El Licenciado en Ciencias Biológicas analizó en la 99.9 el renovado interés por las reservas de uranio del país, el impacto del Plan Nuclear impulsado por el Gobierno y el crecimiento de las inversiones mineras. Además, advirtió que la burocracia y algunas regulaciones provinciales siguen siendo uno de los principales obstáculos para el desarrollo del sector.

El renovado impulso que el Gobierno Nacional busca darle a la industria nuclear y el crecimiento de las inversiones mineras volvieron a poner en el centro del debate el enorme potencial geológico de la Argentina. Para el Licenciado en Ciencias Biológicas Ignacio Rovira, el escenario es inédito, aunque todavía existen trabas burocráticas y regulatorias que deben resolverse para aprovechar plenamente esa oportunidad.
En diálogo con la 99.9, explicó que la explotación del uranio y el desarrollo de la industria nuclear estuvieron durante décadas condicionados por factores económicos y políticos. «A partir de los años 90, con la caída de los precios y la demonización que sufrió la industria nuclear, la burocracia terminó tomando el control y poniendo un freno al desarrollo. Ese freno todavía sigue vigente y ahora los buenos resultados que empiezan a aparecer necesitan una burocracia que acompañe y no obstaculice el crecimiento», señaló.
El especialista indicó que el nuevo Plan Nuclear presentado por el Gobierno fue el principal disparador para revisar el verdadero potencial argentino en materia de uranio. «El plan no involucra solamente el desarrollo de reactores, sino toda la cadena de valor, desde los subproductos nucleares para aplicaciones médicas hasta el combustible nuclear. Eso obligó a reanalizar las reservas que históricamente se conocían», explicó.
Recordó que «desde la década del 80 Argentina mantenía como referencia unas 34.000 toneladas de reservas de uranio distribuidas en alrededor de 13 yacimientos», aunque aclaró que esos números permanecieron prácticamente congelados durante más de cuatro décadas. «Hoy, con nuevas tecnologías y mejores métodos de exploración, es lógico volver a estudiar esos yacimientos porque la estimación puede cambiar», sostuvo.
Para Rovira, el desarrollo del sector abre perspectivas muy importantes para el país. «Argentina tiene una estructura técnica vigente. Contamos con una de las escuelas más importantes en materia nuclear, como el Instituto Balseiro, que sigue formando profesionales permanentemente. Además están la Comisión Nacional de Energía Atómica, Nucleoeléctrica, Dioxitek y muchas empresas vinculadas al sector que todavía conservan un enorme capital técnico», destacó.
En ese sentido, consideró que el desafío no pasa por empezar desde cero, sino por potenciar las capacidades existentes. «No tenemos una falta de capacitación; lo que necesitamos es poner en valor esa estructura, potenciarla y darle rienda suelta al desarrollo, probablemente con una mayor participación del sector privado siguiendo la línea del Plan Nuclear Argentino», afirmó.
Consultado sobre el impacto que está teniendo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el especialista fue optimista. «Todos los anuncios son positivos. El RIGI abrió la puerta para que muchos proyectos que estaban estudiados desde hace años finalmente obtengan luz verde. Ningún proyecto de esta magnitud aparece de un día para el otro; las compañías ya venían analizando el potencial argentino y esperaban las condiciones adecuadas para invertir», explicó.
Como ejemplo mencionó iniciativas de gran escala que comenzaron a consolidarse. «Hemos visto anuncios espectaculares como Vicuña, Hualcamayo, numerosos proyectos de litio y el enorme potencial del cobre. Argentina tiene que competir con países como Chile y Perú, que obtienen excelentes resultados en minería», indicó.
Sin embargo, recordó que se trata de una actividad cuyos tiempos son muy distintos a los de la política. «La minería trabaja con plazos larguísimos. Un proyecto puede necesitar 30 años para recuperar la inversión, mientras que un mandato presidencial dura cuatro. Por eso las empresas actúan con muchísima cautela y necesitan reglas estables», señaló.
Rovira destacó que ya existen señales concretas de que algunos emprendimientos comenzaron a avanzar. «Hay proyectos que están despegando y ya se observa una demanda importante de personal, lo que indica que efectivamente comenzaron a caminar. Pero también debemos tener paciencia porque son inversiones enormes», afirmó.
Uno de los principales obstáculos, advirtió, continúa siendo la complejidad regulatoria que existe en distintas provincias. «Muchas jurisdicciones sancionaron leyes con un fuerte componente restrictivo desde el punto de vista ambiental y eso hace que toda la maquinaria deba volver a ponerse en movimiento», explicó.
Como contracara mencionó el caso de Mendoza. «En muy poco tiempo logró empezar a revisar su normativa, habilitar la discusión y aprobar estudios de impacto ambiental que antes ni siquiera se analizaban. Eso demuestra que los tiempos pueden cambiar cuando existe decisión política», señaló.
Para Rovira, a medida que algunas provincias comiencen a ver resultados concretos, será más sencillo que otras adopten el mismo camino. «Hoy muchas todavía dudan porque políticamente no quieren asumir ese riesgo. Pero la alternativa es resignar recaudación, empleo y desarrollo. Cuando observen que otras provincias generan recursos propios y dependen menos de la coparticipación, seguramente el proceso se irá acelerando», concluyó.