
La industria pesquera marplatense sigue en caída: costos que se disparan, un dólar atrasado y exportaciones que se desploman. Mientras tanto, la política local y provincial mira para otro lado.
La crisis en el sector fresquero de altura no da tregua ante la indiferencia de un Estado que, lejos de escuchar a los principales actores de la industria pesquera y allanarles el camino, no deja de ponerles palos en la rueda.
Números rojos
«Describe un poco la realidad que hemos conversado en otras oportunidades, que se continúa profundizando lamentablemente, que atestigua una combinación negativa de los factores que inciden sobre la actividad pesquera, tanto internos como externos», explicó Guiuliano Falconnat, del grupo SIP, en una entrevista para la FM 99.9. En la misma brindó detalles de un informe que muestra que esta crisis golpea con más fuerza a Mar del Plata, que concentra el 50% de los desembarques del país y tiene una larga tradición de procesamiento en tierra.
El primer golpe está en los costos. «Uno observa un incremento fundamentalmente del combustible y de los servicios eléctricos del 150%, que es lo que más ataca al sector, ¿no? Porque encarece ir a pescar y encarece producir en tierra», señaló. Según el informe, el gasoil naval «entre marzo y abril de 2026 aumentó un 30% en una semana, debido a las tensiones en medio oriente, y en lo que va del año acumula una suba del 80%, muy por encima de cualquier indicador de inflación medido por el Gobierno Nacional». Un fresquero chico necesita unos $38 millones de gasoil por marea y, como el pescado se cobra a 30 o 45 días, hasta tres mareas —unos $114 millones— antes de ver un peso.
En el mismo período, la inflación oficial fue del 97% y el dólar subió apenas un 52%. Para Falconnat, eso muestra dos cosas. La primera, que la inflación real está por encima de la oficial, porque las tarifas encarecen los hogares y el combustible, la logística y los alimentos. La segunda, que aun tomando el dato del INDEC «hay cuanto menos un 45% de atraso en el precio del dólar, que es lo que hace que cuando uno vende afuera sea muy difícil de trasladar ese precio, ese valor a todos los costos que tiene que absorber para poder producir el alimento».
Lo bajó a un ejemplo concreto: «Un filé de merluza que se va de Mar del Plata hasta Brasil valdría 8000 pesos en vez de 5500. Con 8000 uno es competitivo hacia adentro, con 5500 pierde plata a la hora de absorber todos los gastos». El informe precisa que, en ese mercado, «el margen de ganancia se ubica apenas en 150/200 dólares por tonelada, en relación con los USD 3.600 FOB que se paga el producto terminado actualmente».
Pero la salida, aclaró, no es devaluar: «Si mañana devalúa el gobierno hasta 2200 pesos, automáticamente se vuelve a trasladar este problema a un nuevo incremento de tarifas, a un nuevo incremento de combustibles, a la demanda del personal embarcado de un incremento de su salario. Y no resolvemos nada. ¿Cómo hace uno para valorizar el dólar sin tener que devaluar? Bueno, la exención temporal de las retenciones es una variable, el acceso al crédito. Hay que oxigenar la industria para que sea capaz de producir más y de producir mejor».
Otro cuello de botella es la devolución del IVA por exportaciones. «ARCA a nivel nacional tiene un sistema (…) que establece un límite de 15 días hábiles para devolverle eso al productor. Bueno, hoy estamos viendo demoras de hasta 8 meses (…). Y en muchos casos terminan devolviéndole al productor no el dinero para que vuelva a producir, sino el equivalente de un certificado canjeable por otras obligaciones impositivas», describió. Y fue al hueso: «Un gobierno que hizo gala de decir que iba a recortar impuestos y que iba a simplificar un poco la operatoria a la que veníamos acostumbrados y la burocracia a la que veníamos acostumbrados, termina devolviéndote un impuesto para pagar otro impuesto y no para poner en marcha una maquinaria productiva.».
El resultado se ve en el muelle. Hace meses que no entra un portacontenedores al puerto, y el informe registra «la caída interanual del 80% de exportaciones desde el Puerto de Mar del Plata para el período enero-septiembre». «Cada vez que ingresa ese barco quiere decir que se está llevando a destinos comerciales de distintas partes del mundo productos que se han elaborado en la zona, en la región, no solo en Mar del Plata sino en Balcarce, General Alvarado, en otros municipios aledaños, ya que tiene un carácter regional nuestro puerto y genera también una industria de servicios muy importante», explicó Falconnat.
Por goleada
Consultado sobre si habían podido hablar con la gobernación —los aumentos de la energía que distribuye EDEA dependen de autorizaciones de la Provincia—, Falconnat fue claro: «La provincia, lamentablemente, al igual que el municipio, están bastante ajenos a la agenda pesquera.».
La crisis no se queda en el puerto: «Cuando al puerto le va mal, automáticamente se resiente la zona comercial de Juan B. Justo, de 12 de Octubre, y luego de Güemes y de Alem, porque obviamente cuando cierran fábricas, como hemos contado, el cierre de 15 industrias pesqueras en 2025, esos salarios que se pierden es consumo que se retrae, son comercios que cierran, y eso Mar del Plata lo siente de forma automática». Y nadie lleva el reclamo a quien puede resolverlo: «Tanto a nivel provincial como a nivel municipal, en su momento con el intendente interino y ahora con el regreso de Guillermo Montenegro, tampoco hay una, una puesta en escena o en agenda de esta temática hacia el gobierno nacional, que es el que también tiene la llave de muchas medidas de alivio o de mitigación de esto que está sucediendo».
El informe es todavía más duro. Sobre la Provincia: «La Provincia acumula 20 años sin Subsecretaría de Pesca, rango que sí le han dado a la cartera sus pares de Santa Cruz, Chubut, Tierra del Fuego». Sobre el Municipio, señala que «la Jefatura de Pesca es un oasis de recaudación dentro de Inspección General y el Intendente, a pesar de su peso político en el escenario Nacional, evita hacer referencia a la Pesca para no confrontar con la Libertad Avanza y demuestra una distancia brutal entre sus aspiraciones personales y los problemas reales de la ciudad».
Donde más se nota la ausencia es en el Consejo Federal Pesquero. «En el consejo, como bien decías, la provincia está presente, pero son discusiones que pierde por goleada en términos deportivos. Y eso también es crítico porque ahí se consigue cuota social, se consiguen nuevos permisos de pesca. Hoy, con lo que son los famosos 18 nuevos permisos para el calamar, solo uno va a quedar en el puerto de asiento de la ciudad de Mar del Plata. Así que hay todo un tejido, un entramado que viene desgastando a nuestra ciudad como punto histórico de procesamiento de pescado», advirtió Falconnat.
El gesto, esta vez, llegó desde lejos. El senador nacional Maximiliano Abad se reunió en Vigo con el subsecretario de Pesca, Juan Antonio López Cazorla, junto a la cónsul general argentina en esa ciudad, Silvina Isabel Montenegro, y a la representante de Cancillería en el Consejo Federal Pesquero, Paola Guccioni. Abad insistió en la eliminación de las retenciones a las exportaciones pesqueras para mejorar la competitividad del sector, y el encuentro apuntó a evaluar las tendencias globales y el potencial de Mar del Plata y de la industria pesquera argentina para crecer en los mercados internacionales. En paralelo, la diputada Karina Banfi trabaja para incluir esos cambios en el Presupuesto 2027. Según los funcionarios, en principio, eliminar esas retenciones no tiene un alto impacto fiscal.
Es lo que pide el informe: «Es crucial que se suspendan en forma inmediata los aranceles a la exportación pesquera, fundamentalmente para los productos elaborados en tierra, los cuales explican la mayor parte de los puestos de trabajo que posee el sector».
Y hay recurso para aprovechar. Según Falconnat, queda disponible cerca del 40% del límite de captura de merluza fijado por el INIDEP y el Consejo Federal Pesquero, lo que, con las proporciones habituales de desembarque en nuestro puerto, equivale a unos 1900 contenedores de exportación de filé. «Todavía hay variables que se pueden trabajar para alentar que los barcos vayan a buscar ese recurso y que venga el trabajo a la ciudad, ¿no? Que es lo más importante», sostuvo.
Un oyente escribió desde un barco que los armadores destinaron a la merluza embarcaciones que antes quedaban paradas después de la temporada de langostino. «Eso es una cuestión a destacar porque es lo que más puesto de trabajo en tierra genera, aproximadamente 7 por cada marinero. Cada marinero que venga arriba del barco hay que multiplicarlo por 7 para procesar ese recurso», respondió Falconnat.
Sobre el crecimiento de los puertos del sur, reconoció la ventaja natural, pero no solo eso: «El recurso está allá, eso es cierto. Hay una bendición biológica en cuanto al langostino, en la cercanía, la disponibilidad. También hay un favoritismo político del gobierno nacional actual y del anterior también, hay que reconocerlo, del anterior que recicló funcionarios hoy en la provincia de Buenos Aires (…), pero también hay una vocación empresarial de reinversión y una nueva generación empresarial». Y cerró con lo que falta acá: «Esa vocación creo que es la que hay que recuperar acá, más allá de algunos empresarios que le han dado mucho a la ciudad, que por ahí uno ya los ve cansados, han retirado, que no quieren seguir renegando con estas cuestiones. Y por debajo de eso no se ve mucho, la camada de 50, 50 y pico de años, de gente que tenga ganas de recoger el guante y seguir haciendo crecer esta actividad histórica».
