Daniel Sinopoli: “La mano que escribe, o la mano que piensa, es muy favorable para el aprendizaje”

El director del Instituto de Ciencias Sociales de la UADE defendió la recuperación de la escritura manuscrita frente al avance de las pantallas. Explicó que escribir a mano favorece la memoria, la retención, la atención y el aprendizaje temprano, y cuestionó los métodos que dejaron de lado la enseñanza secuencial de las letras y las palabras.

Daniel Sinopoli, director del Instituto de Ciencias Sociales de la UADE, defendió en la 99.9 la recuperación de la escritura a mano como herramienta fundamental para el aprendizaje. A partir de su artículo La mano que piensa, publicado en Clarín, sostuvo que el avance de la escritura digital obliga a revisar las prácticas educativas y sus efectos sobre el desarrollo cerebral.

“Con el correr de los años, pensar en la mano que escribe y no en la mano que teclea empezó a encender algunas luces amarillas, sobre todo con el crecimiento de la mano que teclea, porque se encuentran algunas relaciones con el cerebro que evidentemente no operan del mismo modo en el aprendizaje”, explicó. Y fue contundente: “En el balance total, la mano que escribe, o como lo digo en este artículo, la mano que piensa, es muy favorable para el aprendizaje”.

Sinopoli señaló que “nuestro cerebro funciona muy bien en la secuencialidad” y advirtió que la cultura audiovisual y digital ha impulsado formas de procesar la información que no necesariamente producen los mismos resultados. “El tecleo nos ha llevado a pensar más en bloques o en acciones inconexas. Y esas acciones inconexas en la práctica y en el proceso de aprendizaje no tienen el mismo impacto. ¿Por qué? Bueno, justamente porque el cerebro necesita de esa secuencialidad para aprender”, afirmó.

El especialista también cuestionó el reemplazo de los métodos tradicionales de enseñanza de la escritura. “Hace algunas décadas se enseñaba a escribir desde lo particular a lo general y armando secuencias: primero la raya, luego la letra, luego la palabra. Esto fue siendo reemplazado gradualmente por una forma de aprender que es ver una palabra completa y tratar de incorporar su significado y cómo conecta con otras, lo cual, a juzgar por los resultados, no tuvo el mismo efecto positivo que aquel método anterior”, sostuvo.

Otro de los beneficios que destacó es el impacto de la escritura manuscrita sobre la atención, una capacidad que considera afectada por la dispersión asociada a los estímulos digitales. “La cultura audiovisual y la cultura digital han contribuido a que esta dispersión se fortalezca”, advirtió. En contrapartida, explicó que “la escritura a mano desde edades tempranas y el aprendizaje del idioma a través de ese método también fortalece la atención”, porque obliga a mantener el lápiz sobre la hoja y seguir una secuencia de movimientos y conexiones entre las letras.

El artículo tuvo repercusión y fue tomado como referencia para impulsar un manual de ejercicios de escritura a mano. Para Sinopoli, esa iniciativa representa una oportunidad para recuperar una práctica que había perdido espacio en las aulas. “La coordinación de músculos con la mano, a la que no se ha prestado tanta atención en los últimos años, hasta que se ha abandonado como método, está claramente contribuyendo a mejorar el rendimiento académico”, afirmó.

El director del Instituto de Ciencias Sociales de la UADE puso especial énfasis en el aprendizaje temprano, cuando se establecen capacidades que influyen durante el resto de la vida. “No estamos hablando de un rendimiento académico estándar, sino del más importante de todos, que es el rendimiento académico temprano, cuando el cerebro empieza a formarse y que determina todo lo que va a suceder el resto del tiempo”, señaló.

Finalmente, Sinopoli evitó caer en diagnósticos irreversibles sobre el estado de la educación y planteó que identificar las causas de los problemas es el primer paso para corregirlos. “A mí no me gustan los diagnósticos catastróficos, porque a veces pareciera que nada tiene remedio y que todo está mal. Pero ir al hueso y encontrar la causa puntual o las causas puntuales por las que algunas cosas pasan es una manera de empezar a corregir el problema”, concluyó.