Diego Rodríguez: “El problema de base es el de las gaviotas y hoy se fue de las manos”

El biólogo marino analizó la muerte masiva de ballenas en Península Valdés, las posibles causas sanitarias y el impacto de la proliferación de gaviotas. Además, advirtió sobre la falta de planificación frente al cambio climático y la mayor frecuencia de eventos extremos.

El biólogo marino Diego Rodríguez advirtió que la mortalidad masiva de ballenas registrada en Península Valdés constituye un episodio sin precedentes para esa población y señaló que una infección bacteriana aparece como la principal hipótesis para explicar lo ocurrido. “Claramente es el episodio de mortalidad más grande que tenga registro, al menos en la población de Península Valdés”, sostuvo en diálogo con la 99.9, al explicar que la mayoría de los ejemplares afectados son cachorros nacidos durante la temporada actual.

Según detalló, las investigaciones apuntan a una infección bacteriana que puede provocar una septicemia generalizada y una muerte rápida, especialmente en los cetáceos más jóvenes. También explicó que una de las hipótesis que cobró fuerza en las últimas semanas vincula el ingreso de esas bacterias con las heridas que las gaviotas producen al picotear el lomo de las ballenas. “Puede ser una vía de ingreso muy importante al organismo de estas bacterias”, indicó.

Rodríguez señaló que las gaviotas se desplazan entre las ballenas y distintas fuentes de residuos, incluidos basurales y zonas de desechos pesqueros. Esa relación podría estar contribuyendo al problema, aunque aclaró que la investigación todavía requiere tiempo para determinar las causas con mayor precisión. En el caso de algunos ejemplares adultos muertos en los últimos días, mencionó otra hipótesis vinculada con las floraciones algales nocivas, conocidas anteriormente como marea roja.

Para el especialista, el problema no puede abordarse únicamente cuando la mortalidad ya está en marcha. “En este momento, ya con el nivel de mortalidad que hay, es un proceso lanzado. No creo que, al menos por esta temporada, pueda haber acciones que permitan frenar un poco este proceso”, afirmó. Por eso, consideró que las medidas más importantes deberán planificarse para las próximas temporadas, a partir de la información que se obtenga de lo ocurrido.

El biólogo puso el foco en la proliferación de gaviotas y en la falta de una estrategia sostenida para controlar los factores que favorecen su crecimiento. “El problema de base, a mi entender, es el problema de las gaviotas”, remarcó, y recordó que hace años se discute esta situación. Según explicó, alrededor del 80% de las ballenas de Valdés presenta impactos provocados por estos animales.

“Esto tiene que ver con la mala gestión de los residuos, los residuos a cielo abierto, los residuos pesqueros. Hay toda una serie de situaciones que hace que las poblaciones crezcan”, advirtió. Sin embargo, señaló que todavía falta información para comprender plenamente esa dinámica: no existe una evaluación suficiente sobre la cantidad de gaviotas que frecuentan las áreas donde se concentran las ballenas, sus asentamientos, sus desplazamientos y las fuentes de alimento que utilizan.

“Hay muchas cosas que se deben hacer para tomar decisiones informadas sobre cómo manejar. Pero es un problema que hoy se fue de las manos”, sostuvo Rodríguez. En ese sentido, reclamó un trabajo coordinado entre investigadores, gobiernos, organizaciones civiles y empresas. “No siempre en la Argentina se puede hacer un trabajo coordinado”, lamentó, al señalar que la conservación de las ballenas, además de su importancia ambiental, está vinculada con una actividad turística fundamental para la Patagonia.

Durante la entrevista, el especialista también se refirió al avance del sargazo sobre playas del Caribe y a las dificultades para encontrar una solución definitiva. Explicó que existe un importante aporte de nutrientes procedentes de distintas actividades a ambos lados del Atlántico, incluidos los vinculados con el Amazonas y África. Aunque se investigan alternativas tecnológicas para aprovechar esa biomasa, hasta el momento la respuesta principal sigue siendo retirarla mecánicamente de las playas, una tarea compleja frente a la magnitud del fenómeno.

“Todas estas cosas nos hacen ver que el mundo está completamente interconectado y que, cuando hay un fenómeno a escala global, si no hay una acción coordinada de muchos países, de muchas actividades y cambios también en muchas actividades, es muy difícil manejar esto”, afirmó. Para Rodríguez, el problema también está relacionado con una concepción que considera que las condiciones ambientales permanecerán estables indefinidamente.

“Muchas de las actividades económicas o socioeconómicas en los lugares se piensan a la eternidad. Como nunca va a pasar nada, estamos culturalmente pensando que un planeta no cambia”, cuestionó. Como ejemplo, mencionó las ciudades y las obras de infraestructura diseñadas hace décadas para condiciones que ya no son las actuales, así como la necesidad de revisar la planificación hídrica frente a lluvias cada vez más intensas.

En ese marco, destacó que la infraestructura urbana no se limita a las calles y los edificios visibles, sino que también depende de los sistemas subterráneos de desagüe y manejo del agua. Recordó que Mar del Plata tuvo sectores afectados por inundaciones, entre ellos áreas cercanas a la terminal y a la cuenca detrás del puerto, y señaló que las grandes obras necesarias para resolver esos problemas representan inversiones importantes. En otras ciudades, advirtió, la falta de espacio y las características del terreno vuelven todavía más compleja la adaptación.

Finalmente, Rodríguez cuestionó la percepción social del cambio climático como si se tratara de una catástrofe repentina. “Nosotros seguimos teniendo esa idea del cine catástrofe: va a venir una ola y va a barrer toda la costa”, explicó. A su entender, el fenómeno se manifiesta principalmente mediante episodios extremos que se repiten con mayor frecuencia. Como ejemplo, recordó que cuando era chico en Mar del Plata apenas había uno o dos días por temporada con temperaturas superiores a los 35 o 38 grados, mientras que ahora pueden registrarse alrededor de diez jornadas que superan los 40 grados. “Lo que está ocurriendo es la mayor frecuencia de eventos extremos”, concluyó.