El analista internacional Alberto Ruskolekier advirtió sobre el impacto regional de la caída del régimen venezolano, la presión sobre Cuba y Nicaragua y el peligro de una nueva reconfiguración del orden global basada en la fuerza.

El analista internacional Alberto Ruskolekier afirmó en 99.9 que la crisis venezolana atraviesa un punto de inflexión histórico y sostuvo que Nicolás Maduro “era un okupa”, tras haber perdido las elecciones presidenciales del 24 de julio de 2024 por un margen superior al 70%. En diálogo con la 99.9, reveló que Estados Unidos le habría ofrecido al mandatario venezolano una salida negociada que fue finalmente rechazada.
Según explicó, el viernes previo a los hechos que sacudieron la región, a Maduro se le habría propuesto un exilio en Turquía. “Se le ofreció una amnistía total, la garantía de no ser requerido nunca más por tribunales norteamericanos y la posibilidad de irse de Venezuela”, detalló Ruskolekier. Sin embargo, el mandatario habría respondido que renunciaba, pero que no abandonaba el país, una decisión que el analista calificó como “un claro error”.
Ruskolekier sostuvo que esa negativa detonó la última instancia de negociación posible con Washington y abrió el camino a un desenlace más duro. En ese marco, señaló que ya circulan versiones que apuntan a Delcy Rodríguez como una figura con aspiraciones de poder, incluso con gestos de acercamiento hacia la administración de Donald Trump. “Así están hoy las situaciones en Venezuela”, resumió.
El analista subrayó además la fuerte injerencia cubana en el sostenimiento del régimen chavista. Recordó que, durante la acción militar del sábado 3 de enero, entre los fallecidos hubo 32 ciudadanos cubanos que formaban parte del anillo de seguridad de Maduro. “Cuba era también un okupa de Venezuela”, afirmó, y explicó que la supervivencia energética del régimen cubano dependía directamente del sostén venezolano.
En clave regional, Ruskolekier coincidió en que la caída del régimen venezolano arrincona de manera directa a Cuba y a Nicaragua, y forma parte de una arquitectura geopolítica diseñada desde Washington. “Empieza por Venezuela, sigue con Nicaragua, presiona a Colombia y puede terminar llevándose puesto al régimen cubano”, advirtió, aludiendo al rol central del secretario Marco Rubio en esa estrategia.
No obstante, alertó que este escenario también abre una “caja de Pandora” a nivel global. Desde su perspectiva, el debilitamiento del orden jurídico internacional y el regreso del uso explícito de la fuerza puede ser utilizado como precedente por otras potencias. “China puede decir: si Venezuela fue capturada, ¿por qué yo no puedo retomar Taiwán, que considero una provincia rebelde?”, ejemplificó.
Ruskolekier explicó que este regreso a una lógica de poder remite a la Doctrina Monroe de 1823 —“América para los americanos”—, revitalizada en lo que definió como una versión contemporánea: “la doctrina Trump-Monroe”. En ese marco, sostuvo que las normas internacionales “se aplican a los países pequeños”, mientras que las grandes potencias imponen sus intereses mediante la fuerza.
En paralelo, el analista llamó la atención sobre la escasa cobertura internacional de la rebelión popular en Irán, que ya se extiende a más de cien ciudades. Describió una situación económica y social extrema, con una devaluación superior al 100% en un año y un tipo de cambio que supera el 1.400.000 riales por dólar. “La gente la está pasando muy mal, al punto de pedir en las calles que Israel intervenga”, señaló.
Finalmente, Ruskolekier destacó las tensiones internas dentro del propio Partido Republicano estadounidense. Identificó tres corrientes: la postura intervencionista de Marco Rubio, el aislacionismo del ala MAGA representada por J.D. Vance y una posición intermedia en el área de Defensa. “La orden final fue de Trump, pero no hay unanimidad en Estados Unidos sobre este tipo de acciones”, concluyó, subrayando que el mundo atraviesa una etapa de reordenamiento profundo y altamente inestable.