Gustavo Lima y un dolor que no termina: “El bullying no se va nunca, siempre está”

Gustavo Lima, abuelo de Alana y Leila, las hermanas marplatenses atravesadas por una tragedia en España, habló sobre el presente de su nieta, el peso del dolor y la persistencia del acoso: “A veces decir que está bien es una palabra muy grande”.

A meses del hecho que conmocionó a la comunidad marplatense y tuvo repercusión internacional, Gustavo Lima, abuelo de las hermanas Alana y Leila, compartió en la 99.9 cómo continúa la vida tras la tragedia ocurrida en Cataluña. Con una mezcla de serenidad y dolor, describió el presente de su nieta sobreviviente y dejó una reflexión contundente sobre el bullying y sus consecuencias.

“Bien, dentro de todo bien. A veces decir ‘bien’ es una palabra muy grande como para llenar uno. Después de estas situaciones no queda bien. Es la realidad. La vida sigue”, expresó al ser consultado sobre el estado de Leila, hoy de 16 años.

La adolescente continúa su proceso en Argentina, asistiendo a la escuela y con acompañamiento psicológico: “Va a la escuela, está asistida una vez por semana al psicólogo”, detalló su abuelo, marcando la importancia del seguimiento profesional en una etapa especialmente compleja.

El contexto que derivó en la tragedia tuvo múltiples factores, aunque Lima fue claro en señalar el rol central del acoso escolar: “Más que nada le hacían bullying porque hablaban en argentino, les era difícil el catalán. El bullying que pasó era un conjunto de cosas”.

Sobre el devenir judicial en España, indicó que “en el caso creo que fue de dos años, lo llamaron y lo archivaron”, evidenciando su frustración ante la falta de respuestas. “El consulado trató de que no se cierre, pero bueno, las leyes allá se ve que son parecidas acá”, agregó.

En cuanto al presente emocional de Leila, explicó que el dolor sigue siendo difícil de abordar: “No habla mucho. Hablar de eso es recordar, y recordar es doloroso”. Sin embargo, destacó algunos avances en su vida cotidiana: “Encontró sus compañeritos, tiene su grupito de amigos, van a casa. Eso es genial”.

A pesar de ello, el problema del acoso no desapareció. “Hace dos o tres meses hay uno de los chicos que hace daño… burlándose por lo que le pasó allá. Eso es bullying también”, relató, visiblemente afectado. Y agregó: “Esto del bullying parece que no terminara más. Es como que no haya guerra”.

El testimonio de Lima se vuelve aún más potente cuando lo vincula con su propia historia personal: “Yo lo sufrí desde el preescolar… y todavía me acuerdo los nombres de los que me pegaban”. Recordó que incluso fue malinterpretado por docentes: “Decían que capaz era yo, que era autista, porque no hablaba, no tenía amigos”.

Esa experiencia lo llevó a una conclusión que atraviesa generaciones: “Eso es el bullying. Yo no reaccioné como reaccionan otros chicos, pero queda para siempre”. Y añadió: “Después del tercer grado no sufrí más porque me cambiaron de colegio, pero en la secundaria otra vez lo empecé a sufrir”.

Finalmente, dejó una reflexión que resume el drama de muchas familias: “También dicen ‘son chicos, no pasa nada’. Eso lo escuché siempre. Pero sí pasa, y deja marcas”.

Mientras Leila intenta reconstruir su vida, el relato de su abuelo expone con crudeza una problemática que, lejos de ser nueva, sigue vigente y, en muchos casos, sin respuestas efectivas.