El psiquiatra y neurólogo Enrique DeRosa advirtió sobre el impacto post pandemia en la salud mental, el aumento de suicidios en jóvenes y la falta de respuestas integrales ante un fenómeno que, según señaló, “tiene múltiples causas y no reconoce soluciones parciales”.

El psiquiatra y neurólogo Enrique DeRosa analizó el crecimiento de la violencia social y escolar y sostuvo que el principal problema es que se reacciona únicamente ante hechos extremos, sin abordar las causas de fondo: “La violencia, el suicidio, el estado mental post pandemia no reconoce los límites de las rotativas. La realidad tiene una dinámica propia”.
En diálogo con la 99.9, remarcó que “estos temas aparecen en agenda cuando ocurre un episodio emergente y después se tapan con otra noticia”, lo que impide generar políticas sostenidas: “Mientras estamos hablando de otra cosa, los casos siguen. Esa es la dificultad”.
Para DeRosa, el fenómeno debe analizarse desde una mirada integral: “Uno podría hablar de los factores sociales, de la droga, de la ausencia de normas, del rol de los padres, pero cuando se abordan por separado, ignorando los otros, no se llega a respuestas claras”. En ese sentido, fue crítico: “Somos todos comentaristas de la realidad, incluso quienes tienen la función de ocuparse de esto”.
El especialista alertó además sobre el fuerte incremento de los suicidios en jóvenes: “Una forma de violencia es la dirigida hacia uno mismo. Los suicidios en la población infanto-juvenil han aumentado de manera pavorosa post pandemia”. Y agregó que este escenario se replica en distintas ciudades del país, con un crecimiento sostenido del consumo de drogas y problemáticas de salud mental.
También cuestionó la implementación de la normativa vigente en salud mental: “La ley no es necesariamente mala, el problema es el sesgo ideológico con el que se aplica, que parte de la idea de que la intervención psiquiátrica implica privación de la libertad”. Según explicó, esto genera dificultades concretas: “Hoy tenemos enormes problemas para internar pacientes cuando es necesario”.
En relación a los episodios de violencia recientes, DeRosa rechazó la idea de que sean hechos aislados: “No es inesperado, pasa todos los días. La única diferencia es que algunos terminan en muerte y otros no, muchas veces por azar”. Incluso recordó su participación en el análisis de casos como el de Fernando Báez Sosa: “Esa misma semana hubo muchos episodios similares que no tuvieron ese desenlace”.
Otro aspecto que destacó es la falta de intervención social ante situaciones de violencia: “Esto de que la gente filma y no interviene está estudiado, es el ‘efecto espectador’. Hay muchísima literatura sobre estos fenómenos, el problema es que no se aplica ese conocimiento”.
En esa línea, vinculó distintos fenómenos cotidianos bajo un mismo concepto: “La siniestralidad vial, los suicidios, la gente en situación de calle, todo eso es violencia. Si no lo entendemos de manera global, las respuestas van a ser parciales e inaplicables”.
Finalmente, advirtió sobre una crisis más profunda vinculada al sentido de la vida en la sociedad actual: “Si banalizamos la vida y perdemos cualquier anclaje, todo se vuelve efímero, incluso nuestra propia existencia”. Y concluyó con una imagen contundente: “Esto no es un agujero en el sistema, es un colador de conceptos”.