
Una asamblea de accionistas de la empresa Emprendimientos Terminal SA terminó a las trompadas. Más allá de las versiones cruzadas, lo que queda claro es que, quien desde las sombras pretende arrogarse el control de toda una ciudad, ya no puede controlar ni a su propia familia.
Desde hace décadas, Florencio Aldrey Iglesias ha ostentado con impudicia para quien quiera escucharlo el poder que supuestamente ejerce sobre esta ciudad. El vergonzoso vacunado VIP —a quien sólo la mediocre política local podría calificar de «ciudadano ilustre»— viene depredando desde hace décadas a quienes, como él mismo refiriera alguna vez no tienen «orgullo», logrando que bailen a su son y que todos los años se acerquen, con la excusa de un nuevo aniversario del diario que se apropió, a besarle la mano y rendirle pleitesía.
Pero para quienes no viven pendientes de un título en un diario que ya no lee nadie, es evidente que su estructura de poder de papel pintado cada vez se sostiene menos. Todo se termina, eventualmente. Y lo que sucedió en esta infame asamblea de accionistas demuestra que los buitres ya huelen debilidad y empiezan a pelearse —cada vez, de manera más abierta— para ver quién se queda con el pedazo más jugoso de la carroña.
La asamblea
El mediodía de un viernes, se realizó en la Sala de Directorio ubicada en el Paseo Aldrey la última asamblea de accionistas de Emprendimientos Terminal SA. Quien presidió la reunión, fue el propio Aldrey Iglesias. Estaban presentes dos importantes empresarios de la ciudad, además de un veedor de la Dirección Provincial de Personas Jurídicas, que había sido convocado por Jorge Eduardo Aldrey, hijo Florencio Aldrey Iglesias.
A medida que iba avanzando la reunión, tanto Jorge Eduardo Aldrey como su hijo fueron absteniéndose de las sucesivas votaciones y, en las últimas, directamente votaron en contra. Al terminar la parte formal del encuentro, Aldrey y su hijo comenzaron a discutir por «cuestiones societarias». Y allí es donde todo se descalabró. Según algunos testigos, Jorge Eduardo Aldrey habría agredido a Matilde Noya, su prima y sobrina de Florencio. Según otros, fue el abogado Juan Manuel Moriondo quien, de la nada, agredió a Jorge Eduardo Aldrey. La cuestión innegable, es que la asamblea de accionistas de Emprendimientos Terminal SA presidida por Florencio Aldrey Iglesias terminó a las piñas.
Poco después de terminado el conflicto, Matilde Noya, sobrina de Florencio Aldrey Iglesias, se presentó en la Comisaría Segunda de Mar del Plata a denunciar lesiones leves. El relato que consta en el formulario policial es el siguiente: «Que en el día de la fecha siendo las 14:00 horas me encontraba en la Sala de Directorio ubicada en el primero piso del «Shopping Aldrey» en calle Sarmiento y Alberti donde se estaba dando una Asamblea Ordinaria de emprendimientos terminal sociedad anónima, en esta ocasión forman parte varias personas. Entre ellos el Sr. Aldrey Jorge Eduardo que estaría mostrando una actitud irónica y hostil para con las personas debido a un conflicto por una disputa societaria de vieja data, cuando en un momento se acerca a sin mediar palabra y sin recordar lo que dijo me da un golpe de puño en la cara, producto de eso me tropiezo y caigo al suelo apoyando mi mano izquierda».
El relato sigue con lo que ocurrió inmediatamente después: «el Sr Moriondo Juan Manuel se interpone y lo saca lejos, a raíz de eso comienza un forcejeo, se entromete su hijo Aldrey Francisco José y terminan en el suelo, el Sr. Eduardo se tomaría un mármol que habría en el lugar y se lo rompe en la cabeza a el Sr. Juan Manuel, se ponen de pie y continúan forcejeando hasta que logran separarse. Ambos agresores se van de la Sala». La denunciante consignó además que ambos lesionados bajaron a la guardia de la Clínica Pueyrredón, que funciona en el subsuelo del mismo edificio, donde los atendió el doctor Leopoldo Puente: a ella le certificó «un traumatismo en región molar izquierda con pérdida de equilibrio con trauma en mano izquierda», y a Moriondo, «Traumatismo en boca con mareo y golpe en región occipital con objeto contundente de mármol».
Esa misma tarde declaró en la seccional el abogado Juan Manuel Moriondo. Su testimonio fue breve y coincidente: «Que formo parte de la reunión donde al ver la agresión que estaría sufriendo la Sra. Noya Matilde por parte del Sr. Aldrey Jorge Eduardo, me interpongo y lo saco de encima de la Sra. Donde comenzamos a forcejear y con la intervención de su hijo Aldrey Francisco José terminamos en el suelo, el Sr. Eduardo tomaría un pedazo de mármol que había en el lugar y me lo rompería en la cabeza».
Por su parte, el sobrino del denunciado contó que la asamblea «se desarrolló con bastantes inconvenientes» y que, una vez finalizada, su tío «en un momento dado le pego un golpe de puño en el rostro a Matilde, esto origino que se cayera al piso y se golpea una mano. El Dr. Juan Manuel, interfirió como para calmar las cosas, en el forcejeo se cayeron al piso, y mi tio lo golpeo con un cenicero de mármol en la cabeza». Preguntado si era la primera vez que se producía una situación semejante, respondió que sí.
Noya volvió a declarar poco después para instar la acción penal contra Jorge Eduardo Aldrey, que había sido omitida en la denuncia original, y para agregar que «por parte del agresor siempre mantuvo una postura hostil de lo cual en esta oportunidad termina tornándose agresivo». Ese mismo día, Aldrey fue notificado de que se hallaba imputado en las actuaciones y designó como defensor al abogado Horacio Insanti.
Ante la Oficina de Composición Temprana de Conflictos Sociales, Moriondo amplió su testimonio con detalle. Explicó que había concurrido como apoderado de Con Imagen S.A. y de algunos miembros de la familia Aldrey, que la asamblea empezó a las 13 y que a los quince minutos llegó un veedor de la Dirección Provincial de Personas Jurídicas. Sobre el episodio, declaró: «en un momento dado y de la nada Eduardo Aldrey se le acerca, como dije intempestivamente a Matilde Noya y le aplica una trompada en la cara más precisamente en el pómulo y ojo izquierdos, así porque sí. Esta señora trastabilla y empieza a caer; para esto Eduardo avanzaba más sobre ella; instintivamente me levanté y fui hacia ellos. Tomé del cuerpo a Eduardo Aldrey con el objetivo de separarlo de Matilde Noya, lo aparté hacia la puerta de la sala para alejarlo de ella e impedir que la siguiera golpeando».
Lo que sigue, en su versión, es la intervención del hijo: «En ese momento el hijo de Eduardo llamado como dije, Francisco Aldrey comenzó a golpearme a mí, agrediéndome en toda la parte izquierda de la cabeza, precisamente en la boca y en la sien; por lo que para impedir esta vez que este muchacho me siguiera agrediendo intenté apartarlo y en ese contexto caímos los tres al piso pero Eduardo Aldrey se reincorporó rápidamente y estando yo de cara al piso sentí un golpe seco, fuerte en la parte posterior de la cabeza». Sobre el objeto, aclaró que no lo vio: «Cuando los atacantes se fueron, los testigos me señalaron un mármol de color verde que había quedado partido en el suelo del lugar y me dijeron que había sido con ese mármol que Eduardo me había golpeado la cabeza. Es como de esos mármoles tipo tintero antiguo que tienen una parte para poner la pluma o lapicera».
También declaró el contador externo de todas las empresas de la familia desde hace veintidós años. Dijo que al terminar la asamblea se había acercado al veedor a pedirle copia de su designación cuando empezó una discusión entre Florencio Aldrey y su hijo Jorge Eduardo: «escuché las voces de ellos dos de Florencio y de Jorge que iban elevando el tono, tan es así que dejamos de hablar con el veedor, ambos nos callamos interrumpiendo nuestra propia conversación y, al mirar hacia ellos vi como Jorge Eduardo le aplicó un golpe con la mano en la cara a Matilde Noya Aldrey. Matilde por ese golpe cayó sobre una silla y luego al piso». Agregó un detalle que dijo haber retenido: «Ahí se levantó Juan Moriondo y una cosa que me quedó grabada fue que dijo «cómo le vas a pegar a una mujer» y en ese mismo acto Moriondo lo aparta a Jorge Eduardo tomándolo de los hombros y llevándolo hacia atrás para separarlo de la situación y hacer que cesara». Sobre el final del episodio fue igual de preciso: «Después Eduardo se incorporó y agarró un centro de mesa de mármol que estaba justamente sobre la mesa y golpeó con ese mármol la cabeza de Juan Moriondo, en la parte de arriba de su cabeza. Al golpearlo se partió el mármol en 3 o 4 pedazos».
Al ratificar su denuncia, Matilde Noya agregó: «Yo me encontrada parada al lado de […] y de la nada mi primo Eduardo Aldrey me dijo una barbaridad irrepetible, entonces yo le contesté que lo denunciaría y fue ahí cuando me largó un puñetazo con fuerza en la parte inferior del ojo izquierdo. Tan fuerte fue el golpe que me caí al suelo y para resguardarme puse la mano en el piso para amortiguar la caída». Sobre el rol del abogado no dejó lugar a interpretaciones: «El Dr. Moriondo le dijo «cómo le pegás a una mujer» y fue a agarrar a Eduardo para evitar que me siguiera golpeando. Después se generó entre los hombres como una trifulca pero yo había quedado de espaldas a ellos. Moriondo intervino solamente para defenderme». Del golpe con el mármol dijo haberse enterado después: «esto me lo dijeron más tarde, porque yo aún estaba en el piso y de espaldas a esta otra situación».
Otra versión
Días después de aquel viernes, Francisco José Aldrey se presentó ante la Fiscalía General con el patrocinio del doctor Horacio Insanti —el mismo defensor de su padre— y denunció una secuencia inversa, también por lesiones leves. Según su escrito, al terminar la asamblea advirtió que Moriondo «discutía con mi padre, Eduardo Aldrey, discusión que iba subiendo de tono», y que en ese contexto intervino una tercera persona: «[la] prima de mi padre, que no es accionista ni representaba en la Asamblea a ninguno, intervenía agrediéndolo verbalmente, pretendiendo grabarlo y sacarle fotos, con el teléfono frontal acosándolo a escasos centímetros de su rostro, momento en el cual el abogado Moriondo Danovaro se abalanzó contra mi padre en forma muy violenta, de un modo que ya pasaba a la directa agresión física».
En su relato, lo que lo llevó a intervenir fue la desproporción física: «El abogado Moriondo Danovaro es un hombre corpulento y más joven que mi padre, por lo que en la aceleración de esos movimientos impensados, cuando vi que se pasaba a los golpes, con una contextura física y en circunstancias que me hacían temer por la integridad física de mi padre, me incorporé para interponerme y evitar que lo lesionara, generándose forcejeos generalizados entre varios asistentes». El escrito no menciona ningún objeto de mármol y sostiene que el abogado «no sólo terminó golpeando a mi padre, sino que también lo hizo conmigo», con lesiones certificadas en el Hospital Privado de la Comunidad, donde le prescribieron cabestrillo, reposo y analgésicos. Menciona además que una abogada, apoderada de otro de los accionistas presente en la reunión «terminó en el suelo, empujada en circunstancias que no puedo determinar».
La letrada —quien es apoderada de Jorge Eduardo Aldrey en varios expedientes judiciales y en la asamblea representó a otro de los familiares— dijo a su vez que estaba mirando un cheque que le acababan de entregar cuando escuchó voces altas: «la señora Noya tenía un teléfono en la mano y le decía a Eduardo «te voy a denunciar» o algo así. Lo estaba como filmando o grabando no sé, o sacando fotos. Y ahí empezó como una discusión o pelea entre Eduardo y la señora Noya no sé si por el teléfono o por qué sería». Sobre lo que vino después fue categórica: «Comienza un forcejeo entre Noya y Eduardo. Pensé que se estaban peleando por el cheque le digo la verdad; y ahí se levanta como una tromba Moriondo que pequeño no es, y se va hacia Eduardo. Se le fue encima a Eduardo, de costado. Si irse encima de alguien es atacar entonces Moriondo lo atacó».
En su versión, la participación del hijo fue defensiva: «Ahí se sumó Francisco Aldrey a quien le dicen «Paco» a defender al padre. Moriondo lo había agarrado no me acuerdo exactamente cómo, pero había agarrado a Eduardo y ahí fue que saltó Paco». La abogada declaró haber intentado separarlos y haber terminado en el piso, con un golpe en la cara por el que no hizo denuncia, y calculó que todo duró menos de un minuto. Preguntada expresamente por el objeto contundente, respondió: «no vi nada de mármol y menos que se usara, solo recuerdo libros, inclusive que los miré en el marco de la asamblea». Y sobre los lesionados: «Paco salió muy dolorido de ahí y fue a la guardia de un hospital, a un médico, y por lo que sé después se tuvo que operar. No se podía mover».
Esa operación es la que Insanti acompañó después al expediente, al informar la intervención quirúrgica de su representado «a raíz de las lesiones sufridas en los hechos de autos» y pedir que ambas denuncias se unifiquen, por «su manifiesta conexidad de objeto» y por pertenecer los hechos investigados en ambas «a un mismo suceso fáctico».
El Juzgado de Garantías tuvo a Matilde Noya por constituida en calidad de particular damnificada y dictó la restricción de acercamiento de Jorge Eduardo Aldrey respecto de ella, junto con el pedido a la Dirección de Políticas de Género municipal de un botón antipánico y la evaluación de un dispositivo dual. Insanti pidió que se aclararan los alcances de esa última medida por estimar que podía implicar «una delegación de una facultad judicial en el Poder Ejecutivo y la consecuente afectación al debido proceso legal»; el juzgado respondió que la determinación previa de la necesidad corresponde al organismo municipal, «incluida la obtención del consentimiento informado, imprescindible para su otorgamiento».
El patético relato, que bien podría encajar en un capítulo de la serie Succession, muestra a las claras a una familia que comienza a agitarse porque siente cerca un fin de época. Todo se termina, también la vergonzosa manera en que Florencio Aldrey Iglesias ha sometido a los más cobardes personajes de la política lugareña durante décadas y décadas.
