
Fue una semana dura en la FM 99.9: Por un lado, estaba prevista una charla con la mamá de Johana Stanley. También, se comunicó con la producción Judith, la abuela de Leila Lima. ¿Tenés idea de quiénes son? Diría que, la gran mayoría, no lo sabe.
En su momento, los hechos que protagonizaron Leila y su hermana Alana en la localidad de Sallent, en Cataluña, tuvieron una fuerte cobertura de los medios tanto en España como en Argentina y en particular en Mar del Plata, ciudad de origen de su familia.
La justicia española determinó que el suceso en cuestión tuvo que ver con el padecimiento que Alana sufría —siempre según el fallo judicial— por su disforia de género y que nada tuvo que ver con las situaciones de acoso que se dieron en la institución educativa a la que asistía, la cual no pudo hacer nada por ella.
Por otro lado, Johana Stanley había comenzado a hacer delivery en bicicleta y, gracias a ese esfuerzo, logró comprarse una moto. Se la robaron. Adquirió otra, y fue asaltada por criminales —denominados «motochorros» que la balearon y la dejaron cuadripléjica.
En ambas situaciones, el rol del Estado debería ser imperioso, no dialéctico ni ideológico. Pero, tanto en el capítulo provincial como en el municipal, la respuesta es la ausencia absoluta. La soledad es total.
Frente al dolor y a la ira de lo que determinó el destino para estas dos personas —Leila, una niña de (hoy) 16 años, y de una joven mujer, Johana—, ellas están a su suerte. Sólo cuentan con su familia.
Por su parte, la abuela de Leila pide darle voz a una denuncia por maltrato en el CEMA, establecimiento en donde, para realizarse una tomografía, los turnos se dan en el plazo de los seis meses. Viviana, la mamá de Johana, explica que, en el IPS, le señalan que, para otorgar una pensión por discapacidad, los plazos serán, con suerte, de seis a ocho meses.
Obviamente que, ante estos sufrimientos individuales, no hay ningún título periodístico. Pasó el tiempo, y ninguno de los casos ya se considera noticia. Las noticias pasan, hoy por hoy, por las víctimas de lo acontecido recientemente en el skate park, básicamente dándole aire a un abogado que siempre genera contenido mediático. ¿Por cuánto tiempo? Hasta que la tinta se seque, junto a la sangre derramada.
Las situaciones que revelan tanto la abuela de Leila, como la madre de Johana, dicen mucho del desamparo absoluto que impera en nuestra sociedad. Y no es de hoy, es de siempre.
No se trata sólo del Estado en sus formas establecidas. Hay una actitud generalizada de ir de un tema a otro de manera ansiosa, como si todo fuera un espectáculo digno del circo romano. Una indiferencia brutal que se convierte en una condena eterna para el que sufre y para su entorno.
En tanto, el intendente sustituto agota medios hablando de sí y de su sueño de ser intendente de la ciudad en entrevistas acordadas y en pactos bajo la mesa con aquel a quien sienten como alguien poderoso. Millones que se van a la nada misma, para engordar el bolsillo de unos pocos.
Pedir que a Mar del Plata la hagamos entre todos, significa, primero que nada, un nivel mínimo de compasión por quienes sufren.
La anomia emocional, es total. Sólo hay ego y estulticia.
