Penal de Batan, la madraza del delito

Inaugurado el 29 de noviembre de 1980, en la localidad de Batán —considerada, en aquellos años, «extramuros» de Mar del Plata—, fue vendido en su momento, por la propaganda oficial, como una «cárcel modelo». Hoy, el penal de Batán se ha convertido en la madre de todos los males.

La Capital —que, en su momento, fungía de «house organ» del gobierno del ibérico Manuel Saing Jean— señalaba: «Se inaugura una cárcel modelo adelantada en su criterio y ejecución a cualquier sistema carcelario». La promesa oficial era que ingresarían asesinos y ladrones, y egresarían chapistas, pintores, ceramistas, etc. No ocurrió. A diario leemos que reos egresados de Batán, apenas días o incluso a horas de recuperar la libertad, delinquen nuevamente. O que, gozando del beneficio de la libertad asistida, se profugan o delinquen aún portando tobillera. Erradicar el penal debería ser el acuerdo central de la política marplatense.

Tal como esta semana reconoció Vilma Baragiola en una entrevista que le realicé en la FM 99.9, su planteo de trasladar el penal emergió luego de una conversación en la que le explayé mi análisis, señalando que la suerte de la ciudad cambió para mal aquel día de noviembre de 1980. Lo mismo cuenta para el figurante de Emiliano Giri, quien busca atribuirse un concepto que no es propio y del que se bajó a los 30 segundos al percibir la primera crítica de los sectores pro delito de la ciudad, aterrorizado de que éstos lo traten de «facho».

Si bien el dato es huidizo, existe confirmación —por parte de distintos fiscales— de que existe en Mar del Plata una línea intergeneracional de familias que incursionan en el delito. El penal de Batán actúa, en los hechos, no como un medio del Estado para la recuperación del individuo en beneficio de la sociedad, sino como un sistema de curso acelerado para delinquir.

Desde allí se ha generado una sub cultura criminal con códigos propios alejados de la idea de educación, del valor del trabajo y del esfuerzo. Un estudio realizado en Australia por Farrington, Coid y Murray (2009) hallaron que el 63% de los varones con padre condenado terminaron condenados, contra el 33% de los que tenían padre sin condena. Y tener un progenitor condenado antes de los diez años resultó el productor más fuerte de delito posterior. No hay estudios de igual relevancia en Argentina, pero esta realidad es observable por los operadores judiciales que aseguran que esto ocurre. Así lo afirman también los vecinos de distintos barrios de la ciudad.

Vale citar (una vez mas) las palabras de Guillermo Montenegro al asumir la intendencia de la ciudad: «La seguridad va a ocupar un lugar central en mi gestión. Y sé de lo que estoy hablando. Desde mi experiencia como fiscal, luego como juez y después como Ministro de Justicia y Seguridad, voy a aplicar lo que aprendí para volcarlo a favor de la convivencia en nuestro distrito. Entre los vecinos y los delincuentes, yo siempre elijo pararme al lado de los vecinos. Voy a destinar más recursos al área y trabajaré con todas las fuerzas de seguridad en un plan estratégico antidelito. Además, vamos a incorporar tecnología de última generación para prevenir y cuidar a los ciudadanos».

Nada ha sido cumplido. El fraude, es total.