
La mayor potencia exportadora de hidrocarburos del planeta está racionando la nafta. Se ven colas de varios días frene a las estaciones de servicio, desde Rostov del Don a la propia Moscú. ¿Está Rusia perdiendo la guerra?
Y es que, desde mayo, Ucrania intensificó su campaña de drones de largo alcance contra la retaguardia energética rusa y alcanzó ya a las diez mayores refinerías del país, incluida la de Omsk —a 2.500 kilómetros del frente y responsable de cerca del 7% de la capacidad nacional—, la cual fue atacada el pasado lunes 6 de julio. En 2024, el alcance de esas armas no superaba los 1.200 kilómetros. El Estado Mayor ucraniano asegura que el 42,7% de la capacidad de refinación rusa está fuera de servicio, y las estimaciones independientes citadas por CNN calculan que la producción de gasolina corre un 20% por debajo de la demanda interna.
Las consecuencias puertas adentro impresionan: más de 50 de las 83 regiones rusas reconocen oficialmente problemas de abastecimiento, con racionamientos que afectan a unos 50 millones de personas, el 35% de la población. En Crimea rige desde el 21 de junio el estado de emergencia y la prohibición total de venta de combustible a particulares, y la refinería de Moscú —que cubría el 60% de la demanda de la capital— quedó fuera de servicio hasta comienzos de 2027.
El domingo pasado, en la televisión estatal, Vladímir Putin reconoció: «Actualmente observamos cierta escasez, aunque no es crítica», y señaló como tarea más urgente multiplicar los sistemas de defensa antiaérea, en lo que es una confesión absoluta de vulnerabilidad. También, este viernes, el vicepremier Alexandr Nóvak, citado por la agencia TASS, aseguró: «Debemos reconocer que hay problemas y existe un déficit, por lo cual observamos colas».
La situación es catastrófica y la respuesta de Rusia es continuar atacando sectores civiles con una política de terror que día a día demuestra no ser capaz de quebrar la voluntad ucraniana de sostener la guerra. Como si esto fuera poco, el gigante energético compra afuera lo que ya no puede producir: Moscú prohibió la exportación de diésel e importó de Bielorrusia, solo en junio, la friolera de 141.000 toneladas de gasolina —141 veces más que un año atrás—, mientras recibía de la India 60.000 toneladas despachadas en dos buques; es decir, recompra a precio internacional la nafta refinada con su propio crudo. En este marco, Kazajistán, temeroso de sanciones secundarias, se excusó alegando un «mantenimiento periódico» de sus plantas.
Los ingresos rusos por hidrocarburos corren en 2026 un 40% por debajo de los del año pasado. La situación actual, no imaginada por nadie, es la gran sorpresa del siglo XXI.