Restricción externa: el principio del fin

Durante ochenta años, la economía argentina chocó una y otra vez contra la misma pared: cada vez que el país crecía, se quedaba sin dólares.

Los economistas llamaron a este fenómeno «restricción externa» y fue mucho más que un tecnicismo: fue la matriz de casi todas nuestras crisis. Hoy, por primera vez en décadas, esa pared empieza a ceder.

El mecanismo fue descripto de diferentes formas a lo largo del tiempo. Marcelo Diamand, por ejemplo, en 1972 lo bautizó «estructura productiva desequilibrada»: la economía se expandía, las importaciones crecían más rápido que las exportaciones, los dólares escaseaban y el desenlace era siempre el mismo: devaluación, inflación, caída del salario real y recesión. El famoso «stop and go». Desde mediados del siglo XX, todos los ciclos de crecimiento argentinos murieron por la misma razón: la falta de divisas.

En 2025, la balanza energética cerró con un superávit récord de USD 7.815 millones —exportaciones por USD 11.100 millones—, cuando apenas doce años antes, en 2013, el déficit del sector había rozado los USD 7.000 millones. Y la tendencia se acelera: según la Bolsa de Comercio de Rosario, el primer semestre de 2026 arrojó un superávit energético de USD 6.987 millones, el mayor de la historia para una primera mitad de año, con un salto interanual del 87%. El 79% del aumento exportador se explica por mayores volúmenes y no por precios. Vaca Muerta aporta hoy el 68% del petróleo y el 67% del gas que produce el país.

La energía ya representa más del 15% de las exportaciones argentinas —una participación que no se veía hacía dos décadas—, mientras las compras externas del rubro cayeron al 3% del total importado, el nivel más bajo desde 1999. La BCR proyecta que la balanza energética de 2026 superará los USD 12.000 millones, con exportaciones por encima de los USD 14.400 millones y una producción petrolera que crecería 16% hasta quebrar el récord vigente desde 1998. Y falta lo mejor: el oleoducto VMOS, que une Allen con Punta Colorada, entrará en operación a fines de este año con capacidad para evacuar 550.000 barriles diarios. El presidente de YPF, Horacio Marín, anticipó que en pocos años el país exportará la friolera de un millón de barriles por día.

Por su parte, la minería dejó de ser una promesa. Según informó el ministro de Economía, Luis Caputo, las exportaciones mineras del primer cuatrimestre de 2026 alcanzaron los USD 3.254 millones, récord histórico, con un alza interanual del 84,3%: el litio creció 137,8% y los minerales metalíferos, 77,6%. La Cámara Argentina de Empresas Mineras proyecta más de USD 9.000 millones para todo el año —uno de cada diez dólares que exporte el país— y estima que el cobre podría llevar las ventas del sector a USD 22.000 millones anuales hacia 2032. La Secretaría de Minería contabiliza ocho proyectos cupríferos en estado avanzado —Vicuña, El Pachón, Los Azules, Taca Taca, MARA, San Jorge, Altar y el reinicio de Bajo la Alumbrera— con inversiones estimadas en USD 41.190 millones.

En este contexto, la Argentina suma por primera vez dos generadores netos de divisas que no dependen del clima, junto al aporte histórico de la agroindustria. El superávit comercial total de 2025 fue de USD 11.300 millones y el mercado proyecta exportaciones por unos USD 96.000 millones para 2026, el mayor registro de nuestra historia. Y es que la restricción externa nunca fue una maldición histórica, sino una construcción política. El propio ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, admitió que «al final, los que hablaban de la restricción externa tenían razón», para recordar enseguida que esa pared la levantamos nosotros: una Ley de Glaciares que vedaba la minería, prohibiciones de exportar, defaults seriales que espantaron toda inversión.

Aún hay espacio para que la política meta la cola, porque administrar la abundancia es tan difícil como administrar la escasez y los dólares del subsuelo pueden financiar el desarrollo, o pueden fugarse, como tantas veces sucedió, por la canaleta de la mala macroeconomía.