Matty Zwaig sobre las elecciones en Israel: “La gente tiene una doble frustración: el enemigo externo y una grieta interna muy grave”

El analista político internacional analizó las elecciones en Israel, marcadas por el desgaste del gobierno de Benjamin Netanyahu tras los ataques del 7 de octubre y las divisiones sociales. Advirtió que la oposición aparece mejor posicionada en las encuestas, aunque la fragmentación política y los indecisos mantienen abierto el resultado.

Matty Zwaig, analista político internacional, describió un clima de cansancio y expectativa durante las elecciones en Israel, atravesadas por las consecuencias de los ataques del 7 de octubre de 2023, las guerras y las divisiones internas. “Es un día cívico ejemplar desde el punto de vista organizativo”, señaló en diálogo con la 99.9, aunque aclaró que se trata de una jornada diferente, marcada por la tristeza y el desgaste de los últimos años. Según indicó, hasta el mediodía había votado el 31,5% del padrón habilitado, unos 7.330.000 ciudadanos, el registro más alto para ese horario desde 1973.

“Hay un gran cansancio por todo lo que ha pasado estos últimos tres años, las guerras, los enemigos alrededor, las divisiones internas, y la gente llega con mucha esperanza de que haya un cambio, por lo menos de una parte del gobierno, para poder tener un futuro diferente”, afirmó. Para el analista, uno de los principales interrogantes es si ese malestar se traducirá efectivamente en las urnas, especialmente por la responsabilidad política que una parte de la sociedad le atribuye al primer ministro Benjamin Netanyahu por las fallas que permitieron los ataques.

Zwaig sostuvo que, inicialmente, las críticas alcanzaron tanto a los mandos militares como a las autoridades políticas, pero consideró que el gobierno intentó concentrar la responsabilidad en el ámbito castrense. “Lo que no es verdad es que no haya que investigar a los responsables también políticos de lo que pasó, y no solo las fallas militares”, remarcó. También cuestionó la propuesta de conformar una comisión investigadora interna, en lugar de una instancia estatal independiente, y recordó que incluso se había planteado que el propio Netanyahu encabezara ese organismo.

“Es el trauma más grande de la historia de Israel en los 78 años de existencia”, sostuvo al comparar las consecuencias del 7 de octubre con la guerra de Yom Kippur de 1973. Sin embargo, señaló una diferencia central entre ambos episodios: mientras en aquel momento la sociedad se unió frente al enemigo, ahora la conmoción convive con una profunda fractura política. “La gente tiene una doble frustración. Por un lado, la salvajada que sucedió, con miles de muertos, decenas de miles de heridos y cientos de miles de personas con problemas psicológicos. Y, además, no solo está el enemigo externo, sino problemas graves de grieta interna”, expresó.

En ese escenario, el analista describió las contradicciones que atraviesan a parte del electorado. Relató que incluso personas que reconocen la capacidad de Netanyahu para conducir al país durante los enfrentamientos militares manifiestan que no lo votarían. “Esa dicotomía, esa bipolaridad, se ve en la mitad de las personas con las que uno habla”, señaló. A eso se suma, según indicó, un porcentaje de entre el 15% y el 20% de indecisos, que puede resultar determinante en una elección con una oposición fragmentada y con votantes que dudan sobre cuál es la mejor alternativa para impedir la continuidad del actual gobierno.

Zwaig también analizó el peso de los sectores ultranacionalistas y ortodoxos en la coalición oficialista, en particular frente a las tensiones en Judea y Samaria. Aclaró que la demolición de viviendas vinculadas con personas que cometieron atentados terroristas es una política que existe desde hace cuatro décadas y que su aplicación depende de decisiones judiciales y de las circunstancias de cada caso. “A veces se da, a veces no se da, a veces la Suprema Corte lo frena y a veces da permiso”, explicó, al mencionar los condicionamientos jurídicos y humanitarios que intervienen en esas decisiones.

A su entender, las últimas medidas también buscan consolidar el respaldo de los votantes más duros. “Lo que se hizo últimamente fue afirmarles a las bases duras que somos nosotros los que llevamos adelante una línea dura con los terroristas”, sostuvo. Al mismo tiempo, advirtió que la situación en Judea y Samaria tiene una dinámica propia, distinta de la Franja de Gaza, y está condicionada por la debilidad de la Autoridad Palestina, sus disputas internas y el temor a que sectores más radicalizados ganen influencia.

El analista planteó que uno de los factores que explican el giro hacia posiciones más duras en parte de la sociedad israelí es la percepción de que las iniciativas de paz no siempre redujeron la violencia. “Cuando Israel recibió las olas más grandes de terrorismo suicida, con autobuses y mercados explotando con civiles, fue cuando proponía la paz”, afirmó. En contraposición, señaló que, desde esa perspectiva, los gobiernos más inclinados hacia la derecha parecen generar una mayor sensación de seguridad. “La conclusión del pueblo es que, aunque yo quiera la paz con esta gente, parece que lo único que funciona es la mano dura”, resumió.

Para Zwaig, esa percepción alimenta una tensión difícil de resolver entre la búsqueda de una salida negociada y el temor a que las concesiones sean interpretadas como una señal de debilidad. “Es el miedo a que ofrecer paz nos traiga más terror. Es como un nudo gordiano: es dificilísimo moverse en un ambiente en el cual los valores parecerían, para nosotros, estar al revés de lo que tendrían que ser”, reflexionó.

Finalmente, el analista señaló que las encuestas vienen mostrando desde hace entre dos años y medio y tres años una ventaja agregada de la oposición frente a los partidos de la coalición de gobierno. Según detalló, los sondeos ubican esa relación en torno al 60% contra el 40%, o al 57% frente al 43%. Sin embargo, advirtió que la aparición de nuevas fuerzas, las dudas de algunos dirigentes y la posibilidad de que partidos pequeños superen el umbral electoral pueden modificar el reparto de bancas.

Entre los factores que podrían alterar el resultado, mencionó el surgimiento de una fuerza que reúne a un exfuncionario económico con reservistas que reclaman por las condiciones de su servicio. “Los derechos de los reservistas que están haciendo cientos de días de servicio es un tema muy serio en Israel, algo ya insoportable”, afirmó. En ese marco, advirtió que la fragmentación puede conducir a un empate político y a la convocatoria de nuevas elecciones en cinco o seis meses, mientras Netanyahu continuaría como primer ministro hasta que se resuelva la situación.