Arme usted su propio Montenegro, hay un «Guille» para cada ocasión

Llegó escondiendo su amor por San Isidro, la hermosa ciudad del conurbano norte que lo había rechazado mal en las PASO que perdió ante el intendente Gustavo Posse. En ese tiempo, consultado por el medio Zona Norte Diario, afirmó que volvería a disputar la intendencia de la ciudad que había llamado «su lugar en el mundo».

Pero no. En cambio, llegó a Mar del Plata aupado por María Eugenia Vidal, la misma que nos entregó en manos de Kicillof despreciando a los bonaerenses en su afán de ser la líder de reemplazo de Mauricio Macri; en el fallido que se conoció como «Plan V», una vana elucubración basada en encuestas que le daban una intención de voto por encima de la del entonces presidente. Tanta tilinguearía ha costado caro.

Como saldo y retazo de esas traiciones políticas y elucubraciones basadas en encuestas, Vidal nos dejó al «Guille», quien se arrojó sobre Mar del Plata como fámulo despechado que se lanza a la primera cama en la que le abren las piernas. Lleva siete años sin resolver un solo tema de fondo de la ciudad. Era del Pro, se travistió de liberal con buzo violeta incluido y ahora curte onda peruca, con chaleco sin mangas y gesto muy adusto, poniendo cara de «miren qué preocupado estoy por ustedes».

Esta semana, los medios locales se hicieron eco de la performance que protagonizó junto al ministro de inSeguridad bonaerense, Javier Alonso, otro que fabula como él un rol que lejos está de poder cumplir con dignidad. La vuelta de Montenegro a la intendencia —pero, ojo, con licencia como senador provincial— es a su propio imperio. Su alter ego —y responsable de cuanto trapicheo, de cualquier tipo o estilo se dé en la ciudad—, Alejandro Rabinovich, no deja de señalar que no era esa su postura. Endulza el relato señalando que «el gordo viene por la heroica de resolver el tema de la inseguridad».

Jodeme… Hace siete años que están aquí haciendo la suya, impostando relato tras relato según la ocasión. En pandemia —que les dio un propósito y un tiempo de juego—, era ser el primero en encerrarnos y perseguirnos en nuestra libertad ambulatoria con el sonsonete de «te estamos cuidando». En esa época había juntadas que otra que el cumpleaños de Fabiola.

Como corresponde a los anuncios que hicieron lado a lado con Alonso, estos fueron siempre a cara de perro. Parecen salidos del mismo molde, con esa cara de upitersen opertus (si, sic) que ponen expresando el máximo rigor. Y las operaciones de combate al delito, por supuesto, se hicieron en lugares cantados, en sitios históricos de delincuencia y vandalismo como lo es el barrio Etchepare. Sin embargo, nada cambiará mucho si no hay una revisión profunda en la manera en que opera el sistema judicial del partido de General Pueyrredón: no hay delitos mayores. Todo es encubrimiento y no hay en la práctica juicios, técnicos o por jurado popular. Una fuente judicial me señalaba «a los jueces les molestan los juicios, la presión por acordar penas es muy fuerte».

Un dato no menor: cuando se habla de delito perpetrado por menores, el subsecretario de Responsabilidad Penal Juvenil no es otro que José Luis Zerilllo. No hay muchas esperanzas, si tenemos en cuenta en manos de quiénes está nuestra vida, nuestro patrimonio y nuestro presente.