El psiquiatra Andrés Mega advirtió sobre las señales que pueden detectar docentes ante casos de maltrato infantil y cuestionó duramente las fallas del sistema judicial y sanitario.

El psiquiatra Andrés Mega analizó el caso del asesinato del niño Ángel y puso el foco en las responsabilidades del sistema educativo, sanitario y judicial para prevenir este tipo de tragedias. “Debería ser la familia el lugar de contención, pero lamentablemente muchas veces no lo es, y esas funciones se trasladan al ámbito educativo”, señaló.
En diálogo con la 99.9, explicó que los docentes cumplen hoy un rol clave en la detección temprana de situaciones de riesgo: “El docente ve al niño todos los días, habla con él, lo conoce. Por eso puede advertir signos muy claros de que algo no está bien”. Entre esas señales, mencionó “el retraimiento, el aislamiento, la negativa a interactuar, la actitud ausente, la tristeza o la somnolencia”.
A eso se suman indicadores físicos que resultan determinantes: “Si el menor presenta hematomas, escoriaciones o lesiones en distintas partes del cuerpo, y esto se repite, es un signo muy claro de alerta”. También advirtió sobre cambios en el estado general: “Cuando el chico está perdiendo peso o tiene una actitud marcadamente apagada, todo eso debe encender alarmas”.
En esos casos, sostuvo que la intervención debe ser inmediata: “Lo mejor que puede hacer un docente es llevar al niño a la sala de salud más cercana para que lo vea un profesional, aunque sea un médico general”. Allí se puede determinar si se trata de un cuadro clínico o de una situación de maltrato. “En el ámbito forense hablamos del síndrome del niño maltratado, cuando aparecen lesiones de distinta data que evidencian agresiones reiteradas”, explicó.
Mega también advirtió sobre prácticas que buscan ocultar estas situaciones: “Muchas veces los padres van cambiando de centros de atención para evitar ser detectados, lo que dificulta la intervención”.
Sin embargo, el profesional fue más allá y cuestionó las fallas estructurales del sistema: “Lo básico no se respetó: el niño debe ser escuchado”. En ese sentido, remarcó la importancia de herramientas como la cámara Gesell: “Es un dispositivo muy sencillo, no requiere gran infraestructura, donde el menor puede expresar con sus palabras lo que le está pasando, y queda registrado”.
“Este chico no fue escuchado. Según las crónicas, quería volver con su padre, pero lo fundamental es que hay que escuchar al menor, examinarlo y determinar cuál es el mejor lugar para su desarrollo”, subrayó.
En ese contexto, también criticó decisiones judiciales que, según su mirada, priorizan otros criterios por sobre el bienestar del niño: “Hay que terminar con la idea de privilegiar ciegamente determinadas perspectivas y empezar a analizar cada caso en particular, viendo qué es lo mejor para ese menor”.
Finalmente, advirtió que sin cambios profundos, estas tragedias se repetirán: “Esto es un horror, pero ya tiene antecedentes. Mientras no cambie la política en este campo, se van a seguir produciendo por la ceguera de decisiones que nada tienen que ver con proteger al niño”.