El juez de la Cámara Penal de Apelaciones y Garantías del Departamento Judicial de Azul cuestionó el tratamiento legal diferenciado de los casos de violencia según el sexo de la víctima. “No puede ser que la misma conducta por ser cometida por un hombre tenga una pena mayor que la cometida por una mujer, y que la misma conducta que tenga víctima una mujer sea reprimida con mayor severidad que cuando la víctima es hombre”, sostuvo.

El juez de la Cámara Penal de Apelaciones y Garantías del Departamento Judicial de Azul, Carlos Pagliere (h), puso nuevamente en discusión el tratamiento jurídico de la violencia doméstica y cuestionó lo que considera un sesgo de género en la legislación argentina. En diálogo con la 99.9, a partir de los recientes asesinatos de hombres a manos de sus parejas y del caso de Matías Julián Álvarez Guardia, sostuvo que el principio de igualdad establecido por la Constitución Nacional debe estar por encima de cualquier consideración ideológica.
“En el derecho, por sobre todas nuestras ideologías o por sobre todos nuestros pensamientos, siempre está la Constitución Nacional, que establece en forma clara el principio de igualdad legal entre hombres y mujeres. Y eso debe primar por sobre todo”, afirmó.
Pagliere reconoció que el movimiento feminista tuvo un papel importante al sacar la violencia doméstica del ámbito privado y convertirla en una problemática que requiere una respuesta estatal. “Uno no desconoce que el feminismo consiguió algo que en su origen era necesario, que era sacar el tema de la violencia doméstica del ámbito privado para convertirla en un problema estatal, para darle publicidad, para darle una solución”, explicó.
Sin embargo, planteó que durante ese proceso se produjo una transformación conceptual que terminó identificando la violencia doméstica exclusivamente con la violencia ejercida por hombres contra mujeres. “En ese recorrido de darle esa relevancia a esas conductas, ocurrió algo más, que fue analizar esas conductas que no son más que manifestaciones de violencia interpersonal bajo la categoría única y común de violencia de género”, señaló.
El magistrado sostuvo que las distintas formas de violencia —psicológica, económica, patrimonial, simbólica o sexual— no tienen una única dirección. “Se trata de conductas que no tienen una dirección única, sino que pueden ser bilaterales, es decir, que pueden ocurrir tanto desde el hombre hacia la mujer como desde la mujer hacia el hombre”, indicó.
Según Pagliere, existe una diferencia entre la frecuencia estadística de determinados hechos y la manera en que la legislación debería responder frente a ellos. Explicó que, aunque los episodios más graves de violencia doméstica son estadísticamente cometidos con mayor frecuencia por hombres, eso no convierte a la violencia en una cuestión exclusivamente masculina.
“Cuando la violencia es psicológica, se circunscribe a lo que son insultos, humillaciones, sexo, celos, control, ahí la mujer tiene más o menos la misma incidencia. Dentro de una pareja, la mujer ejerce una violencia similar a la del hombre, incluso hasta puede ser mayor”, sostuvo.
El juez agregó que cuando la violencia escala hacia lesiones u homicidios aparecen diferencias estadísticas importantes, pero consideró que tampoco allí corresponde establecer una desigualdad jurídica. “Cuando los hechos se transforman en graves e ingresan a la órbita del derecho penal, ocurre que la mayor cantidad de hechos graves, criminales, los realizan los hombres. Pero eso no es una cuestión de género”, afirmó.
En ese sentido, explicó que los hombres también son estadísticamente las principales víctimas de homicidios y delitos intencionales. “Los estudios serios indican que los hombres son más violentos contra los hombres que contra las mujeres. No es una cuestión de dominación. El hombre estadísticamente, naturalmente, es más violento”, sostuvo. Y agregó: “El 81% de las víctimas de delitos intencionales son hombres y el 90% de los ejecutores son hombres. Es decir, no es una cuestión de género”.
Para Pagliere, el problema se trasladó luego al Código Penal con la incorporación del femicidio como agravante. “En el Código Penal eso se plasmó a través de una figura agravada que se llama femicidio, que reprime con prisión o reclusión perpetua al hombre que matare a una mujer”, explicó.
A partir de allí, marcó lo que considera un vacío legal frente a los casos en los cuales la víctima es un hombre. “Existen los casos de mujeres que matan y que lastiman o lesionan a hombres. Y eso es un hecho que no se puede soslayar”, remarcó.
El magistrado fue contundente al cuestionar esa diferencia: “No puede ser que la misma conducta por ser cometida por un hombre tenga una pena mayor que la cometida por una mujer, y que la misma conducta que tenga víctima una mujer sea reprimida con mayor severidad que cuando la víctima es hombre. Eso es inaudito, es algo que no se puede aceptar”.
“Esta distinción es una violación flagrante a la Constitución Nacional y no debe existir”, agregó.
Pagliere aclaró que cuestionar esa diferencia legal no implica desconocer la violencia que sufren las mujeres. “Eso no significa, insisto, no reconocer que la violencia, cuando es ejercida por el hombre, puede escalar más alto o puede ocurrir. Quiere decir que la mayoría de los hechos, uno busca en Internet y encuentra que la mayoría de los hechos son de sangre, son hechos cometidos por hombres contra mujeres”, señaló.
Pero inmediatamente volvió sobre el punto central de su planteo: “Cuando ocurre lo contrario, como ocurrió en el caso de Álvarez Guardia y Cantero, que son esta pareja de Chaco, en la cual Cantero apuñaló a su pareja, no puede ser que la ley establezca una penalidad diferente porque ella es mujer”.
“Cuando la cosa se da vuelta, no puede decir la ley mirar para otro lado. La ley está para reprimir conductas”, enfatizó.
El juez también coincidió con el planteo respecto de la utilización del concepto de violencia de género en casos que, a su entender, deberían ser encuadrados como violencia contra personas vulnerables. Como ejemplo se refirió al caso de un enfermero de un geriátrico acusado de agredir a mujeres mayores.
“Ahí también hay otro vacío legal que tiene que ver con la agresión a personas vulnerables. Primero, como vos decís, no puede ser que haya una… Cuando hay un maltrato, si hubiese sido una enfermera contra un abuelo de 80 años y le hubiese golpeado, sería lo mismo. Es decir, sería igualmente desagradable. Y no es una cuestión de género, es una cuestión de violencia”, afirmó.
“La violencia no tiene género. Que la estadística o la frecuencia indique algo, por una cuestión natural, porque el hombre tenga más fuerza, porque por distintas naturalezas, distintas circunstancias, eso no significa que la violencia sea exclusiva del hombre”, agregó.
Pagliere aseguró además haber conocido casos de hombres víctimas de violencia de pareja y explicó por qué muchos de ellos no llegan a denunciar. “Yo he conocido muchísimos casos de parejas de hombres golpeados. A mí me han consultado hombres golpeados también”, relató.
“Hay dos cosas que hay que tener en cuenta. Primero, el hombre golpeado no denuncia por vergüenza. Así que hay muchísimos casos que la Justicia nunca llega a conocer”, explicó. Y agregó que muchas veces también existe temor a responder físicamente porque “si él devuelve la agresión física, sabe que va a tener más problemas”.
A esto sumó una cuestión cultural: “Muchas veces por una cuestión de crianza, de convicciones, nunca le pegaría a una mujer, porque creo que a todos nos han educado de chicos que a la mujer no se la toca”.
El juez también puso el foco en la dificultad concreta que encuentra un hombre que quiere denunciar una situación de violencia en la provincia de Buenos Aires. “Hoy en la provincia de Buenos Aires están las comisarías de la mujer. Es decir, el hombre tiene que ir a denunciar a la comisaría de la mujer”, señaló.
“Un hombre maltratado y golpeado tiene que ir a la comisaría de la mujer. Entonces es bastante difícil que se identifique como víctima, una persona que tiene que ir a denunciar a un organismo que está orientado y preparado y capacitado para atender mujeres violentadas”, cuestionó.
Para Pagliere, esto no significa que deban eliminarse las políticas públicas destinadas a proteger a las mujeres. “Una cosa es que haya políticas públicas para proteger a las mujeres, que es necesario. Nadie en su sano juicio puede hoy negar el problema de la violencia doméstica y de cómo lo padecen mal las mujeres”, afirmó.
Pero inmediatamente aclaró: “De ahí a establecer disposiciones legales que son absurdas, no tienen sentido”.
El magistrado también rechazó que las diferencias biológicas entre hombres y mujeres puedan convertirse en una justificación para establecer tratamientos legales diferentes. “Hoy lo que es la ley, no hay ninguna diferencia legal entre un hombre y una mujer”, sostuvo.
“Hoy la mujer tiene legalmente exactamente el mismo rango que un hombre. No hay ninguna disposición en Argentina que establezca a la mujer con un rasgo menor”, explicó.
Pagliere reconoció que existen diferencias biológicas, incluso algunas contempladas por la legislación, pero sostuvo que no pueden utilizarse para construir una desigualdad penal. “El hombre en general tiene mayor fuerza y es más violento que la mujer. Esto es una estadística, es una frecuencia y tiene que ver con cuestiones biológicas. Ahora, hay mujeres que son más fuertes que los hombres, hay mujeres que pegan y hombres que no”, explicó.
“Que haya una regularidad que tenga que ver con la biología, eso no puede transformarse en una discriminación legal”, remarcó.
En ese sentido, planteó que la respuesta del sistema debe ser la misma frente a la misma conducta: “Lo que hay que hacer es, bueno, ¿qué pasará? La ley es exactamente igual y, bueno, si el hombre es más violento frecuentemente, será el hombre más frecuentemente el que sea castigado. Pero no puede haber un tratamiento desigual”.
El juez consideró que el debate debe avanzar hacia una revisión de la legislación vigente. “Yo insisto, yo entiendo que en un comienzo tal vez, que no debió haber sido así, yo desde el comienzo esto lo cuestioné, no es una cuestión de hoy, nunca debió haber sido así”, afirmó.
No obstante, reconoció que la discusión sobre violencia de género permitió visibilizar una problemática que durante años permaneció relegada. “Gracias, si se quiere, para verle el lado amable a esta desigualdad legal, gracias a esa perspectiva y que se creó ahí, uno sabe que detrás de modificaciones legales hay lobbies, hay movimientos, hay cuestiones económicas también, se visibilizó un problema que había que visibilizarlo, el tema de la violencia doméstica”, sostuvo.
Pero, a su criterio, ese proceso ya debe dar lugar a una legislación que proteja a todas las víctimas de la misma manera. “Hoy ya está, hoy es hora de que los legisladores digan: bueno, listo, ya esto se visibilizó, ya se hizo, esto hay que hacerlo en forma igualitaria”, afirmó.
Y amplió el alcance de su planteo más allá de la violencia dentro de una pareja heterosexual. “La ley habla del hombre y la víctima mujer, si en una relación hablamos de pareja, porque es lo más común, pero esto puede pasar con un padre a hijo, puede ser un padrastro, otro familiar. Esto puede pasar, no solamente es una cuestión de pareja”, explicó.
También cuestionó que el actual esquema no contemple de la misma manera las distintas configuraciones de pareja. “Puede haber una pareja homosexual, puede ser un hombre contra un hombre o una mujer contra otra mujer, o una mujer contra un hombre. Se está excluyendo todas las posibilidades, salvo cuando es un hombre con una mujer”, señaló.
Incluso sostuvo que el esquema termina dejando desprotegidas a mujeres que son víctimas de otras mujeres. “La desigualdad abarca hasta la misma mujer. Puede ser víctima de otra mujer. Sin embargo, esa mujer golpeada por otra mujer no tiene la cobertura legal de igualdad que corresponde”.
Y cerró con una definición que sintetiza el eje de su planteo: “La ley misma es machista, si se quiere, es decir, machista porque es mujer, aunque la víctima sea mujer. Esto deja de lado la protección y esto no corresponde”.
“La ley tiene que ser igual para todos y no importa. Y lo importante, es decir, lo relevante es que la ley siempre tiene que defender a las víctimas por igual. Se es víctima mujer, se es víctima hombre, se es víctima LGTB, se es víctima de lo que sea. La ley debe proteger siempre a las víctimas y acá hay víctimas que están desprotegidas absolutamente”, concluyó.