diálogo con la 99.9, donde aseguró que el verdadero problema está en la calidad del descanso y en los hábitos que alteran el funcionamiento natural del organismo.
«Tenemos unos genes que se llaman clock, que regulan el ritmo circadiano. Se activan con la luz natural, por eso es importante cuando uno se levanta abrir la ventana y mirar el horizonte. Cuando llega la oscuridad, todas esas vías se apagan para que el organismo entre en una etapa de reposo», explicó.
Durante ese proceso nocturno ocurren funciones biológicas fundamentales. «Sube la melatonina, se inhiben distintas vías metabólicas, por ejemplo las que regulan el azúcar, el páncreas produce menos insulina y el organismo aprovecha para hacer una enorme cantidad de tareas de reparación», indicó.
Sin embargo, los hábitos modernos interfieren con ese mecanismo natural. «Uno de los errores más grandes que cometemos es cenar tarde. Al cenar tarde encendés de vuelta la máquina y después no podés dormir bien porque el organismo no está apagado. Lo mismo pasa si hacés actividad física a las once de la noche, jugás al fútbol, después te bañás, comés algo o tomás una cerveza con amigos y llegás a tu casa a la una de la mañana. Te va a costar dormir».
A eso se suma el uso permanente de pantallas. «Si estás con la televisión, la computadora o el celular hasta la una de la mañana, esa luz entra por los ojos, inhibe la producción de melatonina y no producís la hormona del sueño. Todo eso termina siendo un combo que hace que el descanso no sea el adecuado».
El especialista señaló que hoy la evidencia científica recomienda dormir entre siete y nueve horas. «Menos de siete sería perjudicial y más de diez también. Dormir catorce horas por día tampoco es bueno, porque se asocia con más deterioro cognitivo y más demencia. Pero también depende de cada persona: hay quienes con seis horas descansan perfectamente».
Lo verdaderamente importante, aclaró, es que el sueño sea reparador. «Eso depende de las distintas fases del sueño, desde el superficial hasta el sueño REM. Durante ese proceso el cerebro hace una limpieza y se desinflama. Lo que después lleva a la demencia y otros trastornos es la neuroinflamación».
Cordonnier explicó que mientras dormimos el organismo realiza un proceso denominado autofagia. «Se autocome todas las proteínas y organelas que están en mal estado y las elimina. Para eso hay que dormir. Si no dormís, ese proceso no puede hacerse correctamente».
Consultado sobre los estilos de vida del pasado, destacó que muchas comunidades longevas compartían hábitos muy distintos a los actuales. «En las llamadas zonas azules, como Italia, Grecia u Okinawa en Japón, la gente vivía en contacto con la naturaleza, tenía un propósito de vida, trabajaba en comunidad, hacía actividad física sin ir al gimnasio porque trabajaba la tierra y comía comida real, natural, no ultraprocesada».
A su entender, esos factores siguen siendo determinantes para una vida saludable. «Las cuatro cosas que más se relacionan con la longevidad saludable son la comida natural, el trabajo o la actividad física cotidiana, dormir adecuadamente y tener un propósito de vida».
El médico vinculó además el cansancio cotidiano con un fenómeno mucho más profundo. «La fatiga es un síntoma de inflamación crónica silenciosa. Es una inflamación que tenemos en el cuerpo como mecanismo natural de defensa, pero que hoy se mantiene activada por el estrés permanente».
En ese sentido recordó que el estrés fue diseñado biológicamente para situaciones puntuales de supervivencia. «Como animales deberíamos estresarnos cuando aparece un depredador o cuando tenemos que salir a cazar. Hoy tenemos estrés laboral, estrés económico, preocupaciones constantes y vivimos bombardeados todo el tiempo. El organismo interpreta que está permanentemente amenazado y responde con inflamación».
Respecto de los horarios para comer, sostuvo que la ciencia actual recomienda respetar la denominada «regla del tres». «Lo ideal es cenar tres horas antes de acostarse. Sé que no siempre es fácil, pero si por cuestiones familiares terminás cenando a las nueve de la noche, lo mejor es que sea una comida frugal y no la principal del día. Desayuná bien, almorzá bien y hacé una cena liviana».
También relativizó las excepciones. «Un partido de fútbol o una reunión con amigos no cambian la salud. Un día no importa; lo que importa es el día a día. Relajate y disfrutá esos momentos».
Por último, destacó los beneficios de la siesta cuando se realiza correctamente. «La gente que duerme siesta tiene menos demencia. Lo ideal son veinte minutos, no más de media hora. Es como desconectar el cerebro un rato. Si dormís tres horas después no vas a dormir a la noche, pero veinte minutos te permiten levantarte mucho más activado y focalizado».