Guillermo Colella, vecino del barrio Constitución, advirtió sobre el avance de construcciones de mayor densidad en la zona y aseguró que el crecimiento urbano está afectando la infraestructura, el paisaje y la calidad de vida. Además, reclamó que se preserve el perfil residencial del sector.

La preocupación por el futuro urbanístico del barrio Constitución volvió a instalarse entre los vecinos. Guillermo Colella, uno de los referentes de la convocatoria realizada el último sábado para analizar las modificaciones al Código de Ordenamiento Territorial, aseguró que el objetivo es impedir que continúe un proceso de transformación que, según sostuvo, «destruye el barrio para convertirlo en otra cosa».
En diálogo con la 99.9 explicó que la reunión contó únicamente con la presencia de la concejal María Eva Ayala, mientras que lamentó la ausencia del resto de los bloques políticos. «Sabemos que cuando la población busca hacer propuestas cuesta que se los escuche», señaló.
Colella indicó que el barrio fue concebido como un sector residencial de baja densidad y que esa característica se fue modificando con el crecimiento urbano.
«Originalmente el barrio tiene categoría R7, que significa un lugar de muy baja densidad de población, con aproximadamente 150 familias por manzana y construcciones de planta baja más dos pisos. Está muy cerca de una reserva forestal y todo fue pensado para mantener un barrio parque, teniendo en cuenta la luz natural, la absorción de las lluvias por parte del terreno y una infraestructura acorde a esas características», explicó.
Sin embargo, sostuvo que ese diseño original comenzó a alterarse hace más de dos décadas con cambios de zonificación sobre las principales avenidas.
«Sobre Constitución y la Costa se permitió construir edificios de hasta ocho pisos. Eso ya nos está quitando luz. Hay vecinos que tienen entre dos y tres horas menos de sol por día. Antes veíamos salir el sol y el mar; ahora ya no. Además están talando árboles para construir edificios y desconfigurando completamente el barrio», afirmó.
Para Colella, el problema no se limita al impacto visual sino que compromete seriamente los servicios públicos. «Si usted coloca un edificio de ocho pisos y lo llena de gente, obviamente aumenta el consumo de gas, de electricidad, el uso de las cloacas y la demanda de agua. La infraestructura fue diseñada para un barrio mucho más chico y hoy se le exige un rendimiento propio de una categoría superior», señaló.
El vecino aclaró que no se opone al crecimiento de Mar del Plata, pero pidió que ese desarrollo sea planificado.
«Nosotros entendemos el crecimiento de la ciudad, no lo combatimos. Lo único que decimos es que debe hacerse de forma organizada, sin destruir los barrios. Que construyan donde no estén perjudicando el valor de las propiedades, la infraestructura existente y la calidad de vida de quienes ya vivimos acá», sostuvo.
Como ejemplo de las consecuencias actuales mencionó los problemas que ya padecen los residentes.
«Desde que comenzaron las construcciones sobre la costa percibimos una baja en la presión del agua durante todos los veranos. También tenemos microcortes de energía, fluctuaciones eléctricas y dificultades para reparar la red porque los cables están trabajando muy exigidos. Hoy cada corte de luz implica quedarse sin internet, sin telefonía y hasta con problemas en los sistemas de alarma», detalló.
Según explicó, si bien algunos desarrolladores realizan obras complementarias, esas intervenciones no alcanzan para resolver el problema de fondo.
«Se instaló una pequeña planta eléctrica como compensación por algunos edificios, pero el resto del tendido sigue siendo el mismo. Los edificios nuevos incorporan climatización eléctrica y consumos que la red original nunca estuvo preparada para soportar», indicó.
La principal inquietud de los vecinos, aseguró, pasa por proyectos que contemplarían nuevas recategorizaciones para amplias zonas del barrio.
«Nos han mostrado planos donde todo el sector comprendido entre la Costa y Carlos Tejedor, y entre Constitución y Estrada, pasaría a categorías R8 e incluso R9. Cada cambio de categoría prácticamente duplica la cantidad de población. No sabemos en cuánto tiempo piensan hacerlo, pero ya tenemos problemas con edificios que ni siquiera están completamente ocupados», advirtió.
Finalmente, insistió en que el reclamo apunta a preservar la identidad del barrio y evitar que el desarrollo urbano avance sin planificación.
«Nosotros no estamos pidiendo que se construyan edificios ni tampoco otro tipo de urbanización. Lo único que queremos es que dejen en paz al barrio. Si la infraestructura está llegando al límite, lo que corresponde es ordenar el crecimiento y no seguir forzando un sistema que ya muestra señales de saturación», concluyó.