
La Argentina que compite en el mundo es, cada vez más, una Argentina joven que aprendió a competir mirándose en un espejo muy preciso: el de la Selección nacional de fútbol dirigida por Scaloni.
El equipo de Lionel Scaloni cerró su ciclo mundialista con el subcampeonato en Norteamérica. Tras dar vuelta la semifinal ante Inglaterra en Atlanta, cayó 1 a 0 ante España el 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, en lo que fue su séptima definición de una Copa del Mundo. El 6 de octubre, ante Benín y en el Monumental, Lionel Messi se despidió de la camiseta con un 3 a 0, en su partido 208 y con su gol 126. En el debut mundialista, quien ingresó en lugar del capitán fue Nico Paz, de 21 años: un relevo que fue, a la vez, imagen y proyección de futuro.
En este contexto, las juveniles tampoco se quedaron atrás. La Sub-20 llegó a la final del Mundial de Chile 2025 tras ganar todos sus partidos previos y la perdió 2 a 0 ante Marruecos. Aquella noche del 19 de octubre, en el Estadio Nacional de Santiago, dos goles de Yassir Zabiri le negaron a la Argentina la séptima corona en la categoría y le dieron a Marruecos el mayor título de la historia de su fútbol, que lo convirtió en el segundo país africano en ganar el certamen, después de Ghana en 2009. La derrota no borró lo esencial: la cantera argentina sigue llegando a las definiciones. La Sub-19 de Diego Placente, en tanto, se colgó la plata en los Juegos Suramericanos, tras un 0 a 0 con Paraguay en Rosario que se definió 5 a 4 por penales. Scaloni fue, él mismo, campeón mundial Sub-20 en Malasia 1997 bajo la conducción de José Pékerman: la cantera no es un accesorio del modelo, es su origen.
Un dato contundente lo aportan los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, que reunieron a más de 4.000 deportistas de 15 delegaciones en Santa Fe, Rosario y Rafaela: Argentina terminó segunda detrás de Brasil con 293 medallas —81 de oro, 87 de plata y 125 de bronce—, muy por encima de las 197 con las que había sido tercera en Asunción 2022. Además, Las Leonas conquistaron el 29 de agosto su tercer título mundial, en Amstelveen y frente a las locales neerlandesas, dieciséis años después de Rosario 2010.
Los nombres propios confirman la tendencia. Agostina Hein, nadadora de Campana, fue campeona mundial juvenil en Rumania con apenas 17 años —borrando un récord argentino de Georgina Bardach que databa de Atenas 2004— y en los Suramericanos de la Juventud de Panamá ganó nueve oros y una plata, la mayor cosecha dorada de la historia en una misma edición. Faustino Oro se convirtió en mayo en Gran Maestro con 12 años, 6 meses y 26 días, el segundo más joven de la historia del ajedrez, y tras la Olimpíada de Samarcanda pasó a encabezar el ranking nacional. No es casual que lo apoden «el Messi del ajedrez».
Mar del Plata tiene su propio capítulo, aunque la agenda de los medios metropolitanos apenas lo registre. Matías Chaillou ganó oro con récord en la posta mixta de Panamá junto a Hein y sumó tres medallas en Santa Fe, donde Ken Kuwada se llevó dos platas en patín carrera y Alma Coletta Spada, del Club Náutico, otra en stand up paddle. Y Joaquín Zapiola, back de Sporting, será el único marplatense entre los 42 atletas argentinos en Dakar, primera cita olímpica de la historia en suelo africano.
Estos son los resultados publicados. Lo que no figura en ningún medallero es la matriz cultural que los explica: una generación que vio a un plantel ganar sin soberbia, perder de pie y anteponer el grupo al apellido, y que trasladó ese código a la pileta, al tablero, a la pista y al césped. El propio Scaloni lo resumió: «La gente se identificó con esta Selección». Identificarse, en este caso, fue también imitar, mientras clubes de barrio, familias y entrenadores sostenían el esfuerzo lejos de cualquier cámara.
Los ídolos se retiran; el ejemplo, no.