El analista internacional explicó en la 99.9 que el régimen iraní atraviesa un profundo desgaste económico, político y social, sostenido casi exclusivamente por la represión, y advirtió que una intervención externa podría terminar fortaleciendo al poder.

El analista internacional Alberto Priego aseguró que la crisis que atraviesa Irán presenta paralelismos evidentes con los procesos que derivaron en el colapso de los regímenes comunistas de Europa del Este a fines de los años 80. En diálogo con la 99.9, sostuvo que se trata de un sistema “económicamente muy maltrecho, poco viable y con problemas estructurales”, que durante más de cuatro décadas logró mantenerse mediante un esquema de represión constante.
“Es una situación muy similar a la que se vivió en Europa del Este antes de la caída del Muro de Berlín”, afirmó Priego, al tiempo que remarcó que la falta de recursos, las carencias básicas de la población y el aislamiento internacional terminan erosionando la capacidad de supervivencia del régimen. Según explicó, el poder iraní se sostuvo durante años “esencialmente con represión y con apoyo exterior”, un respaldo que hoy aparece cada vez más debilitado.
En ese sentido, subrayó que las protestas actuales muestran un cambio cualitativo respecto de ciclos anteriores. “Cada vez vemos protestas más violentas, con manifestantes que se enfrentan a la autoridad con mayor capacidad y con propuestas más radicales”, indicó. Para el analista, uno de los factores centrales es que la sociedad percibe que el régimen ya no cuenta con aliados dispuestos a sostenerlo a cualquier costo. “Perciben que nadie les va a ayudar, que Rusia no les va a ayudar, como ocurrió en su momento con la RDA”, señaló.
Priego sostuvo que ejemplos recientes como Siria, Venezuela o Libia refuerzan la idea de que los apoyos externos no garantizan estabilidad. “Eso hace pensar a la población que, si se tensa mucho la cuerda, en algún momento se va a romper”, explicó, destacando que ese razonamiento es clave para entender la persistencia y la intensidad de las protestas.
Consultado sobre el rol de las mujeres y de los sectores jóvenes, el analista aclaró que, si bien cumplen un papel central, el fenómeno es más amplio. “Cuando un régimen totalitario empieza a tambalearse, se generan estructuras en la sombra: sociales, económicas, culturales”, afirmó, comparando el proceso con lo ocurrido en Europa del Este, donde espacios como el teatro en Checoslovaquia o la Iglesia en Polonia se convirtieron en motores de cambio político. “Las mujeres han sido uno de los colectivos más atacados por el régimen, pero no son las únicas; también hay minorías religiosas como los bahá’ís y otros sectores perseguidos”, agregó.
Sobre el nivel de control estatal, Priego fue contundente al definir a Irán como un régimen totalitario en sentido pleno. “La policía religiosa ejerce un poder absoluto. No sólo controla cuestiones morales, sino todos los aspectos de la vida”, explicó. En ese marco, remarcó que “la vida privada no existe” y que el Estado regula desde la vestimenta hasta el accionar de los profesionales. “Estos regímenes se llaman totalitarios porque ocupan totalmente la esfera de la vida de la persona”, enfatizó.
El analista advirtió que la represión es el único mecanismo que le queda al poder para sostenerse, aunque se trata de una estrategia con límites claros. “La única forma que tiene el régimen para sobrevivir es reprimir y generar miedo”, señaló, pero aclaró que “cuando el miedo deja de generar temor, cuando la población ya no tiene miedo a lo que le pueda ocurrir, pasa lo que ocurrió en noviembre del 89 en Alemania”. En ese sentido, se mostró convencido de que Irán enfrentará cambios profundos en el mediano plazo: “Probablemente en unos años, espero que pocos, veremos un cambio importante”.
Priego también hizo hincapié en la dificultad de dimensionar la represión debido a la opacidad informativa. “No sabemos el número real de muertos. Se habla de cifras, pero no hay certezas”, afirmó, comparando la situación con otros regímenes cerrados como Rusia. “No somos conscientes de los niveles de crueldad a los que puede llegar este tipo de sistemas hasta que caen”, advirtió.
Finalmente, descartó la posibilidad de un colapso inmediato y fue especialmente crítico con la idea de una intervención externa. “Hay una parte importante de la población que vive gracias al régimen, que recibe dinero o tiene un puesto de trabajo por su vínculo con el Estado”, explicó, mencionando el rol de grandes fundaciones como la de los mártires de guerra. Además, alertó que una acción militar extranjera podría tener un efecto contrario al deseado. “Cualquier ataque desde el exterior puede aglutinar a la población en torno al enemigo externo”, afirmó, destacando el orgullo y la identidad histórica del pueblo persa. “Nadie atacó a la Unión Soviética y la Unión Soviética terminó cayendo”, concluyó, planteando que el camino más eficaz es el apoyo sostenido a la oposición y a la diáspora iraní.