
Cuando iniciaba la primera intendencia de Guillermo Montenegro, su alter ego Alejandro RAbinovich repetía una y otra vez: «se lo discuto a cualquiera: lo que importa, es la política, no la gestión». Siete años después, queda a la vista que, si no hay gestión, esto se lleva puesto a la política.
Mar del Plata es obviamente una gran urbe, pero que no deja de funcionar como una gran aldea extendida, en la que los mismos errores se repiten —desafortunadamente— a pesar del paso de los años y de los tiempos políticos. La avaricia y la envidia hacen también a diario de lo suyo: la avaricia lleva a muchos a disputas innecesarias que se extienden en el tiempo; la envidia, a esfuerzos desmedidos en joderle la vida a los otros.
Mucho de eso se ve reflejado en la historia que cuenta la nota central de esta edición, cuya atenta lectura permite ver cómo la avaricia llevó a que, finalmente, una larga y extensa investigación judicial impulsada desde La Plata impacte en la ciudad. Causa que, vale aclarar, aún tiene muchos capítulos por ser escritos. No alcanza con mentir sobre los hechos una y otra vez, incluso al propio letrado que actúa en interés de parte.
Mientras se escriben estas líneas, se aguarda el evento climático que, según dicen los meteorólogos y repiten hasta el cansancio las redes, tendrá efectos sumamente dañosos para la ciudad. Ante cada uno de estos desafíos, por falta de gestión, se recurre a armar un relato: si es inseguridad, hay que salir corriendo a anunciar la llegada de fuerzas federales. Si hay un meteoro climático, con videos de viejas acciones, fotos de reuniones repletas de rostros preocupados, etc.
Pero todo eso es político. No hay gestión. Si hubiera gestión, hace años que ya buena parte de lo que ocurre cada vez que los vientos superan los 80 km/h habría dejado de ser un problema. De hecho, hay una ordenanza que busca cambiar el esquema de podas en la ciudad y avanzar con el recambio del arbolado, pero nunca se trató porque es un proyecto de la presidenta del bloque de los unidos patrióticamente.
El HIGA se queja de la derivación de pacientes por fallas del sistema privado y por el cierre del servicio de atención en la Clínica Belgrano para jubilados. Si existiera gestión municipal en salud, buena parte de esa necesidad estaría suficientemente cubierta por el municipio. No lo está, porque las salas de salud y el CEMA están, en todo aspecto que se mida, por debajo de los niveles mínimos.
La gestión es esencial. La recuperación de la aceptación en CABA a Jorge Macri, pasa por la gestión en diversas areas. Sin gestión, como sucede en el escenario de hoy, no hay respuesta política. El «bla, bla» y el verso dejar el número de WhatsApp sirve si, ante el mensaje, hay respuesta. Y lo obvio es que no la hay.
En 2002, el EMVIAL tenía 789 empleados. Hoy, supera los 1100. En el EMSUR, los datos son de similar entidad. Llenaron en los últimos siete años la municipalidad de gente, de incorporaciones propias de lo que llaman «la política». La falta de gestión se los está llevando puestos.
