

Un paciente con un claro historial de problemas de salud mental agredió a una enfermera del HIGA, clavándole una tijera en el cuello. A la dirección del hospital, lo único que le importa, es lavarse las manos.
Ante casos graves de problemas de salud mental en los que los pacientes son un peligro para sí mismos y para terceros, no existen, en Mar del Plata, demasiadas opciones: el único ámbito público de atención idóneo —al menos, si la institución en cuestión funcionara como debería— es el HIGA. Es así de sencillo. A pesar de ello, la dirección del hospital, encabezada por el Dr. Matías Tártara, está haciendo un denodado esfuerzo para sacarse de encima a un paciente que, luego de un historial amplio y documentado de episodios gravísimos, fue derivado hacia ese nosocomio y allí —luego de un descuido inconcebible, tratándose de alguien con sus antecedentes— logró armarse con una tijera y agredir a una trabajadora. Pretenden que el paciente sea atendido en un hogar municipal. Deben tener las manos al rojo vivo de tanto frotárselas y frotárselas.
Antecedentes
Según una presentación que hizo el municipio ante la justicia, el paciente en cuestión «ingresó a la Residencia Municipal de Adultos Mayores “Eva Perón” el día 05/02/2026, derivado por el Programa de Oxigenoterapia de la Región Sanitaria VIII, en el marco de una solicitud de admisión tramitada originariamente por el Servicio Social del Hospital Interzonal de Agudos Dr. Oscar Allende desde septiembre de 2021». Luego aclara: «ingresó al Hogar Eva Perón por excepción hasta que su obra social […] le otorgue una residencia acorde a su patología, lo cual hasta la fecha no se ha efectivizado». Continúa: «Desde su ingreso, el Sr. Paredes ha exhibido un cuadro conductual en progresivo deterioro […]. El 01/04/2026 protagonizó un episodio de fuerte disconformidad con el personal de enfermería, en un tono que el propio personal calificó de ofensivo e irrespetuoso, con un estado de ansiedad marcado, que motivó que el personal dejara constancia de la necesidad de una pronta intervención del Equipo Interdisciplinario».
Unos meses más tarde, el deterioro era ya insostenible: «El 27/07/2026 se registró que el residente presentaba estado paranoide y refería temor a que “volaran los tubos de oxígeno” y a la presencia de “enemigos” en su habitación, siendo evaluado por psiquiatría, que ajustó su medicación. […] El 28/07/2026 se dejó constancia de que se confirmó un informe de situación que ameritaba derivación al HIGA, y de que el residente continuaba con actitud de persecución y temor a morir. […] El 02/08/2026 el residente protagonizó un episodio de crisis en el que adujo que alguien lo había envenenado en la comida, y manifestó además haber tenido una recaída de consumo de cocaína que alguien le había “traído”; en ese mismo episodio intentó prender fuego a su concentrador de oxígeno con un encendedor, en la puerta de la institución. […] El 04/08/2026, aproximadamente a las 14:22 hs, el residente salió a la vía pública en un episodio de fuerte agitación, profiriendo gritos de que se iba a morir y que iba a quemar todo, e intentando nuevamente prender fuego a su concentrador de oxígeno a modo de protesta. Debió intervenir personal policial y, posteriormente, una ambulancia del SAME (móvil 107), cuyo personal decidió su traslado al servicio de salud mental del HIGA».
Es entonces cuando sucede el episodio del ataque a la enfermera con una tijera. Es decir: un paciente que ingresa al HIGA en medio de un episodio tan violento que tuvo que intervenir la policía, de alguna forma, logra hacerse de un elemento punzocortante con el que podría haber matado a alguien, o a sí mismo. Lo que terminó pasando, si bien es grave, no llegó a configurar una desgracia: el paciente atacó a una enfermera por atrás y le clavó una tijera en el cuello. Por suerte, pudo ser atendida de inmediato y su vida no llegó a correr peligro.
Lavándose las manos
Continúa la presentación del municipio ante la Justicia: «Pese a la gravedad del episodio relatado supra, el día 5 de agosto de 2026, desde el HIGA se intentó en horas de la noche que el Sr. […] reingresara al Hogar Eva Peron. Lo cual resultaba imposible por existir un protocolo de ingreso formulado para salvaguardar al resto de la población de adultos mayores. Lo más grave es que se intento ingresar al Hogar Eva Peron sin haber mediado evaluación interdisciplinaria previa, sin haber comunicado a VS la gravísima vulneración de derechos del Sr. […] en virtud de su precaria salud y riesgo por adicciones».
Es decir que, luego de que esta persona atacara a una enfermera con una tijera, la dirección del HIGA no tuvo mejor idea que mandarlo de vuelta a una residencia geriátrica: «La Residencia Municipal “Eva Perón” es un establecimiento para personas mayores que se rige por la normativa provincial de residencias geriátricas de la Provincia de Buenos Aires. No es, ni está habilitada ni dotada de personal como, un dispositivo de salud mental ni de tratamiento de adicciones. No cuenta con los recursos profesionales, edilicios ni de seguridad necesarios para abordar adecuadamente el cuadro que presenta el Sr. […], ni para garantizar su propia integridad, la de los demás residentes —personas mayores de sesenta años- muchos de ellos con movilidad reducida, ni la del personal de enfermería, ante nuevos episodios de heteroagresión como el ya ocurrido».
Esta actitud mendaz de tratar de lavarse las manos y no cumplir con su deber en la atención de este paciente ya se trasluce en la información que, desde la dirección del HIGA, se envió a los medios, donde se miente diciendo que el hombre venía «derivado desde otro centro médico» cuando, claramente, la Residencia Municipal “Eva Perón” no lo es.
No conforme con ello, la dirección del Hospital Interzonal General de Agudos “Dr. Oscar Alende” envió un comunicado interno en donde expresa: «El paciente involucrado ingresó a la guardia del Hospital […] desde el Hogar Municipal «Eva Perón», institución donde reside de manera permanente desde febrero de 2026». Continúa: «Una vez resuelto su situación de salud, y contando con la evaluación del área de Salud Mental que determinó que no requiere internación especializada, se le otorgó el alta médica. Paralelamente, tomó intervención la UFI N.º 1 quien determinó que las actuaciones tramitaría por “lesiones leves”».
Sigue: «Sin embargo, a pesar del alta médica otorgada, el paciente fue rechazado en reiteradas oportunidades por las autoridades del Hogar Municipal y derivado nuevamente a nuestra guardia, donde permanece actualmente. Esta Dirección comparte plenamente el malestar y la incomodidad que esta situación genera en todo el personal. Es un hecho inaceptable que se intente deslindar responsabilidades devolviendo a un hospital de agudos a una persona que no requiere hospitalización, ocupando una cama y recursos sanitarios indispensables para la comunidad. Por este motivo, ya hemos iniciado las acciones correspondientes, incluido el seguimiento de expedientes en fiscalía especializada y el juzgado de familia, para que la Secretaría de Desarrollo Social de la Municipalidad de General Pueyrredon, a cargo de Guillermo Schütrumpf, asuma de manera inmediata la tutela y resguardo que le corresponden sobre el residente».
Es decir: fallaron nuestros protocolos, sometimos a una trabajadora del hospital a un episodio de violencia que le podría haber costado la vida y, ahora, para manejar el obvio malestar que esta imprudencia provocó en el personal del nosocomio, queremos encontrar la manera de, sea como sea, deshacernos de una persona con problemas de salud mental que no cuenta con cobertura de salud y que no puede ser internada en otro lugar que en el HIGA.
Si estuviéramos hablando de otra institución, podríamos cerrar la nota preguntándonos si hace falta que muera un trabajador del hospital para que algo cambie, pero no… estamos hablando del HIGA, y esa desgracia ya sucedió.
