De atleta olímpico a capo narco: la increíble historia de Ryan Wedding, el “Pablo Escobar moderno”

Participó en los Juegos Olímpicos de invierno de 2002, pero dejó el deporte y se dedicó al narcotráfico. Hoy es el criminal más buscado por el FBI y su cabeza vale 15 millones de dólares.

Son muchos los atletas olímpicos que vuelven a tener notoriedad años después de sus hazañas deportivas. Puede ser por alguna efeméride, porque regresan a la actividad en un comeback épico, porque se transforman en entrenadores, o porque cambian de rubro y, por ejemplo, se dedican a la actuación o triunfan en un reality. El del canadiense Ryan Wedding es un caso diferente. No fue un deportista estelar, su actuación como snowboarder en los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City en 2002 no fue consagratoria: quedó en el puesto 24 de su disciplina. Sin embargo ahora se ha convertido en alguien muy famoso, alguien del que se habla en todos los medios del mundo. Y, en especial, se ha convertido en alguien extremadamente buscado.

Ryan Wedding, a los 44 años, se convirtió en un importante capo narco y esta semana el FBI lo puso en la cima de los 10 criminales más buscados.

Es llamado “El Pablo Escobar moderno”. Y su nivel de virulencia y agresividad es comparado con el del Chapo Guzmán. Kash Patel, el director del FBI, afirmó: “Wedding creó una organización de narcotráfico y narcoterrorismo como hace muchísimos años no veíamos”.

Aunque sus actividades son seguidas hace tiempo, el carácter clandestino de sus movimientos, los millones de dólares para comprar impunidad y el silencio mafioso, hacen que incriminarlo por delitos graves sea complicado. El crimen que reanudó la pesquisa ocurrió a principios de año en Medellín. Un hombre de mediana edad fue acribillado en la entrada de un restaurante mientras estaba acompañado por su esposa. Un ajuste de cuentas que al principio no se creyó que ocultara demasiado más. Pero tirando de ese hilo se llegó a este inesperado capo narco moderno.

Ryan Wedding había hecho publicar en un sitio de internet canadiense la imagen de este hombre y su esposa y ofrecía una recompensa de 7.000 dólares para quien lo encontrara. El hombre, se supo después -y Wedding lo sabía antes- estaba declarando en contra suyo frente al FBI en una importante y hasta ese momento latente investigación.

Las acusaciones formales que pesan sobre el snowboarder son, además de ese asesinato, manipulación e intimidación de testigos, asociación ilícita, asesinato, lavado de dinero, tráfico de drogas y algunos cargos más.

Wedding se ha convertido en muy pocos años en una pieza clave del tráfico de drogas en Estados Unidos y en el mayor traficante canadiense. Su red parece muy vasta y, hasta el momento, poco permeable pese a que varios de sus hombres principales han caído. Mueve alrededor de 60 toneladas de cocaína por año desde Colombia y México hacia América del Norte. El cálculo es que la recaudación anual es superior a los 1.000 millones de dólares.

El FBI decidió perseguir a Wedding sin pausa. No sólo está en la lista de los más buscados sino que las autoridades federales aumentaron la recompensa que ofrecen a los que den datos relevantes para su captura. Ese incentivo, unos años atrás, era de 50.000 dólares. Ahora la recompensa se multiplicó exponencialmente. El nuevo precio que el FBI puso a su cabeza: 15 millones de dólares.

La última semana, actuando en conjunto, agentes norteamericanos y canadienses realizaron más de diez detenciones, para estrechar el círculo alrededor suyo y reunir testimonios que develen el verdadero entramado de la organización y que comprometan aún más al líder.

Una de las capturas más impactantes de estos últimos días fue la Deepak Balwant Paradkar, el abogado personal de Wedding. Se comprobó la participación de Paradkar en varios de delitos relacionados con el grupo narco y que sus acciones excedieron en mucho la relación defensor-cliente.

Esos servicios no eran jurídicos. Eran abiertamente ilegales. Está probado que Paradkar fue quien aconsejó que el testigo fuera asesinado en Medellín así se evitaba que fuera deportado y su testimonio quedaba anulado, no podía presentarse en un eventual juicio oral. Una estrategia defensiva drástica y algo peculiar.

Otra medida fue la de incautar un súper auto, un Mercedez Benz de 13 millones de dólares. Apenas se enteró de su existencia, por la desmesura del vehículo, el FBI supuso que algo turbio había detrás. Descartada la posibilidad de que se tratara del vehículo de una súper estrella de la música o de alguna celebridad exhibicionista, la intuición los llevó a sospechar de Wedding y no se equivocaron. El auto era suyo, era la concreción de un antiguo capricho; aunque pudo disfrutar poco de él porque debe permanecer escondido para no ser detenido y pasar el resto de su vida en la cárcel.

Los investigadores tienen la convicción de que Wedding está escondido en algún lugar de México y que cuenta con la protección de uno de sus grandes socios: el Cártel de Sinaloa.

El origen de su imperio
Ryan Wedding era un deportista natural, de esos chicos que se destacan en cualquier deporte que encaren. Wedding se lucía especialmente en los que tenían algún riesgo o en los de contacto físico. Mountain bike, motocross, rugby, fútbol americano, lucha.

Como su abuelo tenía un resort de ski también mostró sus habilidades en los deportes de nieve. Enseguida mostró su habilidad para el snowboarding. Fue elegido para los equipos nacionales de Canadá. En 2001 salió subcampeón mundial juvenil. Al año siguiente compitió en los Juegos Olímpicos de Salt Lake City. Su actuación en la gran cita fue opaca. Muchos creen que ya estaba envuelto en el mundo de la droga. Después de su participación olímpica se retiró de la actividad pese a su juventud y el futuro promisorio.

Fue a la universidad en Vancouver. Allí duró sólo un año y medio. Se dedicó al fisicoculturismo transformando radicalmente su cuerpo. Su trabajo principal en esos años fue el de patovica en los clubes nocturnos más exclusivos de la ciudad. Allí conoció a muchos personajes de la noche que luego le servirán para sus futuros negocios. Abandonó los estudios y el trabajo de bouncer para dedicarse a cultivar y vender marihuana.

Le pidió al padre un préstamo de 25.000 dólares para iniciar un negocio (no especificó cuál). Al poco tiempo, Wedding vestía como un rapero: ropa de marca, zapatillas exclusivas y muchas joyas valiosas colgando de su cuello, de sus muñecas y dedos. Tenía, también, una Maserati y un BMW. El salto en su ritmo de vida había sido sideral e inexplicable para alguien que se ganaba la vida cuidando la puerta de un boliche nocturno.

La policía tuvo la primera pista cuando descubrió que en una granja de Vancouver había un consumo de luz excepcional. Al allanar descubrieron un enorme galpón que resguardaba una plantación de marihuana que valía más de 10 millones de dólares. En el lugar había también un arsenal: decenas de armas y muchas cajas de municiones. Se sabía que quien manejaba esa operación era Ryan Wedding pero no pudieron detenerlo porque no lo encontraron en el galpón y el allanamiento fracasó en hallar documentos que lo incriminaran. Esa fue la primera muestra de su capacidad de elusión, de que atraparlo no sería sencillo.

De allí, junto a prestamistas iraníes y mafiosos rusos, pasó a comercializar cocaína. Su negocio tenía doble base: California y Canadá. En 2008 cerró la venta de un cargamento de cocaína en San Diego. Cuando descansaba en el hotel con el botín, la policía allanó el lugar. Lo habían engañado, el comprador era un agente encubierto. Fue detenido y llevado a juicio. Allí se negó a declarar pero sí dio sus palabras finales antes del veredicto. Compungido, logró conmover al juez. Dijo que se había equivocado, que había perdido el rumbo, que al dejar el deporte no supo bien qué hacer con su tiempo y que las malas compañías lo habían perjudicado. Pero que él veía ese juicio como el comienzo de algo nuevo, como una oportunidad para cambiar y retomar la buena senda. El discurso fue efectivo. La sentencia fue leve y pasó menos de dos años en prisión.

Fue deportado a Canadá al finalizar la condena. Apenas regresó demostró que sus propósitos de enmienda eran falsos. Retomó el liderazgo en las operaciones de narcotráfico y multiplicó su imperio. Su ritmo de vida era fastuoso pero a nadie parecía sorprenderle el nivel de gastos, los lujos en su mansión, los autos importados pese a que Wedding no tenía trabajo formal conocido.

Su organización tiene contactos, relaciones y negocios con los grupos criminales más importantes y peligrosos del mundo: las bandas de ex agentes de la KGB, expertos iraníes en la pesquisa de datos encriptados, Hezbollah y el Cártel de Sinaloa. La expansión en los últimos años fue evidente y parece controlar gran parte del negocio de la cocaína, heroína y fentanilo de Canadá y buena parte de Estados Unidos.

Uno de los signos de Wedding, además de su ambición, es la violencia extrema. No duda en mandar a matar a quien no cumpla con lo pactado, a quien se le oponga, al que no acepte trabajar con él o simplemente al que le cae mal. Sus sicarios dejaron en estos últimos años un tendal de cadáveres. Uno de los casos que más repercusión tuvo fue el de una pareja hindú de unos cincuenta años que fue acribillada a quemarropa en su casa californiana. Ninguno de los miembros de la pareja había estado alguna vez relacionado con el narcotráfico. Simplemente habían comprado la casa unas semanas antes. El anterior ocupante era con el que Wedding tenía cuentas pendientes. La información atrasada y las ansías por matar se tomaron como víctima a ese matrimonio inocente.

Wedding tiene varios apodos. Ninguno deja dudas de su modo de actuar ni de su lugar en el grupo narco: El Jefe, Enemigo Público, El Gigante.

La cúpula de su organización es multicultural; fue reclutando secuaces de diferentes partes del mundo: mafiosos rusos, algunos dealers de la Florida, un hindú dueño de una flota de camiones, criminales paquistaníes. Su mano derecha fue durante mucho tiempo su amigo de la infancia Andrew Clark, al que apodaban El Dictador. Clark fue detenido a fines del año pasado. Pese a la caída del segundo, la organización mantuvo su nivel de negocios, crueldad y asesinatos. Wedding continúa activo y al mando de su guarida.

El organigrama mostrado por el FBI se fue llenando de cruces sobre las caras. Ya gran parte de los principales jefes han sido detenidos. Canadienses, iraníes, hindúes, mexicanos, colombianos. Wedding, por el momento, sigue libre.